El espacio es una necesidad del alma; en la inmensidad respira, se dilata y se regocija. Limitadla y se ahoga, languidece y se marchita.
Y esto es lo que ocurre a los humanos que se dejan absorber por todos los detalles materiales de la vida cotidiana sin tomarse un minuto para sumergirse en la inmensidad. Porque el alma sufre por haber tenido que aceptar los límites de un cuerpo.
Un niño cuando nace es un alma que se limita, y esta limitación es indispensable para permitir la manifestación. Pero en el momento de la muerte, el alma regresa hacia la inmensidad. La vida está formada por estos dos procesos, la limitación y la dilatación; y para llevar una vida equilibrada, debéis saber aplicarlos a vuestra existencia.
Entráis en vuestro fuero interno para uniros al universo, al Alma universal… después volvéis a limitaros para trabajar. Pero no permanezcáis demasiado tiempo en la limitación, porque si no os aburriréis y sufriréis. Pensad en abriros a la inmensidad.