martes, 21 de julio de 2026

EL HERBOLARIO URBANO

Los biólogos se maravillan de la persistencia de la vida. El impulso de propagarse es tan poderoso que cada año las plantas asoman por las rendijas de las aceras, de los aparcamientos y de los lugares de paso. Las plantas hacen valer su fuerza vital frente al cemento, el acero y los escombros. Para recolectar plantas no necesitas un campo libre, las puedes encontrar en las aceras de las ciudades si miras atentamente.

Cualquier ciudad tiene su vecindario vegetal. Un paseo por el distrito de almacenes de Minneapolis revela hierbabuena en un aparcamiento con gravilla, manzanilla salpicando el área divisoria entre la calle River Road y la avenida Washington y, más bien provocando la desesperación de los jardineros, cada primavera en el más diminuto cuadrado de césped florecerán los dientes de león. En ciudades más pequeñas de Minnesota, la equinácea y la verbena llenan las áreas divisorias de la autopista. El trébol emerge de los carriles del tren y de los descampados, esperando servir para algo.

Las plantas cumplen un papel esencial en la vida de la ciudad. Primero, alimentan el aire, pues cada planta emite oxigeno que desintoxica la contaminación producida por la calefacción de nuestros hogares y por el tráfico rodado. Aunque las plantas que crecen cerca de las autopistas muy transitadas no son buenas para recoger, siguen reduciendo las toxinas debidas al tráfico. Las plantas que se encuentran al menos a 3 metros de la calle son, en general, suficientemente seguras para ser recolectadas, según la calidad del agua subterránea. Como consumimos habitualmente plantas cultivadas en granjas que lindan con carreteras e incluso con autopistas sobrecargadas, supongo que los mismos principios se aplican a las plantas cultivadas en una ciudad.

Por supuesto es preciso usar el buen juicio y tender a la seguridad, pero si encuentras un matorral en un espacio público que esté a suficiente distancia de la carretera, recógelo. Intenta dejar las raíces para que la planta se renueve, así como suficiente planta entera para que produzca semillas cuando sea el momento. Déjale también un pequeño presente de gratitud. Un poco de tabaco o de compost casero asegurará su futuro crecimiento y la fertilidad del suelo, lo cual significa más plantas y aire fresco para todos.

Las plantas silvestres más comunes que se pueden buscar en las ciudades del Medio Oeste incluyen violetas, que se convierten en mermelada o regalo mágico; el trébol, que trae suerte y dulzura, y el diente de león, que propaga destellos de sol. Esas plantas se pueden ver asomando en las esquinas de los rascacielos o escalando las laderas empinadas de una rampa de acceso a la autopista. Incluso en la ciudad, vale la pena invertir en una pequeña guía de plantas, que resulta especialmente útil si lleva fotografías que muestren las diferentes fases de madurez.


Plantas que cultivas

El cultivo en recipientes es la primera opción del habitante urbano: puedes sembrar tus plantaciones en el exterior aunque no tengas terreno. Los inquilinos de casas o apartamentos pueden negociar con sus propietarios o apuntarse a un huerto comunitario. También es popular plantar en terrenos públicos sin usar, pero hay que estar preparado para ceder y abandonar si el propietario o la administración le asignan otro uso.

Un huerto comunitario es un trozo de terreno dentro de la ciudad que permite a varias personas cultivar plantas. Normalmente el terreno está dividido en pequeñas parcelas, una para cada jardinero, que planta lo que le parece adecuado mientras sus prácticas de abono y de control de parásitos no creen problemas a los demás. Es práctico si deseas cultivas plantas grandes, como hacen los forofos de la calabaza o de la sandía. Los huertos comunitarios han ganado popularidad en la pasada década (1990-2000) y el terreno a menudo está sujeto a impuestos. Debes estar preparado para pagar un abono anual que vaya aumentando a menudo.

El cultivo silvestre, por otro lado, es libre y, aunque no sea ilegal en ciertas comunidades, puede ser multado o tener que pagar un arancel. Para este estilo de jardinería, busca un terreno sin cultivar (cerca de un edificio público vacío, un área cerca del ferrocarril, etc.) y cultiva tus plantas allí. Este proceder ha ganado popularidad en Gran Bretaña, donde los islotes de terreno son escasos, y lo mismo ocurre en EE.UU. No sólo embellece áreas abandonadas, sino que también es una gran fuente de plantas silvestres y atrae a las abejas melificadoras y a otras criaturas beneficiosas.

El beneficio espiritual del cultivo silvestre puede ser de gran alcance en una comunidad si se hace bien, pues da a las personas una prueba visual de que alguien cuida de ellas y del lugar donde viven. Si has leído el libro No place, de Kay Haugaard, verás cómo acciones positivas pueden llevar a grandes mejoras en una comunidad. Mediante el cultivo silvestre no estás solamente sembrando plantas, también estás sembrando un impulso moral en el vecindario.

