Las brujas utilizan muchos recursos para hacer más profunda su conexión espiritual y el entendimiento intelectual de sus prácticas mágicas. Así, por ejemplo, pueden leer acerca de otras religiones, o sobre salud holística o sobre mitología. Aparte de estos recursos, hay muchos más que pueden enriquecer los conocimientos de una bruja, y uno de esos recursos frecuentemente olvidado es la filosofía. La filosofía puede serles muy útil a las brujas, porque los filósofos han explorado un gran número de conceptos abstractos. Entre esos temas investigados por los filósofos está la noción de causalidad.
Una de las enseñanzas más comunes respecto al trabajo mágico afirma que uno no debería intentar dirigir la energía liberada por un hechizo de forma estricta. Esta práctica se sigue al pie de la letra porque el intentarlo significaría tanto el limitar el curso de la energía hacia la meta deseada como, a lo mejor, provocar resultados no deseados que no fueron previstos por el mago o la bruja. Sin embargo, esto no implica que los estudiantes de magia no deban estudiar y comprender mejor la idea de causalidad.
Además, conocer la causalidad es importante para las brujas: el concepto de magia, ya sea en forma de hechizos o de rituales, se basa mucho en el concepto de causalidad. Muchos libros de brujería dan una explicación sencilla y clara sobre qué es la causalidad: decide qué es lo que quieres, enfoca tu energía hacia esa finalidad, libera la energía y permite que la Naturaleza siga su curso. Pero, puesto que la causalidad es tan vital en el proceso de la magia. ¿Por qué no la estudiamos más profundamente?
Si alguna vez has estudiado algo de filosofía, aunque sea a un nivel muy básico, probablemente habrás oído hablar de un filósofo llamado David Hume. Una de sus ideas más famosas era que las personas no tenemos pruebas razonables de que la causa y el efecto existan. Puesto que realmente no podemos ver el efecto que provoca un acontecimiento sobre otro –afirmaba Hume- no podemos tampoco argumentar que una cosa haya provocado un efecto en alguna otra. Básicamente, Hume argumentaba que la causalidad es simplemente algo que se inventa nuestra mente, en lugar de ser algo que existe en la realidad.
Esta forma de razonar no sólo frustra a las brujas, sino también a muchos filósofos. Uno de estos filósofos fue Emmanuel Kant, quien afirmó que cualquier acontecimiento era el resultado natural de una causa y que no tenía porque estar ligado a esa causa por algo visible. Su punto de vista era que las leyes de la causalidad deben existir para regular los acontecimientos naturales.
Y toda esta divagación filosófica ¿qué tiene que ver con la práctica de la magia?
A diferencia de la filosofía de Hume, la filosofía de la Brujería enseña que la persona no tiene necesariamente que ver el efecto de algo para saber que ese efecto existe. Entendemos la causalidad como algo que debe ocurrir y, en efecto, ocurre. Asimismo, la causalidad existe no solo respecto a la magia, sino en toda nuestra existencia cotidiana. La causalidad, además, actúa a muchos niveles, desde las leyes físicas que afectan a todas las cosas a las leyes económicas y sociales que sólo funcionan en ciertas áreas o respecto a ciertas personas.
En la vida cotidiana, la gente se fía de la consistencia de los resultados de sus acciones para así determinar qué podrán hacer en el futuro para obtener los resultados que desean. De forma parecida, las brujas comparan los resultados de un acto mágico con los resultados mediante actos mágicos parecidos para determinar si existe o no coherencia. Las brujas con experiencia insisten a las que acaban de iniciarse en la brujería que registren por escrito estas comparaciones (y también cuál era el acto mágico realizado) en un Libro de las Sombras. Las brujas ya experimentadas saben que esa colección de registros detallados que muestran qué se hizo y cuáles fueron los resultados, les ayudará a decidir qué acción mágica deberán realizar para hacer que suceda algo concreto.
