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jueves, 16 de abril de 2026

El país Azulimón

Nunca has estado,

nunca lo viste

pero ahí está, eso seguro,

¡Azulimón existe!

 

Un país lejos de todo,

un país cerca de nada

pintado siempre de azul,

de limón y de naranja.

 

Farolas celestes, bombillas de plata,

mascotas rebeldes con nata en las patas,

barquitos merengues siempre en la playa,

ciudades endebles con forma de tarta.

 

Nunca has estado,

nunca lo viste

pero ahí está, eso seguro,

¡Azulimón existe!

Barbijaputa

viernes, 30 de enero de 2026

El hada de los niños

De su lejano reino, volando silenciosa,
El hada de los niños, más bella que una rosa,
Llega toda vestida de luz, y coronada
De ardientes amapolas. ¡Oh misteriosa hada!
De sueños mil felices su rostro brilla lleno,
y del dormido infante sobre el rostro sereno
Se inclina vaporosa, va acariciando leve
Los dorados cabellos con su mano de nieve,
Bajo la sombra quieta de la tierna pupila
Visión rauda de ensueños en tumulto desfila.
Pasan en gran cortejo muñecas sonrientes,
Soldados diminutos, de armaduras lucientes,
Prados de flores llenos, y blancos corderillos,
Osos de piel de seda, alegres geniecillos,
Caballitos enanos, mariposas gigantes,
Países misteriosos y trompetas sonantes.

miércoles, 21 de enero de 2026

EL FILO DE LA NOCHE

Atrapar el filo de la noche,

caminando entre el Sol y las sombras,

es encontrar el lugar donde se acaba

la realidad y empieza la magia.

En un tiempo que no es un tiempo,

avanza suavemente, avanza lentamente,

y espera vislumbrar

lo que está más allá.

clip_image002 Elizabeth Barrette

jueves, 13 de noviembre de 2025

EL CIPRÉS DE SILOS

Enhiesto surtidor de sombra y sueño

que acongojas el cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;

flecha de fe, saeta de esperanza.

Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,

peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce, firme,

qué ansiedades sentí de diluirme

y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,

ejemplo de delirios verticales,

mudo ciprés en el fervor de Silos.

Gerardo Diego

viernes, 24 de octubre de 2025

EL BURRO FLAUTISTA

Sin reglas de arte,

el que en algo acierta,

acierta por casualidad.

Esta fabulilla, 
salga bien o mal,
 
me ha ocurrido ahora
 
por casualidad. 
Cerca de unos prados
 
que hay en mi lugar,
 
pasaba un borrico
 
por casualidad. 
Una flauta en ellos
 
halló, que un zagal
 
se dejó olvidada
 
por casualidad. 
Acercóse a olerla
 
el dicho animal,
 
y dio un resoplido
 
por casualidad. 
En la flauta el aire
 
se hubo de colar,
 
y sonó la flauta
 
por casualidad. 
  «¡Oh! -dijo el borrico-:
 
¡qué bien sé tocar!
 
¡y dirán que es mala
 
la música asnal!».
 
Sin reglas del arte, 
borriquitos hay 
que una vez aciertan 
por casualidad.

Tomás de Iriarte

viernes, 12 de septiembre de 2025

ECHADO FRENTE AL MAR

Lengua proletaria de mi pueblo

la hablo porque sí, porque me gusta,

porque se me antoja, quiero y me da la gana;

porque me sale de dentro, allá del fondo

de una tristeza ácida que me inunda

al ver tantos necios destacados,

pequeños mequetrefes sin raíces

que al poner la corbata ya no saben

afirmarse en el amor de los antepasados,

hablar la lengua madre,

la lengua de los abuelos que están muertos,

y ser, con el rostro erguido,

marineros, labriegos del lenguaje

remo y arado, prosa y reja siempre.

La hablo porque sí, porque me gusta

y quiero estar entre los míos, con mi gente,

cerca de los hombres buenos que sufren largamente

una historia contada en otra lengua.

