sábado, 12 de octubre de 2024

UNA TRAGEDIA AMOROSA EN EL PORTUGAL MEDIEVAL

No siempre los grandes amores son una fábula. Muchas veces la vida imita al arte, y de la realidad surgen historias más fantásticas que las concebidas por los hombres en las noches afiebradas del estío. Tal el caso de Pedro I de Portugal, apodado "El Severo".
Entre 1325 y 1357 el reino pertenecía a su padre, el rey Alfonso IV, y se hallaba envuelto en las luchas por el poder con los reyes de Castilla y Aragón. Cuando Pedro alcanzó edad suficiente para contraer matrimonio, se convino en desposarlo con la infanta de Castilla, doña Constanza, y obtener así alguna ventaja de esta alianza de sangre. Quiso el infante don Pedro a doña Constanza con obligaciones de marido, mas no con caricias de amante. Y la razón fue que se había enamorado de una dama de compañía de la propia infanta, llamada Inés de Castro, "milagro de hermosura en aquel siglo".
En 1345 murió doña Constanza, y el infante don Pedro quiso regularizar su situación con doña Inés, que ya le había dado cuatro hijos. Cuenta el cronista que ya algunos lo llamaban "El Casto", pues nunca se le conoció otra mujer, ni tuvo hijos fuera de este matrimonio, cosa harto frecuente entre las castas nobles, y más en los reyes, que prodigaban a la sazón bastardos por todo el reino y se cocían en la promiscuidad de sus amoríos, especialmente siendo aún jóvenes. Sin embargo, su padre Alfonso tenía planes, y pensó en casar a su hijo con otra princesa. Pero don Pedro no sólo lo desobedeció, sino que secretamente se casó con doña Inés. Aunque el secreto no lo fue tanto; pronto se supo en la corte, y las lenguas desatadas esparcieron la noticia por todo el reino.
Irritado don Alfonso por tal contratiempo, no vaciló en decretar la muerte de la esposa de su hijo, y encargó a tres cortesanos -cuyos nombres la historia guarda (Pedro Coello, Diego López y Álvaro González)- que se trasladasen a Coimbra, donde moraba doña Inés, y la asesinasen. Los miserables no se detuvieron ni siquiera en presencia de las criaturas, y degollaron a la madre delante de sus propios ojos.
Mal calculó la reacción de su hijo el cruel rey Alfonso. Don Pedro, con ira imposible de medir, se alzó en armas contra su padre, sin tregua ni cuartel. El reino se dividió entre los partidarios de uno y del otro. Y el joven contrincante luchaba al frente de sus tropas como un endemoniado. Relataban sus soldados que ofrecía el pecho a todas las espadas y recorría las planicies erizadas de lanzas como si atravesase un campo de lirios. Algunos contaban que bajo el casco se cubría el rostro con un velo oscuro de gasa para que nadie pudiese adivinar que lloraba de dolor y rabia en el fragor de las batallas. Mas a pesar de lo cruento de los embates, la lucha no se definió hasta que el rey Alfonso murió de viejo.
Don Pedro lo sucedió por derecho, entonces, finalmente; y lo primero que hizo fue buscar a los asesinos de su esposa. Sus pesquisas le indicaron que los criminales habían huido a Castilla, donde entonces reinaba el rey Pedro, conocido por unos como "El Cruel" y por otros como "El Justiciero", que no dudó en entregarle a su tocayo a dos de los monstruos, puesto que el tercero logró huir hacia las tierras del hermano bastardo y enemigo del rey Pedro de Castilla, Enrique de Trastámara.
Pero al menos en los dos que atrapó vengó el rey portugués su saña, pues aún estando vivos les hizo sacar los corazones, a uno por el pecho, y al otro por las espaldas, y después mandó quemarlos.
No contento con esto, quiso también castigar de algún modo a aquella misma corte que despreció a su esposa. Hizo desenterrar a doña Inés, trasladó el cadáver a Lisboa y lo sentó en un trono junto al suyo; luego ordenó que todos los cortesanos desfilasen ante ella y de rodillas besasen su mano, como reina. Y más aún. El mismo tributo reclamó del pueblo en el tránsito del cuerpo desde Lisboa a Alcobaça, en cuyo monasterio hizo labrar don Pedro dos tumbas: una para él y otra para doña Inés. Las tumbas están encaradas una frente a la otra de tal forma que, como dijo el propio don Pedro, "el día del juicio final, cuando resuciten los cuerpos y se incorporen, lo primero que verán los ojos de ambos será el rostro del ser amado".
Don Pedro murió en Estremoz en 1367, a los cuarenta y siete años de edad. Reinó sólo una década, durante la cual no se le conoció ningún amorío.

viernes, 11 de octubre de 2024

¿CIENTOS DE AÑOS DE VIDA?