Esencialmente, esta práctica tiene como finalidad ayudar a las brujas a comprender cómo la causa y el efecto operan en el reino de la magia. Sin entender eso, la magia no tendría defensa alguna, sería meramente una recopilación de supersticiones. Para muchas brujas con experiencia, un acto mágico está basado en la experiencia obtenida en los anteriores actos mágicos. Los hechizos que las brujas con experiencia transmiten a las nuevas brujas son aquellos que han funcionado. Y los nuevos hechizos se crean gracias al conocimiento de lo que ha funcionado en el pasado. Las brujas utilizan estas informaciones para crear los hechizos apropiados para circunstancias que, previamente, no habían sucedido.
Las brujas siempre deben tener cuidado al identificar qué aspectos de su magia han provocado los resultados que siguieron al acto mágico en sí mismo. ¿Fue una acción en concreto o una combinación de acciones? ¿Qué aspecto del momento, de la posición pudo haber causado esos resultados? Éstas son las preguntas que las brujas han aprendido a hacerse a sí mismas puesto que las respuestas las ayudarán a comprender la clave para crear similares resultados con un acto mágico futuro.
Utilizando esos registros que contiene el Libro de las Sombras, una bruja también puede determinar qué parte o aspecto de un acto mágico no ha afectado el resultado de ese acto. Y esto es útil porque una bruja tal vez desee realizar un acto mágico sencillo (porque en ese momento no es posible realizar un acto complicado, o porque no lo desea hacer) y así podrá realizar únicamente las acciones que sean absolutamente necesarias.
Además de la magia, la causalidad es también importante para las brujas, porque ellas creen en la Ley del Tres. Esta norma también es conocida por el nombre de Regla del Tres o Ley del Triple Retorno; este concepto afirma que cualquier acción realizada vuelve triplicada a quien la realizó. Este concepto se aplica no sólo a los actos mágicos, sino también a las acciones que realizamos todos los días. El apego que las brujas sienten hacia la Ley del Tres las convierte en personas muy conscientes de la causalidad.
En el ámbito ético, tomar conciencia de la Ley del Tres motiva a la gente a hacer el bien, en lugar del mal. Y respecto a nuestra preocupación por la causalidad, tomar conciencia de la Ley del Tres es tener siempre en la mente este concepto dado que la persona deberá ser consciente de que cualquier cosa que haga puede provocar que no mismo esté en el punto de mira de una acción similar. La Ley del Tres promueve que comprendamos la causalidad porque hace que veamos de forma más directa sus efectos.
Los actos mágicos y la Ley del Tres utilizan la causalidad de modos diferentes. Con la magia, la persona realiza unas acciones rituales que provocan un resultado que no está directamente relacionado con lo que era la acción en sí misma. Una bruja puede encender una vela con la intención de aumentar sus posibilidades de éxito; de todos modos, a menos que la intención sea clara y esté bien dirigida, encender una vela no garantiza el éxito. Si un brujo o ruja desea incrementar las posibilidades de éxito, utilizando la Ley del Tres, él o ella deberán realizar unas acciones que estén directamente relacionadas con la consecución de ese éxito, ya haga estas acciones en beneficio propio o en beneficio de otras personas.
La causalidad es una parte integral de la conciencia de una bruja, y no importa si esta bruja es consciente o no del concepto y de lo que significa. La causalidad está “afectando” toda la vida de una bruja, ya sea en sus acciones cotidianas, a través de la Ley del Tres, o en sus acciones mágicas. Aunque David Hume pueda argumentar que no podemos probar que la causalidad exista, él mismo dijo que lo mejor para los seres humanos es asumir que existe, porque, de lo contrario, nuestras ideas sobre el funcionamiento del mundo no servirían. Tal vez la prueba científica de la causa y del efecto no dejó satisfecho a Hume, pero para todos los que creemos en la magia, la causa y el efecto están presentes de forma innegable en cada aspecto de la vida.
Julianna Yau
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