domingo, 19 de enero de 2025

A UN OLMO SECO

  Al olmo viejo, hendido por el rayo 
y en su mitad podrido,
 
con las lluvias de abril y el sol de mayo
 
algunas hojas verdes le han salido.

  ¡El olmo centenario en la colina 
que lame el Duero! Un musgo amarillento
 
le mancha la corteza blanquecina
 
al tronco carcomido y polvoriento.

  No será, cual los álamos cantores 
que guardan el camino y la ribera,
 
habitado de pardos ruiseñores.

  Ejército de hormigas en hilera 
va trepando por él, y en sus entrañas
 
urden sus telas grises las arañas.

  Antes que te derribe, olmo del Duero, 
con su hacha el leñador, y el carpintero
 
te convierta en melena de campana,
 
lanza de carro o yugo de carreta;
 
antes que rojo en el hogar, mañana,
 
ardas en alguna mísera caseta,
 
al borde de un camino;
 
antes que te descuaje un torbellino
 
y tronche el soplo de las sierras blancas;
 
antes que el río hasta la mar te empuje
 
por valles y barrancas, 
 
olmo, quiero anotar en mi cartera
 
la gracia de tu rama verdecida.
 
Mi corazón espera
 
también, hacia la luz y hacia la vida,
 
otro milagro de la primavera.

Antonio Machado, 4 de mayo de 1912

EDGAR ALLAN POE

© David G. Forés

Tal día como hoy, en 1809, nacía Edgar Allan Poe.

sábado, 18 de enero de 2025

A MI BUITRE

Este buitre voraz de ceño torvo

que me devora las entrañas fiero

y es mi único constante compañero

labra mis penas con su pico corvo.


El día en que le toque el postrer sorbo

apurar de mi negra sangre1, quiero

que me dejéis con él solo y señero2

un momento, sin nadie como estorbo.


Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía

mientras él mi último despojo traga,

sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga

sin esta presa en que satisfacía

el hambre atroz que nunca se le apaga.


Miguel de Unamuno

1 Hiperbatón : “apurar el postrer sorbo de mi negra sangre”

2 Señero: solo, solitario.

viernes, 17 de enero de 2025

ODA A LA VIDA RETIRADA

¡Qué descansada vida 
la del que huye el mundanal ruido 
y sigue la escondida 
senda por donde han ido 
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho 
de los soberbios grandes el estado 
ni del dorado techo 
se admira fabricado 
del sabio Moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama 
canta con voz su nombre pregonera 
ni cura si encarama 
la lengua lisonjera 
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presa a mi contento 
si soy del vano dedo señalado? 
¿Si en busca de este viento 
ando desalentado 
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río, 
o secreto seguro y deleitoso! 
Roto casi el navío 
a vuestro almo reposo 
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño, 
un día puro, alegre, libre quiero; 
no quiero ver el ceño 
vanamente severo 
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiérteme las aves 
con su cantar sabroso no aprendido; 
no a los cuidados graves 
de que es siempre seguido 
el que al ajeno arbitrio está atendido.

Vivir quiero conmigo 
gozar quiero del bien que debo al Cielo. 
a solas, sin testigo, 
libre de amor, de celo, 
de odio, de esperanzas , de recelo.

Del monte en la ladera, 
por mi mano plantado, tengo un huerto, 
que con la primavera 
de bella flor cubierto 
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

El aire el huerto orea 
y ofrece mil olores al sentido; 
los árboles menea 
con un manso ruido 
que del oro y del cero pone olvido.

Téngame su tesoro 
los que de un falso leño se confían; 
no es mío ver el lloro 
de los que desconfían 
cuando el cierzo y el álbrego porfían.

La combatida antena 
cruje, y en ciega noche el claro día 
se torna , al cielo suena 
confusa vocería 
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla 
mesa de amable paz bien abastada 
me basta, y la vajilla 
de fino oro labrada, 
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable- 
mente se están los otros abrasando 
con sed insaciable 
del peligroso mando, 
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido, 
de hiedra y lauro eterno coronado, 
puesto el atento oído 
al son dulce acordado 
del plectro sabiamente meneado.

Y como codiciosa 
por ver y acrecentar su hermosura 
desde la cumbre airosa 
una fontana pura 
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego sosegada, 
el paso entre los árboles torciendo, 
el suelo de pasada 
de verdura vistiendo 
y con diversas flores va esparciendo.

Fray Luis de León

TAL DÍA COMO HOY...

En 1904, se fundó la Orden del Templo del Este.

jueves, 16 de enero de 2025

QUERER ASÍ...

Querer así, desnudo entre los viejos muebles descarnados, entre los silencios de los muros a medio derrumbar, sobre los cansados cimientos que alguna vez fueron firmes. Querer así, como si nunca fuese a finalizar la madrugada para hacer llegar el día...

Querer así...

Víctor

miércoles, 15 de enero de 2025

A ENRIQUE MENÉNDEZ

Una humilde corona,
dulce Enrique Menéndez,
de eternas siemprevivas 
quisiera entretejerte, 

que sobre tu sepulcro 
calladas balanceen 
sus espigados tallos 
al soplo del nordeste.

Tú que amabas las flores
de tu huerto obediente,
tu huerto que en tu ausencia
tristemente florece,

acéptame estas pocas
florecillas silvestres
regadas de mis lágrimas
entre mis manos leves.

Flores de cada día
que corté amargamente
de mis pobres jardines
efímeros y estériles,

flores de cada hora
que mi tierra me ofrece
para adornar altares,
para decorar sienes.

Y qué ara más bendita
que tu sepulcro agreste,
divina jaula triste
sin cantor que la alegre.

Y a qué sienes ceñir
corona de laureles
como a estas tuyas nuevas
que ya nunca encarnecen.

Aquí, pues, te las dejo
desmayadas y flébiles,
pero a nadie le digas
que hoy he venido a verte.

Los días van pasando.
Van pasando los meses.
Las flores y los pájaros
han pasado y tú no vuelves.

Te arrancó de nosotros
la burladora muerte,
y desde entonces pisas
huertos siempre perennes.

Abajo, los poetas,
jardineros terrestres,
cantamos y cortamos
las flores del poniente.

Las del alba tú sólo
las cosechas celeste,
del jardín de la vida
tras el mar de la muerte.

Te fuiste tú y seguimos
torpemente vivientes.
Qué vergüenza vivir
cuando los buenos mueren.

Toma estas flores tristes,
dulce Enrique Menéndez,
pero a nadie le digas
que hoy he venido a verte.

Gerardo Diego