Los judíos de la Edad Media calcularon que la fecha de la creación fue el 7 de octubre del 3761 a.C., que sigue utilizándose en el computo del número de años del calendario judío. Los teólogos cristianos han presentado muchas fechas para la creación. El teólogo inglés John Lightfood, en 1658, estimó que la fecha de la creación había sido el 26 de octubre del 4004 a.C. a las 9 de la mañana. No es broma. La mas conocida es la que dio el arzobispo anglicano de Armagh, Irlanda, James Ussher. En 1654 decidió que la creación del universo ocurrió en el 4004 a.C.. Según los geólogos la tierra tiene 5.000 millones de años y el universo en su conjunto tiene unos 15.000 millones de años.

Estos teólogos llegaron a tales conclusiones basándose en las edades de los antecesores de la humanidad enumeradas en el libro Génesis de la Biblia. En este libro figuran anotados todos los ancestros de los seres humanos desde Adán hasta Abraham. Sumando todas las edades se lega al calculo de los teólogos. Pero, ¿son exactos estos datos?

En el Génesis 5.5 se dice "Fueron los días de la vida de Adán novecientos treinta años, y murió." En Génesis 5.8 "El total de los días de Set fue de 912 años, y murió." Set era el hijo de Adán. Enós, hijo de Set tubo 905 años. Todas estas edades eran legendarias, y reflejan parte de las primitivas fábulas babilonicas que los judíos recogieron durante el Exilio y que el sacerdocio modificó con arreglo a ciertos principios particulares y desconocidos. Sin embargo, están los que creen que cada palabra de la Biblia es literalmente cierta.

Los descendientes de Adán y Set se citan a lo largo de ocho generaciones (diez, si contamos la de Adán y la de Set). Son conocidos como Patriarcas Antediluvianos (El patriarca era un cabecilla de tribu, y antediluviano es anterior al Diluvio Universal). Estos patriarcas tienen elevadas edades, varios pasan los novecientos años. El más longevo en Matusalén, que vivió 968 años. El ultimo de ellos es el famoso Noé.

No se puede relacionar a estos patriarcas con ningún personaje histórico, solo son mencionados en la Biblia. Algunos historiadores creen ver en ellos un reflejo de leyendas sumerias. Los sumerios tenían una serie de reyes, nueve o diez, anteriores al Diluvio que vivieron muchos miles de años. Uno de ellos llegó a reinar durante 65.000 años. El autor de esta parte del Génesis tomo las edades legendarias e hizo lo que pudo para reducirlas a una cifra razonable. A lo largo del Hexateuco, los autores reducen continuamente las edades de los personajes principales, si bien siguen siendo exageradas.

Uno de los patriarcas tiene una edad diferente a la de los demás. Se trata de Enoc, el padre de Matusalén. Génesis 5.23 "El total de los días de Enoc fue de 365 años. / Enoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó." El hecho de decir que Enoc tuviera 365 años al momento de su desaparición, cuando su padre Jared vivió 962 años y su hijo Matusalén 969 años, parece extraño. Es una coincidencia que el año tenga 365 días, es decir, el tiempo en que la tierra da la vuelta al sol, los babilonios tenían mitos solares. Tradiciones posteriores afirman que fue llevado con Dios en vida por su gran devoción hacia él.

Los estudiosos también aseguran que en la longevidad de los patriarcas se ocultan valores simbólicos, dados a los números como lo hacían en el antiguo Oriente. Un ejemplo es la edad de Adán en el momento de su muerte, 930 años. Esta cifra es igual a mil menos 70 (el numero de la perfección). Es decir, que por su pecado (comer la manzana del árbol prohibido), a Adán se le restó el número de la perfección y no pudo alcanzar la cifra de Dios, concluyen los investigadores. Los estudiosos de los libros sagrados, como los cabalistas judíos, le otorgaron una importancia primordial a cada palabra y numero de la Biblia, descubriendo y forzando explicaciones como la que se describió mas arriba.

