jueves, 25 de junio de 2026

CONCIENCIA MÁGICA

En cuanto hayas terminado de leer este párrafo, haz una pausa y cierra los ojos. Tómate unos segundos para simplemente tomar consciencia de la corriente de tu respiración. Sigue tu respiración mientras entra y sale durante cinco ciclos completos, y durante ese tiempo limítate a escuchar… y a respirar. ¿Qué oyes a tu alrededor? ¿Cómo sientes el aire en tu piel? ¿Qué aroma trae el aire hacia ti? ¿Cómo sientes tu cuerpo? ¿Estás cómoda en tu piel hoy? No intentes respirar más lentamente, ni modificar cómo te sientes. Deja que tu mente se relaje, y si te cuesta serenar tus pensamientos, di para tus adentros con cada respiración: “Estoy inspirando… estoy espirando… inspirando… espirando…”. Deja que un momento perfecto y único del presente crezca a tu alrededor; no intentes cambiarlo, ni comprenderlo… simplemente sé consciente.

¿Alguna vez te has encontrado en la entrada de tu casa al final del día sin tener ningún recuerdo del viaje de vuelta a casa desde el trabajo? ¿Has descubierto que te has pasado dos horas haciendo “clic” a tu ratón, pasando de una página web a otra y, después de que esas dos horas hayan volado, no tienes ni idea de lo que has estado buscando?

Nuestra cultura moderna favorece la inconsciencia y, en muchos sentidos, se basa en ella. Obedecemos a los dictados de la publicidad y los “expertos” que nos dicen que consumamos, consumamos, consumamos, sin pensar demasiado en de dónde vienen nuestras pertenencias y qué prácticas laborales poco éticas o daños medioambientales podrían ser el resultado de nuestra necesidad implacable de tragarnos la vida entera. Entretanto, como seres espirituales, se nos llama a buscar una relación profunda, siempre en evolución, con la naturaleza, y que no cultivemos la inconsciencia, sino la conciencia.


¿Qué es la conciencia?

El término “conciencia” en este contexto se originó con nuestros primos espirituales en el budismo zen, y describe algo más que la simple percepción de los que nos rodea, aunque ese es un aspecto de ella. La conciencia es el estado de estar completamente despiertos, completamente conscientes del momento presente, empezando por nuestros cuerpos y por nosotros mismos, y luego extendiéndose por todo nuestro entorno.

Cada día en que despertamos es un regalo del Dios y de la Diosa: no importa lo mal que creamos haber lidiado con el día anterior, ahora tenemos veinticuatro horas para hacerlo mejor, para crecer, para encontrar la paz. Desgraciadamente, la mayoría de nosotros tenemos tanta prisa por crear el futuro que olvidamos honrar este momento y disfrutar de él. El pasado está escrito y no puede ser borrado; el futuro todavía debe ser diseñado. Sólo estamos verdaderamente vivos aquí y ahora.

La meditación consciente, como el ejercicio de respiración explicado arriba, puede ser muy poderosa para las personas de cualquier camino espiritual que estén buscando la intimidad consigo mismas y con la Tierra. Llevar tu atención a tu respiración es una de las técnicas de anclaje más rápidas y más eficaces. No necesitas una caja llena de artículos rituales, ni velas de los colores lunares apropiados, ni una alineación astrológica perfecta para realizar un cambio positivo en tu vida diaria. Sólo necesitas tu respiración.


Versos y oraciones conscientes

La próxima vez que te sientas estresada y ansiosa, tómate unos minutos para disfrutar de cinco respiraciones completas, sin prisas. Puedes incorporar “versos” conscientes, como hacen los budistas, sincronizando cada frase con la inspiración o con la espiración. Por ejemplo:


Al inspirar, soy consciente de estar inspirando.

Al espirar, soy consciente de estar espirando.

Al inspirar, inspiro calma y fuerza.

Al espirar, espiro el miedo y las preocupaciones.


Empieza con un simple “Inspirando… espirando…”, cada vez, y deja que la conciencia de tu respiración te calme antes de internarte en un territorio más ambicioso como, por ejemplo:


Al inspirar, siento que el amor de la Diosa me rodea.

Al espirar, doy mi amor a la Tierra.


Parte de nuestra tarea como practicantes de una espiritualidad respetuosa con la naturaleza es encontrar lo sagrado en las cosas corrientes. El momento de lavar los platos es tan sagrado como el momento de contemplar la salida del Sol o bailar en un círculo: la diferencia está en nuestra percepción. Si llevas la conciencia a tus tareas cotidianas, encontrarás que ya no son tan corrientes, porque incluso la belleza de la actividad más aparentemente mundana sube y baja con tu respiración.

La próxima vez que estés lavando los platos o barriendo el suelo, empieza por tomar consciencia de tu respiración y luego extiende la conciencia a la tarea que estás realizando. Deja que tu percepción pase de tu mente a tu respiración, luego a tus manos, al objeto que tienes en las manos, a su propósito. Ten presente que el trabajo que estás realizando está ayudándote y ayudando a los demás a llevar una vida más tranquila u ordenada. Hay magia en lo cotidiano, si quieres verla. “Al inspirar, barro el suelo; al espirar, limpio este espacio”.

