martes, 30 de abril de 2013

PYRENE

He encontrado no una, sino tres versiones del mito de Pyrene… Escoged la que más os guste…

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Cuentan que Pyrene fue una bellísima ninfa, diosa de las aguas y de los manantiales, que acostumbraba a descansar a la orilla de un lago tranquilo. Y dicen que mientras los ruiseñores cantaban a su alrededor, ella se miraba reflejada en las cristalinas aguas y acariciaba dulcemente sus largos y rubios cabellos.
     La paz y la calma llenaban la vida de Pyrene que, de vez en cuando, se sobresaltaba por las voces y el escándalo que formaban unos gigantes que vivían en las altas montañas. Ella sabía que aquellos monstruos salvajes querían destruir la tranquilidad de su valle. Pero al mismo tiempo se sentía segura porque un frondoso bosque impedía que sus enemigos se acercaran.
     Un día, unas nubes grises y oscuras amenazaron con descargar una tormenta de rayos y truenos, pero los malvados gigantes las agarraron con sus enormes manos y las arrojaron sobre el bosque que les separaba de Pyrene.
     Inmediatamente comenzaron a arder todos los árboles y la maleza se convirtió en llamas, sin que Pyrene pudiera evitarlo. La noticia llegó hasta oídos de Zeus, dios de dioses, que mandó a su hijo Hércules para que sofocara el incendio y recatar a Pyrene del infierno. El hijo obedeció a su padre y llevó a la ninfa junto al mar para que pudiera descansar y recuperarse.
     -Pyrene -le dijo- aquí estarás a salvo.
     Y Hércules regresó al valle para acabar con los malévolos gigantes.
     -Tu valle se ha convertido en cenizas pero buscaré otro para ti -le dijo al regresar a su lado.
     -No. Yo sólo amo mi valle y quiero regresar a él -respondió la diosa.
     Pero allí ya no había pájaros, ni flores, ni mariposas, ni árboles... Todo había sido destruido por el fuego. Incluso el manantial arrastraba las cenizas del incendio y sus aguas ya no eran cristalinas. Pyrene no pudo soportar aquel desastre y murió de pena al contemplar su valle deshecho. Hércules recogió el cuerpo de la Diosa para llevarlo a lo más alto de las cumbres y para que nunca fuera olvidada levantó allí el más hermoso de los monumentos: una gran cordillera montañosa que separa España de Francia. Y en su honor la llamó Pirineos.

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Cuenta la leyenda que el Héroe griego Hércules se enamoró de Pyrene (una de las pléyades), hija del dios Atlas. Pero Pyrene rechazó a Hércules.
     El enfado de Hércules fue tal que con un hacha dividió España de África e inundó con el mar Mediterráneo la Atlántida, donde vivía Atlas y Pyrene. Pero ella consiguió huir y se escondió en una zona entre España y Francia.
     Cuando Hércules iba buscando en todo el mundo y estaba cerca de ella, esta hizo una gran pira y quemó todos los árboles para no ser encontrada. Y lloró, y sus lágrimas crearon los ibones. Cuando al final la encontró Hércules, vio que Pyrene estaba muerta y sonriente de haber burlado a Hércules.
     Éste, lleno de tristeza la enterró con todas las piedras que encontró creando una gran cordillera que denomino Pirineos en recuerdo a Pyrene.

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En los tiempos en que reinaba Túbal en Iberia, el monstruo Gerión, el de las tres cabezas, el más feo de todos los monstruos, le quitó la Corona.

     La Princesa Pyrene, hija de Túbal, bisnieta de Noé,  asustada fue a esconderse en las altas montañas.

     Gerión pensó que si no la mataba no podría hacerse respetar como nuevo Rey de Iberia. Así que concibió la idea de pegarle fuego a las montañas, convencido de que la princesa moriría y se fue a Gades (Cádiz).

     Las llamas, agrandándose con el viento, se extendían por toda la  cordillera derritiendo todo aquello que encontraba a su paso.

     Por las laderas de la montaña chorreaban ardientes torrentes de lava que achicharraban todo aquello que tuviera vida, extendiendo tras de ellos el horrible mantel de la muerte.

     Los pobres bosques chisporroteaban. Corrían despavoridos los osos, los tejones, los jabalís, los lobos... Los pueblos se inundaban de ríos abrasadores, los pájaros se asaban, las nubes de humo negro tapaban el sol. El calor, aún desde lejos, era insoportable.

     Hércules, el semidiós que luchaba victorioso contra los gigantes que tenían asustados a los habitantes de Iberia, oyó los gemidos de la princesa y extendiendo sus brazos en aquel mar de fuego, la cogió.
    Ella todavía tuvo tiempo de contarle su historia.

     Hércules puso sobre su cabeza las cenizas de la princesa muerta y le levantó un Mausoleo:

     Amontonó montaña sobre montaña, haciendo escaleras con estos montones y los Pirineos volvieron a ser magníficos de mar a mar.

     He aquí como el Mausoleo de la desafortunada Pyrene ha llegado a ser el balcón desde donde podemos ver las tierras de Francia y las de España.

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