Otro tema con respecto a las edades, es que fueron disminuyendo progresivamente de un patriarca a otro. Según los expertos, los escritores bíblicos demostraban la fidelidad de una persona a Dios con la cantidad de años que esta vivía. Cuanto mas años se vivía mas cerca de Dios se había estado. Por los tanto al ir la humanidad alejándose progresivamente de Dios, la gente vivía menos años. Esto se contradice con el concepto cristiano de que lo mejor de la vida del alma humana esta después de la muerte, cuando se accede al jardín del Edén. Pero en el antiguo testamento todavía no existía la noción de otra vida después de esta. Por eso Dios premiaba al bueno, no con una vida en el mas allá, sino con una vida larga en la Tierra. Será Cristo el que traiga la novedad de la vida eterna. De Cristo en adelante lo único que va a importar, no es la cantidad de años que se vive, sino como se vive esos años.

jueves, 10 de octubre de 2024

LAS HAZAÑAS DE MONTGOMERY

No recuerdo cuándo ni dónde leí por primera vez eso de que "las democracias no producen epopeyas", pero desde entonces lo he meditado muchas veces. Y mi mejor conclusión es simplemente retrucar "... ¡cuando funcionan!".

Tal cosa no ocurría por cierto en el Sur de los Estados Unidos tan sólo cuarenta años atrás. El estigma del prejuicio y la discriminación racial se hallaba grabado en el cuerpo de la sociedad con la violencia indeleble del hierro candente. En la ciudad de Montgomery, Alabama, una de las tantas paradigmáticas comunidades donde la tradición marcaba el paso, existían leyes segregacionistas aprobadas. Los negros no sólo eran relegados económica y laboralmente, sometidos a una condición de inferioridad permanente, reprimidos por las autoridades y marginados de derechos fundamentales como el voto o la libre expresión, sino que debían sufrir la humillación cotidiana de no poder compartir con los blancos los mismos lugares públicos: escuelas, restaurantes, salas de espera; incluso los baños y bebederos lucían ominosos letreros de "blancos solamente" o "negros no". Era imposible que ciudadanos de las dos razas compartieran un taxi, puesto que los conductores blancos sólo servían a pasajeros blancos, y los negros tenían un sistema especial para ellos. Los autobuses, por ejemplo, estaban divididos con una línea, pero si el sector blanco se completaba, los pasajeros de color debían levantarse para acomodar a los que ascendían.

Es llamativo cómo grandes revoluciones pueden comenzar con gestos aparentemente minúsculos y sin importancia. Nunca mejor dicho que en este caso. El 1º de diciembre de 1955, Rosa Parks, una modesta y tranquila costurera, subió al autobús en la Avenida Cleveland camino a casa luego de una larga jornada de trabajo. Tomó asiento detrás del departamento reservado a los blancos, y a medida que recorría las calles observaba cómo el vehículo se llenaba lentamente; al poco tiempo, el chofer se acercó a ella y le ordenó, junto a otros tres negros, que dejaran sus lugares a los pasajeros blancos que acababan de ingresar. No había otros asientos libres, así que tendría que ceder su sitio a un varón blanco y proseguir de pie el resto del trayecto. En una reacción sin precedentes para la comunidad de Montgomery, la señora Parks, serena pero firmemente, se negó.

El resultado inmediato fue su detención. La noticia circuló como reguero de pólvora por la ciudad, y la imagen de la policía arrestando a una mujer de porte humilde y equilibrado, de la que no podía imaginarse ni sombra de provocación, causó su impacto. Pronto los líderes negros se pusieron en campaña, y la circunstancia hizo surgir en la escena al joven pastor de una iglesia bautista local, quien, desconocido hasta ese momento, sería luego admirado en todo el mundo como uno de los máximos paladines de los derechos civiles del siglo XX: el Reverendo Martin Luther King Jr.

