lunes, 15 de abril de 2024

ME HE APUNTADO AL GIMNASIO MUNICIPAL CON LA MARCE

Me he apuntado al gimnasio municipal con la Marce, que nos hacen descuento. Manolo no viene porque dice que está hecho un toro. Esta mañana se ha subido a la báscula y me ha dicho “mira, de cero a cien en dos segundos, como un Ferrari”. Discutir con este hombre es como hacerle cosquillas a un alemán. Yo ya no le digo nada.

Nos vamos las dos solas. Mientras la espero en la calle la estoy viendo venir de lejos y parece el cojín de una gitana. La madre que la parió el chándal que me trae. Enfilamos calle arriba y llegamos al gimnasio. Qué tufo a choto.

Cuando nos han enseñado las instalaciones nos metemos en clase de Taichí. Dice el profesor que vamos a empezar estirando, que nos toquemos los pies con la punta de los dedos. A la que nos agachamos a la Marce se le escapa un cuesco de los que van con salsa, hasta las moscas le aplauden, pero ella no se pone roja ni nada. Se incorpora y dice “eso pal que barre”. Marcelina es un espíritu libre.

Por fin empieza lo que es el cunfú. El profesor hace cosas raras con las manos, como si estuviera andando a oscuras por casa buscando el interruptor de la luz. De repente me mira y mueve los brazos en círculo, que yo supongo que eso será una invitación al combate, así que suelto la pierna hacia delante. A mí nadie me había explicado que en Taichí no se pegan patadas en los cojones. Qué angustia el pobre, ahí en el suelo retorciéndose. Se forma a su alrededor un círculo de alumnas que le observan y comentan.

- Dejadle respirar, que le estáis atosigando
- Yo creo que está pidiendo agua
- A ver si es que le has dado en el hueso de la risa…
- Pues dicen que una patada ahí duele como un cólico frenético, que lo tuvo Eusebio, el del estanco

La clase se ha terminado por hoy, pero han sido cinco minutos muy bien aprovechados, el Taichí relaja mucho. Por lo menos yo me he quedado muy a gusto. Y como se han tenido que llevar al profesor entre dos al vestuario, han adelantado la clase de Zumba Fitness, que también nos hemos apuntado, aunque la Marce dice que a ella el cuerpo le pide que le den sólo zumba, sin fitness. Esta mujer…

Resulta que a esto se ha apuntado también María Dominga. Yo la conozco del bingo de los jueves pero nunca he hablado con ella, aunque cada vez que canta línea le da un puñetazo a la mesa que me saltan todas las fichas y ya no sé qué números han salido. Le pone mucha pasión a todo: al bingo, a los portazos que da, a meter el puño en el café para mojar la porra, a fostiarte el brazo mientras te habla.

La monitora lleva unas mallas que se le marcan hasta las picaduras de mosquito. Cuando se agacha se le debe rizar el pelo de la nuca. Nos pone una canción a todo volumen de estas que escuchan ahora los jóvenes que han venido nuevos con la gorra de lado, una que dice “dale mamita, lo rompe, lo gosa, que tu papi te da su poronga golosa” o algo así, y luego “hiueputa, gonorrea”, creo. La profesora baila como si estuviera enfadada y hace como que se da azotes a sí misma mientras nos grita.

- ¡Vamos! ¡Dale! ¡VENGA TODAS! ¡Más fuerte, venga todas ya! ¡Arriba, una vez más! ¡Arriba, abajo, arriba, abajo!

Ahora mismo tengo una teta en el hombro y otra debajo del brazo, me las voy a traumatizar. A mi lado María Dominga, por cómo suena, se está dando los azotes de verdad. Va a despellejarse el muslo. Qué pasión la de esta mujer, no me cansaré de decirlo. Las demás ya vamos cada una por nuestro lado porque a la loca esa no hay quien la siga. Tiene a una que a la segunda flexión ya se ha quedado en el suelo, las de la última fila van tres o cuatro pasos de baile retrasadas, la Marce está pegada a la cristalera haciendo gestos a los chavales que hacen pesas y yo estoy escojonadita de dar saltos. Cuando se acaba la música no queda una en pie, qué escabechina.

Creo que mejor me ducho en casa con tal de salir de aquí cuanto antes. La Marce va tan fresca porque se ha pasado la Zumba a sus cosas, acosando a chiquines, pero yo voy andando medio despatarrada sin poder ni doblar las rodillas. Me va a costar a mí esto de ponerme en forma.

Ángel Sanchidrián en su libro "50 sombras de Luisi"

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