La mayoría de jardineros urbanos optan por cultivar en recipientes. Siembra en una maceta y cultiva en el interior, salvo que dispongas de un balcón o un patio. Si puedes conseguir una jardinera de ventana, hazlo. Tanto dentro como fuera de casa las plantas mejoran la calidad del aire. El cuidado de las plantas es bastante sencillo; realiza agujeros de drenaje en tus contenedores, utiliza una tierra de calidad y crea tu propio compost o recurre a un abono ecológico para que tus plantas sigan creciendo. Si tienes plantas dentro de casa, introdúcelas en grandes envases de plástico o en boles de cerámica para evitar que se desborden en la alfombra.


Las plantas que consumes

Ya utilizas condimentos cada día. Cuando cocinas puedes espolvorear romero para sazonar el pollo, o añadir pimienta a tus patatas horneadas. Estos ingredientes enriquecen tu dieta y añaden también vitaminas y minerales a tus alimentos para que sean más sabrosos y nutritivos.

La manera más sencilla de utilizar las plantas consiste en consumirlas. Las añades a tu comida para ingerir sus propiedades. Puedes hacer tés a base de plantas comestibles para beneficiarte directamente y con pocas calorías de sus propiedades mágicas o puedes quemarlas directamente para respirar sus propiedades. Todo esto se debe hacer con precaución y con la ayuda de una guía de plantas tal como The Herb Book, de John Lust.

Si eres cocinera, ya debes tener muchas plantas a mano para aderezar tus platos. Puedes despertar sus propiedades mágicas con una sencilla oración mientras añades las plantas a la comida que preparas, al remover o espolvorear. En busca de la prosperidad, por ejemplo, si añades un toque de canela al chocolate caliente (asociado a la riqueza y la prosperidad), obtendrás una taza de lujo. Si deseas resolver rápidamente un problema doméstico, potencia con jengibre un aliño casero para la ensalada. Si tienes que negociar un asunto de trabajo, llévate una lata de ginger ale, que puedes tomar a sorbos durante la reunión.

Los tés, especialmente las infusiones de hierbas medicinales destacan como bebidas de salud. Ciertamente lo pueden ser y hay que consultar a los profesionales de la medicina y a los herboristas competentes. Las infusiones tan como las conocemos, a menudo exigen reunir ingredientes que no siempre están listos y esperando en nuestra estantería de las especias. Mientras la planta no sea tóxica puede entrar en la composición de una infusión. Algunas hierbas populares son las ortigas, para la sensación de equilibrio; la manzanilla, porque su dulzura da sensación de calma; el jazmín por su fragancia excepcional y la hierba de san Juan, porque realza la visión interior. Quizá desees cultivar tus propias plantas para infusión, una planta a la vez, o conseguirlas de un buen herborista o una casa de tés. Combina las plantas según las propiedades deseadas y colócalas en una bolsita para té o colador y vierte agua para que hierva unos siete minutos. Retira la bolsita y habla directamente con el té, explicando qué quieres que te transmita. Luego, en un lugar tranquilo y meditativo, toma el té mientras sientes tanto como sea posible, cómo se convierte en parte de tu cuerpo.

Las plantas para quemar deben tratarse con igual precaución que las comestibles. Evita quemar plantas conocidas por ser picantes, como la pimienta y el chile. Evita también las que tienen reputación de alucinógenas. Casi todas las hierbas que utilices para hacer infusiones se pueden quemar para realzar la magia de tu hogar o de tu círculo; espolvorea sólo un pellizco encima de un carbón incandescente, que puedes conseguir fácilmente. Hazlo con la ventana abierta y mucha ventilación; quizá tú adores el incienso, pero tus invitados no.

Las plantas siguientes son excelentes como incienso y tienen efectos específicos.

Canela: Aporta prosperidad y, si te gusta, su olor es fabuloso.

Pieles de ajo: Puedes reutilizar la piel de los ajos cuando los pelas para sazonar un plato. Quema las pieles para añadir energía protectora/exorcismo a tu entorno.

Romero: Perfecto para limpieza y protección y proporciona una sensación de frescor.

Hierba de gato: Añade relajación al hogar. Quizás no sea una buena idea si tienes gatos y bonitos muebles.

Mejorana: Otra planta ideal para desterrar y añadir un aire de protección al quemarse.

Las hierbas son muy flexibles en sus aplicaciones mágicas. Lo que tienes aquí son ideas para empezar, conceptos básicos con los que trabajar en relación con el cultivo, así como con encontrar y utilizar plantas. Con ayuda de una buena guía de plantas de campo para comprobar las contraindicaciones, podrás realizar maravillas con las plantas y convertir tu hogar en un entorno realmente mágico.

Diana Rajchel

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