El clérigo no sólo traía consigo el carisma y la voluntad inquebrantable, sino también un método de lucha: la resistencia pacífica concebida por el Mahatma Gandhi para expulsar al Imperio Británico de la India. Determinaron llevar a cabo un boicot a los autobuses. Clandestinamente diseminaron un panfleto instando a la comunidad negra a abstenerse de usar el servicio a partir de la mañana del 5 de diciembre. Y el efecto fue fulminante. Puesto que dos tercios de los usuarios eran de color, los autobuses viajaban vacíos como fantasmas; la gente caminaba hasta sus lugares de trabajo, a veces recorriendo ocho o nueve kilómetros, o se organizaba colectivamente en taxis y autos particulares. Todo se realizó en silencio, sin incidentes y con la cabeza alta. Cuando se les preguntaba cómo se sentían, algunos negros contestaban: "Mis pies, cansados; mi alma: ¡liberada!". La protesta atrajo la atención de todo el país, pero lo que comenzó siendo una acción casi espontánea acabó en un movimiento prolongado que puso a prueba la madurez de toda una colectividad. Los blancos no relegarían fácilmente sus privilegios; habría arduas negociaciones, procesos legales, amenazas telefónicas y personales, arbitrariedades y represión manifiesta, y la aparición siempre cobarde e intimidatoria del ominoso Ku Klux Klan. El propio Martin Luther King fue encarcelado, su casa bombardeada y su reputación jaqueada con calumnias. Sin embargo, no cejó, y la comunidad negra tampoco. Fueron once meses de paciencia y orgullo tenaz, hasta que la resistencia dio sus frutos: el 13 de noviembre de 1956 la Suprema Corte de la Nación declaró inconstitucionales las leyes referentes a la segregación de los autobuses en Alabama.

Lejos de festejar una victoria, el reverendo King proclamó una toma de conciencia general para evitar todo tipo de euforia y mantener las normas de cordialidad y no violencia durante el proceso de integración de los vehículos públicos. El triunfo estaba asegurado, pero la lucha por liberar al país del racismo y la opresión apenas comenzaba.

El epílogo de la gesta de Montgomery aún pone lágrimas en los ojos de algunos viejos. Vencido moral y legalmente, el Ku Klux Klan reinició las hostilidades mediante una política sistemática de amenazas. Cuarenta coches repletos de encapuchados con sus distintivos atavíos se propusieron recorrer las avenidas del barrio negro. Esperaban que, como siempre, el miedo metiera a las víctimas en sus casas. No hubo tal cosa. Hallaron al pueblo volcado en las calles, cientos de miradas calmas pero resueltas que los enfrentaban en cada acera y cada esquina; hombres, mujeres y niños confiados en el nuevo respeto a sí mismos que habían ganado a pulso... Sin saber cómo reaccionar ante la sorpresa, la caravana del terror dio la vuelta y se marchó por donde vino.

miércoles, 9 de octubre de 2024

EL GHETTO DE VARSOVIA. SURGIMIENTO, VIDA, LUCHA Y REBELIÓN

El plan alemán, para la exterminación de la población judía, era sencillo: primero establecer ghettos, para vigilar a los judíos y luego enviarlos a los campos de concentración.

Durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los ghettos más importantes fue el Ghetto de Varsovia, en Polonia.

El 12 de octubre de 1940 se dio lectura por la radio polaca, un comunicado por el cual todos los judíos de Varsovia, tenían que concentrarse hasta el 31 de octubre, en un sólo sector. Al vencerse el plazo, los portones del ghetto fueron cerrados y vigilados por guardias alemanes.

El ghetto recibió constantemente nuevos refugiados, por lo tanto fue necesario construir más casas, pero los alemanes lo que hicieron fue reducir cada vez más la superficie del ghetto. La desproporción entre la población del ghetto y su superficie, ocasionó una serie de epidemias, hambre y miseria. De este modo, la población judía se transformó en una población agonizante.

Los cadáveres reposaban en el suelo, desnudos o envueltos en papeles sucios. Incluso los judíos más piadosos se vieron obligados a no honrar a sus muertos, y depositarlos en la noche sobre la calzada. Los muertos anónimos fueron arrogados en fosas comunes.

En el ghetto, un solo hombre de cada 138 tenía trabajo. La mayoría de los judíos trabajaban en fábricas alemanas, confeccionando trajes militares y fabricando armas. Algunos judíos trabajaban en el sector " ario ", en las vías férreas, en fábricas de armamento o establecimientos militares. Algunos de estos obreros se transformaron en contrabandistas de mercancías.

