
Originario
de Europa es un arbusto o árbol de forma ancha y extendida, con
corteza agrietada. Sus flores son blancas con cinco pétalos y largos
estambres que florecen en Abril o Mayo, agrupadas en inflorescencias
densas. Su hoja es caduca, alterna, lobulada y dentada, perteneciendo
a la familia de las rosáceas. El majuelo o espino albar crece en
praderas que no se siegan formando espesuras. Vive en las pendientes
pedregosas de las montañas. Prefiere los suelos frescos, sueltos,
arcillosos y nutritivos, aunque tolera los pobres y pedregosos
siempre que sean permeables. Se le puede ver de forma aislada, aunque
en algunas ocasiones se le encuentra formando rodales. Se encuentra
en las regiones húmedas desde el nivel del mar hasta la alta
montaña. Pueden vivir hasta 500 años y puede alcanzar desde 4 hasta
10 metros de altura. Existen demasiadas especies de espino albar como
para enumerarlas, pues se calculan en más de un millar. Consecuencia
de su variabilidad morfológica se han descrito varias subespecies,
concretamente en España tenemos la subespecie brevispina y azarella.
Otra
variedad de espino albar conocida es el acerolo, que se ha extendido
su cultivo por el fruto en la zona Mediterránea, hallándose
asilvestrado en algunos puntos de Cataluña. En
España se ubica en casi toda la península, especialmente en Navarra
y País Vasco.
Su
consumo se conoce desde la Prehistoria. Sus
frutos o majuelas se utilizaron en Europa para obtener una harina con
la que elaborar una especie de pan, teniendo como base la harina que
se extrae de los frutos secos. Crudos
son ácidos pero mejora conforme avanza la estación y las heladas
terminan madurándolo, los cuales fructifican entre los meses de
Septiembre y Octubre, del calendario gregoriano. Sus hojas tiernas y
las flores antes de abrirse son estupendas en ensaladas con un sabor
parecido a la nuez. Florece de forma explosiva, en los meses del
Sauce y de su propio nombre, llenando el aire de un aroma intenso y
agradable pero se vuelve desagradable cuando marchita. Sus flores
brotan en los extremos de las ramas en racimos que atraen a muchos
insectos lo que hace del majuelo un Universo de vida. Su madera es
bastante dura y suele usarse para trabajos de tornería. Su corteza
es tóxica, aunque no se conocen casos de envenenamiento. El
muérdago, encuentra también aquí alimento y sostén.
Propiedades
terapéuticas: En cuanto a sus propiedades curativas cabe decir, que
su historia terapéutica es bastante reciente, sus propiedades sólo
fueron descubiertas a finales del siglo XIX. Es buen tónico para el
corazón en casos de taquicardia o arritmia. Favorece la irrigación
sanguínea, regula la tensión arterial. Se recomienda en caso de
angina de pecho, Arteriosclerosis y son sus flores las más
utilizadas para los tratamientos del aparato circulatorio.
Sobre
el sistema nervioso actúa como antiespasmódico y tranquilizante y
es eficaz es caso de insomnio de origen nervioso, para estos fines se
emplea en infusión. La receta podría ser la siguiente: Una
cucharada sopera de flores por taza de agua, y se toma de 2 a 3 tazas
diarias durante un mes. Cuando se usan los frutos se cuecen durante
15 minutos y se emplea en igual dosis. Estas propiedades se deben a
los flavonoides que contienen, los ésteres y los triterpenos
presentes en la planta.
Nuestro
Majuelo
El
espíritu de un hada nívea mora en el interior de cada Majuelo, pues
forma parte de la tríada de árboles consagrados a las hadas:
Fresno, Espino y Roble, y se decía antiguamente que el paraje que
poseía los tres árboles juntos, era seguro que se mostrarían las
hadas. La blanca belleza de estas hadas, es custodiada con
puntiagudas lanzas que son sus afiladas espinas.
Si
nos atrae su desnudez sólo podremos contemplarla en una breve
temporada cuando acabe el invierno. En primavera volverá a lucir un
luminoso encaje de blancura encumbrada, realzado por el verde
atenuado de sus nuevas hojas. En verano madura su lozanía verdosa
que se vuelve más oscura para engalanarse con un rojo encendido en
su firme paso hacia el otoño. Cuando sus hojas mueren y el ciclo
anual finaliza, el espíritu del hada permanece latiendo en sus
pequeños frutos esféricos de rojo oscuro. Es el espino albar
humilde en su función en la espesura y el seto, humilde es el porte
de este arbusto y, sin embargo, no hay mejor visión cuando los
inviernos recrudecen y la nieva impera en las praderas que la de ver
sus llamativos y diminutos frutos, que nos recuerdan al fuego de la
vida, cuando ya todos los fuegos han desaparecido. Nuestro arbusto
amigo nos tiende en esta época de clima helado y tierras gélidas su
fruto o majuela de rojo vestida. Su abundante fructificación es
alimento de los pueblos alados tanto de aves como insectos y no sólo
por el alimento que proporciona sino también por el refugio y
empalizada que ofrece como resguardo seguro gracias a sus espinas. Su
presencia en los días de tormenta tiene la facultad de alejar al
rayo y junto a él, la protección contra este, está asegurada.
Estamos
ante el 6 mes arbóreo del calendario celta, asociado en el alfabeto
Ogham con la letra H, como sonido aspirado. Este mes denominado Uath
abarca los días desde el 13
de mayo al 9 de junio del calendario gregoriano.
Este nombre celta se puede relacionar con la palabra Uathach, que
significa espectro, que era a su vez el nombre de una hija de
Scathach, la gran reina guerrera que entrenó al héroe Cuchulain en
sus habilidades combativas, así como en las artes amatorias.
Tras
la Fiesta de Beltane, donde ya hemos dejado atrás los ritos de
júbilo y desenfreno para perpetuar la fertilidad de la Tierra, se
nos hace necesario un tiempo de sosiego, una contención del brío
para sujetar las energías liberadas, vitales y elementales a las que
se rindió culto en aquellos días beltánicos. El sol, símbolo
vital que nos inunda con sus rayos vivificadores cada vez más
potentes, ya está preparado para ejercer su notable influencia. Por
ello nuestras tribus deben canalizar sus energías para el trabajo
que aún queda por hacer, antiguamente labrando los campos,
avituallando a la tribu y actualmente para centrarnos y desarrollar
con todas nuestras energías aquellos proyectos que gestamos en
Invierno que puedan redundar en beneficio de nuestras Tribus. Es
un tiempo de fortalecimiento.
Los
druidas de antaño utilizaban sus propiedades para fortalecer el
ajado cuerpo de los ancianos de la tribu. Pues nuestro espino es
carismático y su energía nos aporta improvisación y el baluarte
para desarrollar las viejas ideas, con un aire de primicia. Es sin
duda un árbol que posee talentos múltiples y nos enseña a
adaptarnos fácilmente a cualquier cambio que surja en nuestras
vidas. Sus energías creativas hacen que los bardos se muestren más
creativos y más espontáneos a la hora de comunicarse a cualquier
nivel. Las características del espino nos otorgan confianza para
poder incluso inspirar a otras personas en la senda bárdica.