No hablo para los soberbios,

no hablo para los ruines y poderosos,

no hablo para los vanidosos,

no hablo para los estúpidos,

no hablo para los vacíos,

hablo para los que soportan reciamente

mentiras e injusticias sin cesar;

para los que sudan y lloran

un llanto cotidiano de mariposas,

de fuego y viento sobre los ojos desnudos.

No puedo apartar mis palabras

de todos los que sufren en este mundo.

Y tú vives en el mundo, tierra mía,

cuna de mi estirpe,

Galicia, dulce pena de las Españas,

tendida junto al mar, ese camino…

Celso Emilio Ferreiro

jueves, 4 de septiembre de 2025

PERFECCIÓN

Queda curvo el firmamento,

compacto azul, sobre el día.

Es el redondeamiento

del esplendor: mediodía.

Todo es cúpula. Reposa,

central sin querer, la rosa,

a un sol en cenit sujeta.

Y tanto se da el presente

que el pie caminante siente

la integridad del planeta.

Jorge Guillén

miércoles, 3 de septiembre de 2025

BEATO SILLÓN

¡Beato sillón! La casa

corrobora su presencia

con la vaga intermitencia

de su invocación en masa

a la memoria. No pasa

nada. Los ojos no ven,

saben. El mundo está bien

hecho. El instante lo exalta

a marea, de tan alta,

de tan alta, sin vaivén.

Jorge Guillén

miércoles, 27 de agosto de 2025

DOÑA PRIMAVERA

Doña Primavera
viste que es primor,
viste en limonero
y en naranjo en flor.


Lleva por sandalias
unas anchas hojas,
y por caravanas
unas fucsias rojas.


Salid a encontrarla
por esos caminos.
¡Va loca de soles
y loca de trinos!


Doña Primavera
de aliento fecundo,
se ríe de todas
las penas del mundo...


No cree al que le hable
de las vidas ruines.
¿Cómo va a toparlas
entre los jazmines?


¿Cómo va a encontrarlas
junto de las fuentes
de espejos dorados
y cantos ardientes?


De la tierra enferma
en las pardas grietas,
enciende rosales
de rojas piruetas.


Pone sus encajes,
prende sus verduras,
en la piedra triste
de las sepulturas...


Doña Primavera
de manos gloriosas,
haz que por la vida
derramemos rosas:


Rosas de alegría,
rosas de perdón,
rosas de cariño,
y de exultación.

-Gabriela Mistral

martes, 26 de agosto de 2025

DON'T QUIT (Traducción)

Cuando las cosas van mal, como algunas veces irán,

Cuando el camino que andas aparece cuesta arriba,

Cuando los fondos son bajos y las deudas son altas,

Y quieres sonreír pero debes suspirar,

Cuando el cuidado te está presionando un poco –

Descansa si debes, pero no te abandones.

 

La vida es extraña con sus revoloteos y vueltas,

Como todos nosotros algunas veces aprendemos,

Y muchas un tipo gira en retroceso

Cuando pudo haber ganado si se hubiera sostenido.

No renuncies aunque el paso parezca lento –

Podrías ganar con otro golpe.

 

Muchas veces el objetivo está más cerca

De lo que parece para un hombre atenuado y debilitado;

Muchas veces un luchador ha renunciado

Cuando pudo haber capturado la copa de la victoria;

Y aprendió muy tarde cuando la noche descendió,

Lo cerca que estuvo de la corona dorada.

 

El éxito es fracaso volteado de adentro hacia afuera –

La tinta plateada de las nubes de la duda,

Y cuando nunca puedes decir lo cerca que estás,

Puede estar cerca de lo que parece lejos;

Así que mantente en la pelea.

Cuando eres más fuertemente golpeado –

Es cuando las cosas parecen peores

Que no debes renunciar.