Los judíos del ghetto tenían una estructura de clases, basada en el número de calorías consumidas. El estrato social más deprimente fue el de los mendigos, que pedían algo de comida en las calles del ghetto. Los principales mendigos fueron niños.

Dentro del ghetto, los judíos debían llevar obligatoriamente un brazalete con la " Estrella de David ", la estrella de seis puntas. Estos brazaletes eran muy demandados, porque si los alemanes veían a algún judío portando un brazalete sucio o arrugado, lo golpeaban despiadadamente.

En el ghetto, se formaron una serie de centros de protección social, para ayudar a los más necesitados, sobre todo a los enfermos, a los huérfanos y a los niños. También se crearon establecimientos educacionales clandestinos, para que los jóvenes continuaran sus estudios.

Los partidos y movimientos del ghetto publicaron periódicos clandestinos. Esta prensa contrarrestaba las campañas alemanas para crear confusiones entre los judíos del ghetto. Esta prensa, levantó el ánimo de sus lectores y los estimuló para resistir y enfrentar al enemigo.

Pero poco a poco, los movimientos que habían surgido para realizar actividades educacionales, decidieron preparar una lucha armada. Esta decisión fue tomada después de la " Gran Acción " del 21 julio, donde fueron deportados a Treblinka, un campo de concentración alemán, más de trescientos mil ( 300.000 ) judíos. La " Gran Acción " culminó el 21 de septiembre.

De esta manera, se formaron la Organización Combatiente Judía ( Z.O.B. ) y la Organización Militar Judía ( Z.Z.W. ) , las siglas están en polaco. Para estas dos organizaciones, lo más difícil fue conseguir armas, las cuales adquirieron por medio de la resistencia polaca, de comerciantes polacos y de desertores alemanes, pero como las armas que encontraban no siempre estaban en buen estado, decidieron fabricar ellos mismos granadas de mano y bombas Molotow.

El primer enfrentamiento entre los judíos, comandados por Mordekhai Anielewicz , y los alemanes, dirigidos por el general Jurgen Von Stroop, fue en enero de 1943 .

El 18 de enero de 1943, los alemanes irrumpieron en las calles del ghetto y alrededor de los muros y de las casas se colocaron guardias, para controlar las entradas.

La lucha duró cuatro días, y culminó cuando el último alemán salió del ghetto.

Pero los judíos sabían que los alemanes volverían, así que construyeron refugios, con entradas secretas, que comunicaban con el sector " ario ". También comprendieron que el único camino que tenían era LUCHAR CONTRA EL ENEMIGO.

El verdadero levantamiento estalló el 19 de abril de 1943. Este levantamiento se divide en dos períodos: el primero del 19 de abril hasta el 21 de abril, cuando los alemanes utilizaron por primera vez el fuego y el segundo el de los incendios.

En este levantamiento, los alemanes tuvieron ventajas en hombres, armas, libertad de movimientos y elección del momento de combatir. En cambio los judíos, tenían que estar alerta las veinticuatro horas del día, porque no sabían el momento en que aparecerían los alemanes. El enemigo reemplazaba a los heridos, los combatientes judíos no tenían reemplazos. El enemigo podía pedir refuerzos, mientras los judíos estaban solos en la lucha.

Los alemanes usaron aviones para detectar la ubicación de los combatientes. Pero hubo un elemento contra el cual los judíos no pudieron hacer nada: EL FUEGO. Los alemanes incendiaban manzanas de edificios completas, la mayoría de los judíos morían quemados, pero otros se arrojaban de las ventanas, preferían saltar y no entregarse a los alemanes.

Este levantamiento terminó el 16 de mayo, cuando los alemanes dinamitaron la gran Sinagoga judía. Los alemanes habían destruido el ghetto, reduciéndolo a un montón de escombros.

martes, 8 de octubre de 2024

JUICIOS DE DIOS EN LA EDAD MEDIA

 

Se llaman «ordalías» o «juicios de Dios» a aquellas pruebas que, especialmente en la Edad Media occidental, se hacían a los acusados para probar su inocencia. El origen de las ordalías se pierde en la noche de los tiempos, y era corriente en los pueblos primitivos, pero fue en la Edad Media cuando tomó importancia en nuestra civilización.