Cenar también puede convertirse en un ritual si eres consciente. Aparte de la pura dicha de comer, ingerir alimentos y bebidas es uno de los procesos más básicos y esenciales del cuerpo humano. Mientras preparas tus comidas, sé consciente de los orígenes de los alimentos: tanto la vida como la muerte están contenidas en cada comida. Incorpora la energía del Sol y la lluvia que cayeron sobre los cultivos; incorpora el trabajo y el sudor de las personas que los cosecharon. Incorpora los nutrientes de la comida misma, pero también el viaje que fue necesario para que llegara a ti, y el trabajo de tus propias manos para transformar unos pocos ingredientes en algo delicioso para alimentar a tus amigos, a tu familia y a ti misma. ¡Una tarea tan enorme y vital para proporcionar un tazón de sopa!

La tradición de rezar a la hora de las comidas está muy de acuerdo con la idea de la conciencia, pues hace que nos detengamos y recordemos las conexiones que hay entre nosotros y todas las plantas, los animales y seres humanos que interactuaron con el medio ambiente para traernos a este momento presente y sabroso. Tómate unos segundos antes de cada comida para pensar en lo que estás introduciendo en tu cuerpo, así como lo afortunada que eres de vivir en una sociedad que ofrece tantas opciones y tanta abundancia.


Conectar con la Tierra

Otro modo en que la meditación consciente puede ayudarnos en nuestra búsqueda espiritual es facilitando la relación con los elementos –no sólo en un sentido abstracto, sino de una forma muy real y visceral.

Sentada al aire libre, en un parque o un jardín, con tu espalda apoyada contra un árbol, empieza a practicar la conciencia de la respiración, inspirando y espirando. A continuación, lleva tu atención al árbol que está detrás de ti. Toma consciencia de la sensación de la corteza contra tus hombros y de la presencia del árbol tanto por encima como por debajo de ti. Date cuenta de que estás sentada en el centro de un círculo mágico delimitado por las raíces y las ramas.

Mientras inspiras, puedes pensar: “Al inspirar, siento las ramas que están encima de mi”. Mientras espiras: “… siento las raíces debajo de mí”. Y otra vez: “Al inspirar, siento mis ramas encima de mi… Al espirar, siento mis raíces debajo de mí…”. Siente cómo tu conciencia se funde con la del árbol, respiración a respiración. Permítete respirar con el árbol. Cuando estés preparada para emerger de la meditación, hazlo también respiración a respiración, volviendo a ti misma del mismo modo en que te uniste a la energía del árbol. Asegúrate de dar las gracias al árbol por su ayuda y deja una ofrenda de agua.

Este mismo ejercicio puede realizarse con cualquier ser o fenómeno natural, desde una flor hasta el viento.


Campanas de Conciencia

Una cosa que los maestros wiccanos suelen oír es: “Simplemente no tengo tiempo para meditar. ¿Cómo se supone que debo traer la espiritualidad a mi vida diaria?”. Por un lado, el verdadero progreso espiritual siempre exige sacrificios –especialmente de tiempo y esfuerzo. Por otro lado, vivimos en un mundo frenético en el que el mero hecho de encontrar tiempo para comer y dormir puede resultar abrumador.

Es por este motivo que prácticas como ésta son tan importantes: ofrecen una manera de conectar sin tener que detener todo tu día. De hecho, dependen de que sigas con tu vida, pues la vida que has creado trabajando duro y a través de la magia es, ciertamente, sagrada. Los rituales en círculos son muy importantes, sin duda, porque nos trasladan a un lugar en el que pueden producirse las transformaciones más grandes de la vida, pero no hay que despreciar el valor de las pequeñas maravillas que ocurren cada día.

Una de mis prácticas favoritas tomada, una vez más, del zen, es la Campana de la Conciencia. Piensa en un sonido que oyes a lo largo del día: el teléfono que suena, el ordenador que te avisa que tienes un e-mail, la campana de una iglesia. Cada vez que oigas ese sonido, deja lo que estés haciendo y respira conscientemente tres veces. Combina las respiraciones con un verso como: “Al inspirar, oigo el sonido de la campana; al espirar, siento la belleza del momento presente”. Usa de esas respiraciones para presentarte, para anclarte. Te sorprenderá la diferencia que hace un ejercicio tan sencillo.

El famoso monje y maestro budista Thich Nhat Hanh dice: “La gente suele considerar que caminar sobre el agua o el aire es un milagro. Pero yo creo que el verdadero milagro es caminar sobre la tierra. Cada día vivimos un milagro que ni siquiera reconocemos: un cielo azul, unas nubes blancas, unas hojas verdes… Todo es un milagro.”

Dianne Sylvan


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