John Greenleaf Whittier

lunes, 18 de agosto de 2025

DONDE HABITE EL OLVIDO

Donde habite el olvido,

en los vastos jardines sin aurora;

dónde yo sólo sea

memoria de una piedra sepultada entre ortigas

sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje

al cuerpo que designa en brazos de los siglos,

donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,

no esconda como acero

en mi pecho su ala,

sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,

sometiendo a otra vida su vida,

sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,

cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;

donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,

disuelto en niebla, ausencia,

ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;

donde habite el olvido.

Luis Cernuda

martes, 12 de agosto de 2025

DOLORES

Dolores, costurera de mi casa,
añosa de mi casa, veja amiga;
era tu corazón crujiente miga
de pan; eran tus ojos lenta brasa

del horno dulce donde Dios Amasa
en bondad nuestros huesos, donde abriga,
con su insomne calor, al que mendiga
la sed de la humildad y el agua escasa.

En noble lienzo blanco entretejiste
mi amor y tu costumbre, y ahora siento
la túnica inconsútil de tus manos.

Una mañana, en soledad, dormiste;
aún infantil de risa el pensamiento,
aún negros los cabellos entrecanos.

Leopoldo Panero

lunes, 28 de julio de 2025

DICEN QUE NO HABLAN LAS PLANTAS

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros

ni la onda con sus rumores, ni con su brillo los astros.

Lo dicen; pero no es cierto, pues siempre, cuando yo paso,

de mí murmuran y exclaman: -Ahí va la loca, soñando

con la eterna primavera de la vida y de los campos,

y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,

y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.


-Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;

mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,

con la eterna primavera de la vida que se apaga

y la perenne frescura de los campos y las almas,

aunque los unos se agostan, y aunque las otras se abrasan.


¡Astros y fuentes y flores!, no murmuréis de mis sueños;

sin ellos, ¿cómo admiraros?; ni ¿cómo vivir sin ellos?

Rosalía de Castro

miércoles, 16 de julio de 2025

DESNUDA ESTÁ LA TIERRA

  Desnuda está la tierra, 
y el alma aúlla al horizonte pálido
 
como loba famélica. ¿Qué buscas,
 
poeta, en el ocaso?

  ¡Amargo caminar, porque el camino 
pesa en el corazón! ¡El viento helado,
 
y la noche que llega, y la amargura
 
de la distancia!... En el camino blanco
 
algunos yertos árboles negrean;

  en los montes lejanos 
hay oro y sangre... El sol murió... ¿Qué buscas,
 
poeta, en el ocaso?

Antonio Machado

sábado, 12 de julio de 2025

DESHACED ESE VERSO

Deshaced ese verso, 
Quitadle los caireles de la rima,
 
el metro, la cadencia
 
y hasta la idea misma.
 
Aventad las palabras,
 
y si después queda algo todavía,
 
eso
 
será la poesía.
 
La tangente
 
¿Y la tangente, señor Arcipreste?. ..
 
¿El radio de la esfera que se quiebra y se fuga?
 
¿La mula ciega de la noria, que un día, enloquecida, se liberta del estribillo rutinario?.. .
 
¿La correa cerrada de la honda, que se suelta de pronto para que salga la furia del guijarro?...
 
¿Esa línea de fuego tangencial que se escapa del círculo y luego se convierte en un disparo?
 
Porque el cielo... Señor Arcipreste, ¿sabe usted?,
 
No hay arriba ni abajo...
 
y la estrella del hombre
 
es la que ese disparo va buscando,
 
ese cohete místico o suicida, rebelde, escapado...
 
De la noria del Tiempo
 
como el dardo,
 
como el rayo,
 
como el salmo.
 
Dios hizo la bola y el reloj: la noria dando vueltas y vueltas sin cesar,
 
y el péndulo contándole las vueltas, monótono y exacto...
 
El juguete del niño, señor Arcipreste,
 
¡el maravilloso regalo!
 
Pero un día el niño se cansa del juguete y se le saca las tripas y el secreto
 
como a un caballito mecánico,
 
como a un caballito de serrín y de trapo.
 