En el lento camino de la sociedad hacia una justicia ideal la ordalía representa el balbuceo jurídico de hombres que se esfuerzan por regular sus conflictos mediante otro camino que no sea el recurso de la fuerza bruta, y en la historia del derecho es un importante paso hacia adelante.

Hasta entonces lo que imperaba era la ley del más fuerte, y si bien con la ordalía la prueba de la fuerza continúa, se coloca bajo el signo de potencias superiores a los hombres.

Varios eran los sistemas que se usaban en las ordalías. En Occidente se preferían las pruebas a base del combate y del duelo, en los que cada parte elegía un campeón que, con la fuerza, debía hacer triunfar su buen derecho. La ley germánica precisaba que esta forma de combate era consentida si la disputa se refería a campos, viñas o dinero, estaba prohibido insultarse y era necesario nombrar dos personas encargadas de decidir la causa con un duelo.

La ordalía por medio del veneno era poco conocida en Europa, probablemente por la falta de un buen tóxico adecuado a este tipo de justicia, pero se utilizaba a veces la curiosa prueba del pan y el queso, que ya se practicaba en el siglo II en algunos lugares del Imperio romano. El acusado, ante el altar, debía comer cierta cantidad de pan y de queso, y los jueces retenían que, si el acusado era culpable, Dios enviaría a uno de sus ángeles para apretarle el gaznate de modo que no pudiese tragar aquello que comía.

La prueba del hierro candente, en cambio, era muy practicada. El acusado debía coger con las manos un hierro al rojo por cierto tiempo. En algunas ordalías se prescribía que se debía llevar en la mano este hierro el tiempo necesario para cumplir siete pasos y luego se examinaban las manos para descubrir si en ellas había signos de quemaduras que acusaban al culpable.

El hierro candente era muchas veces sustituido por agua o aceite hirviendo, o incluso por plomo fundido. En el primer caso la ordalía consistía en coger con la mano un objeto pesado que se encontraba en el fondo de una olla de agua hirviendo; en el caso de que la mano quedara indemne, el acusado era considerado inocente.

En 1215, en Estrasburgo, numerosas personas sospechosas de herejía fueron condenadas a ser quemadas después de una ordalía con hierro candente de la que habían resultado culpables. Mientras iban siendo conducidas al lugar del suplicio, en compañía de un sacerdote que les exhortaba a convertirse, la mano de un condenado curó de improviso, y como los restos de la quemadura hubiesen desaparecido completamente en el momento en que el cortejo llegaba al lugar del suplicio, el hombre curado fue liberado inmediatamente porque, sin ninguna duda posible, Dios había hablado en su favor.

En algunos sitios se hacía pasar al acusado caminando con los pies descalzos sobre rejas de arado generalmente en número impar. Fue el suplicio impuesto a la madre del rey de Inglaterra Eduardo el Confesor, que superó la prueba.

La ordalía por el agua era muy practicada en Europa para absolver o condenar a los acusados. El procedimiento era muy simple: bastaba con atar al imputado de modo que no pudiese mover ni brazos ni piernas y después se le echaba al agua de un río, un estanque o el mar. Se consideraba que si flotaba era culpable, y si, por el contrario, se hundía, era inocente, porque se pensaba que el agua siempre estaba dispuesta a acoger en su seno a un inocente mientras rechazaba al culpable. Claro que existía el peligro de que el inocente se ahogase, pero esto no preocupaba a los jueces. Por ello, en el siglo IX Hincmaro de Reims, arzobispo de la ciudad, recomendó mitigar la prueba atando con una cuerda a cada uno de los que fuesen sometidos a esta ordalía para evitar, si se hundían, que «bebiesen durante demasiado tiempo».

Esta prueba se usó mucho en Europa con las personas acusadas de brujería.

En todas las civilizaciones, las ordalías que tuvieron un origen mágico estaban encargadas a los sacerdotes, como comunicadores escogidos entre el hombre y la divinidad, y cuando la Iglesia asumió junto a su poder espiritual parcelas del poder temporal, tuvo que pechar con la responsabilidad de una costumbre que era difícil de hacer desaparecer rápidamente, y no pudiendo prohibiría bruscamente se esforzó en modificar progresivamente su uso para hacerle perder el aspecto mágico que la Iglesia consideraba demasiado vecino a la brujería.

