miércoles, 3 de abril de 2024
martes, 2 de abril de 2024
lunes, 1 de abril de 2024
miércoles, 27 de marzo de 2024
sábado, 23 de marzo de 2024
SANGRE CALIENTE (Análisis del vídeo de Kiko Rivera)
Si no habéis visto ni oído el tema y no sabéis quién es Kiko Rivera, mejor para vosotros, creedme.
Eleanore
Después de pasar los últimos años encerrado en los mejores estudios de grabación de Miami y Sanchinarro, el genial compositor, intérprete y cantante Francisco Rivera Pantoja – más conocido como el jilguero del Skorpia – ha presentado su último trabajo discográfico. O, en sus propias palabras, “mi nuevo zínguel”.
Se ve en este trabajo la madurez musical de un artista que, a pesar de tener el oído de una cacatúa con sífilis, ha sabido desenvolverse en un estilo tan complejo y rico en matices como es el Reguetón, que incluye éxitos de la calidad de “Pam pam”, “Atrévete te te”, “Métele sazón”, “Calentura” o “Pa que retocen”.
El vídeo musical – grabado en un salón de bodas de un polígono industrial – narra magistralmente la dramática historia de unos vampiros adictos al calimocho. El reparto lo forman familiares y compañeros de logopedia del propio artista, a los cuales, para caracterizarlos como seres tenebrosos, les han incrustado en la boca los dientes del burro de Shrek. A todos excepto a la hermana de Kiko Rivera, que acudió al rodaje con sus propias fauces. Completan ese reparto varios drogadictos tirados en un sofá y gente que levanta las manos.
Es importante en este punto fijarse en la cámara lenta, que dota de dramatismo a la narración durante todo el vídeo. La hermana de Paquirrín, que se ha puesto de granadina hasta la chominola, va por la pista como una ardilla borracha mordiendo hasta los altavoces, pero siempre a cámara lenta. Por eso es cultura.
Para poder comunicar la profundidad de sus inquietudes artísticas, Francisco ha optado por una indumentaria elegante pero inconformista compuesta por varias camisas de flores cerradas al vacío, una boina de cuero que apenas le abarca el cráneo y los pantalones por dentro de las alpargatas por si chispea. Un guiño del intérprete a los pijamas que usan los osos en los circos rusos. El resultado final es como ponerle una gorra a una albóndiga. Y es que la cara de Kiko, equivalente a pintarle ojos y bigote a un glande, posee una versatilidad desconocida hasta ahora. Las gafas de pollito aviador cierran un conjunto redondo.
Podemos observar que, a pesar de la cuidada producción – que incluye elementos ambientales como humo por el suelo, alfombras en las paredes o dioses hindúes de corchopán -, la fuerza expresiva recae casi enteramente sobre el genial intérprete, que utiliza aquí todo su repertorio gestual: sentarse, recostarse y tumbarse. Francisco Rivera, consciente de su belleza bovina, coquetea así constantemente con la cámara y seduce a la audiencia.
Por ejemplo, mientras canta se toca la barbilla y mira al suelo en un gesto de sabiduría grecolatina, como si estuviera buscando un euro. Igualmente, cuando va a decir algo importante, como “los corasones se aseleran”, mira a la cámara y señala al espectador para hacerle cómplice de la relevancia del momento. Todos esos recursos interpretativos los acompaña de una coreografía en la que mueve los brazos como un orangután encima de una carretilla.
Para apoyar al cantante se ha seleccionado un ballet compuesto por tres señoritas con tacones y un bañador que se les pega al pionono y les marca toda la galleta de la suerte. Sofisticado y sutil. Estas muchachas se dedican principalmente a “perrear”, pudiendo definirse el “perreo”, para quienes lo desconozcan, como la secuencia de movimientos que hace un mono oligofrénico cuando le pica el escroto.
Centrándonos ahora en la música, Kiko se vale de su genialidad como compositor y de su amplísimo conocimiento musical para crear un sempiterno ritmo de tresillo 3-3-2 (utilizado en todas las canciones de reguetón) orquestado por unas trompetillas de coches de choque. Tal conjunto melódico y armónico hace las delicias de cualquier suficiente mental.
Aunque el auténtico valor de la composición no reside en su música, sino en las sutilezas líricas de la letra, que bien pueden recordar a aquellos versos del “electrolatino” que rezan: “ese man es hiueputa gonorrea”. Una letra que el autor ha tenido la audacia de rimar con gerundios con la destreza con la que un delfín da volteretas. Deleitémonos con algunos pasajes:
Un nivel así de enjundia narrativa y una profusión tal de matices sólo son posibles cuando buscas la inspiración en una clínica de venéreas de Guatemala.
Pero Francisco guarda lo mejor para el final. Un último golpe maestro de efecto. Un desenlace inesperado donde descubrimos que todo ha sido un sueño, una fantasía onírica provocada por la ingesta, por parte de Kiko Rivera, de dos cubos de gazpacho con dos pajitas. Un Deus ex machina que deshace el entuerto vampírico como Sófocles hiciera en su Filoctetes. Pero esta vez con Pakirrín despanzurrado en un colchón como un escombro charcutero.
Con esta obra de arte, Francisco Rivera Pantoja viene a satisfacer la urgente necesidad que tenía España de música de calidad. Ya que desde el “Pégate” de la soberbia cantante, actriz y comunicadora social “la Ylenia”, el panorama musical español estaba huérfano de lirismo.
Ángel Sanchidrián
miércoles, 20 de marzo de 2024
LA CIGARRA Y LA HORMIGA (Final alternativo. Versión del entomólogo)
Érase una vez una cigarra, la Ylenia, que se pasaba el día tocándose el corchopán en el parque. La cigarra Ylenia no quería terminar la ESO ni llevar un currículo al Bershka para una media jornada. Ella sólo quería perreo y calimocho. Por la mañana se pintaba la raya del ojo hasta el hueso occipital, se ponía unos pendientes como los columpios de dos cacatúas y no volvía a casa hasta la hora de la cena.
Siempre estaba con su novio, el grillo Lenin Báiron, que era filósofo callejero y compositor de reguetón. En su Facebook ponía que había estudiado en la universidad de la vida. También había compuesto un tema, el “cri, cri, sabrosura”, que la Ylenia bailaba perreando en una maceta dando palmas con los leggins.
Un día estaba la Ylenia tumbada en el césped, escuchando al Daddy Yankee en el móvil sin auriculares, cuando pasó frente a ella una hormiga que volvía agotada a su casa después de una dura jornada de trabajo.
La hormiguita siguió caminando hacia su casa pensando que si esa tenía que pagarle la pensión en un futuro, lo llevaba claro, y que más le valía ponerse a ahorrar para su jubilación.
Así continuaron las cosas durante meses. Cada vez que la cigarra Ylenia la veía volver a casa después del trabajo, se reía de ella, le tiraba las cáscaras de pipa y le azuzaba al rottweiler.
Entonces, un día de invierno en que la hormiga estaba pasando frío en su casa porque no le llegaba el sueldo para poner la calefacción, la cigarra llamó a su puerta.
Y la hormiguita se quedó con cara de paisaje con fuente, frotándose las manos heladas en su minúsculo hormiguero.
Moraleja: no haber estudiado.
-Ángel Sanchidrián
La otra versión la tenéis aquí:
https://universodeloslocos.blogspot.com/2024/03/la-cigarra-y-la-hormiga.html