La ordalía fue, pues, practicada como una apelación a la divina providencia para que ésta pesase sobre los combates o las pruebas en general, y los obispos se esforzaron en humanizar todo lo que en ella había de cruel y arbitrario.

Durante la segunda mitad del siglo XII el papa Alejandro III prohibió los juicios del agua hirviendo, del hierro candente e incluso los «duelos de Dios», y el cuarto concilio Luterano, bajo el pontificado de Inocencio III, prohibió toda forma de ordalía a excepción de los combates: "Nadie puede bendecir, consagrar una prueba con agua hirviente o fría o con el hierro candente.» Pero, no obstante estas prohibiciones, la ordalía continuó practicándose durante la Edad Media, por lo que doce años después, durante un concilio en Tréveris, tuvo que renovarse la prohibición.

Los defensores de la ordalía basaban su actividad en ciertos versículos del Ahtiguo Testamento, en los que algunos sospechosos de culpabilidad eran sometidos a una prueba consistente en beber una pócima preparada por los sacerdotes y de cuyo resultado se dictaminaba si el acusado era culpable o no.

Las ordalías a base de ingerir sustancias venenosas eran poco usadas en Europa debido a la dificultad de encontrar pócimas adecuadas debido a la escasez de sustancias venenosas, pero en pueblos de Asia o Africa, especialmente en este último continente, se usaron con profusión hasta nuestros días. Muchas veces las autoridades coloniales tuvieron que intervenir prohibiendo este tipo de actuaciones, pero sin gran resultado. Ignoro si hoy, con la independencia de las antiguas colonias y la subsiguiente de los tribunales coloniales, continúan practicándose ordalías con el veneno, tan frecuentes en otro tiempo.

lunes, 7 de octubre de 2024

POE

© Don Vito (David G. Forés) 

Happy Deathday Mr. Poe.

LEYENDA ITALIANA DE BRUJAS

Hay un viejo Olivo en Mangliano en la Toscana donde las personas con supersticiones han mantenido a lo largo del tiempo ciertas creencias.

Parece que en los días en los que el Olivo era vigoroso y exuberante, este fue muy generoso y dio cientos y cientos de kilos de olivas, fue un olivo que en toda la Maremma no se podía encontrar uno igual.

Un día un pobre hombre que estaba a los pies del árbol, bajo sus ramas que se doblaban hacia el suelo por el peso de sus maduras olivas le pidió al dueño del árbol una pequeña cantidad de olivas para poder llenar su estomago vacío. El dueño del olivo estaba negociando el inicio de la cosecha que podría ser a la mañana siguiente, él era ambicioso y egoísta así que de manera ruda mando alejarse al pobre hombre.
A la mañana siguiente , los hombres y mujeres que venían a recoger la cosecha con sus grandes cestas comenzaron por el gran árbol, pero al verlo se quedaron sin palabras; el árbol que el día anterior crecía fuerte ahora estaba retorcido como por un remordimiento y entre su follaje no estaban los preciosos frutos, solo algunas vulgares habas.

Una mujer desconcertada corrió a darle la noticia al dueño, pero el dueño incrédulo le contestó de malas maneras.-“Vuelve derecha a tu trabajo, no tengo tiempo de escuchar tonterías”, pero como la mujer insistía el finalmente fue a ver el Olivo. Frente a sus ojos el olivo apareció con sus ramas llenas de habas.

El hombre que había sido duramente castigado salió corriendo y desapareció. Se dice que el olivo nunca más volvió a tener olivas, solo habas.

Las brujas tomaron posesión de esta extraña planta y ciertas noches tú puedes oír sus siniestros gritos y el sonido de sus danzas alrededor del retorcido tronco.

Ahora la gente pasa lejos del árbol que en sus tiempos fue el honor de la Maremma y ha llegado a ser “El olivo de las brujas”.

https://es.wikipedia.org/wiki/Olivo_de_la_Bruja

https://es.oliveoiltimes.com/business/europe/unveiling-the-mystery-and-magic-surrounding-tuscanys-olivo-della-strega/120422