Es cuando el niño inventa la tangente, Señor Arcipreste,
 
la puerta mística de los caballeros del milagro,
 
de los grandes aventureros de la luz,
 
de los divinos cruzados de la luz, de los poetas suicidas, de los enloquecidos y los santos
 
que se escapan en el viento en busca de Dios para decirle
 
que ya estamos cansados todos, terriblemente cansados
 
de la noria y del reloj,
 
del hipo violáceo del tirano,
 
de las barbas y las arrugas eternas,
 
de los inmóviles pecados,
 
de este empalagoso juguete del mundo,
 
de este monstruoso, sombrío y estúpido regalo,
 
de esta mecánica fatal, donde lo que ha sido es lo que será
 
y lo que ayer hicimos, lo que mañana hagamos.

León Felipe

viernes, 4 de julio de 2025

DESCANSA EN PAZ (A Teresa)

Bueno es el mundo, ¡bueno!, ¡bueno!, ¡bueno!
Como de Dios al fin obra maestra,
Por todas partes de delicias lleno,
De que Dios ama al hombre hermosa muestra;
Salga la voz alegre de mi seno
A celebrar esta vivienda nuestra:
¡Paz a los hombres!, ¡gloria en las altruas!
¡Cantad en vuestra jaula, criaturas!
                     (<María> por D. Miguel de los Santos Alvarez.)



¿Por qué volvéis a la memoria mía,
Tristes recuerdos del placer perdido,
A aumentar la ansiedad y la agonía
De este desierto corazón herido?
¡Ay!, que de aquellas horas de alegría
Le quedó al corazón sólo un gemido,
¡Y el llanto que al dolor los ojos niegan,
Lágrimas son de hiel que el alma anegan!

¿Dónde volaron, ¡ay!, aquellas horas
 
De juventud, de amor y de ventura,
Regaladas de músicas sonoras,
Adornadas de luz y de hermosura?
Imágenes de oro bullidoras,
Sus alas de carmín y nieve pura,
Al sol de mi esperanza desplegando,
Pasaban, ¡ay!, a mi alrededor cantando.

Gorjeaban los dulces ruiseñores,
El sol iluminaba mi alegría,
El aura susurraba entre las flores,
El bosque mansamente respondía,
Las fuentes murmuraban sus amores...
¡Ilusiones que llora el alma mía!
¡Oh! ¡Cuán suave resonó en mi oído
el bullicio del mundo y su ruïdo.!

Mi vida entonces, cual guerrera nave
Que el puerto deja por la vez primera
Y al soplo de los céfiros suave
Orgullosa despliega su bandera,
Y al mar dejando que a sus pies alabe
Su triunfo en roncos cantos, va velera,
Una ola tras otra bramadora
Hollando y dividiendo vencedora,

¡Ay! En el mar del mundo, en ansia ardiente
De amor volaba; el sol de la mañana
Llevaba yo sobre mi tersa frente,
Y el alma pura de su dicha ufana:
Dentro de ella, el amor, cual rica fuente
Que entre frescura y arboledas mana,
Brotaba entonces abundante río
De ilusiones y dulce desvarío.

Yo amaba todo: Un doble sentimiento
Exaltaba mi ánimo, y sentía
En mi pecho un secreto movimiento
De grandes hechos generoso guía.
La libertad, con su inmortal aliento,
Santa diosa, mi espíritu encendía,
Continuo imaginando en mi fe pura
Sueños de gloria al mundo y de ventura.

El puñal de Catón, La adusta frente
Del noble Bruto, la constancia fiera
Y el arrojo de Scévola valiente,
La doctrina de Sócrates severa,
La voz atronadora y elocuente
Del orador de Atenas, la bandera
Contra el tirano macedonio alzando
Y al espantado pueblo arrebatando.

El valor y la fe del caballero,
Del trovador el arpa y los cantares,
Del gótico castillo el altanero
Antiguo torreón, do sus pesares
Cantó tal vez con eco lastimero,
¡Ay!, arrancada de sus patrios lares,
Joven cautiva, al rayo de la luna,
Lamentando su ausencia y su fortuna.

El dulce anhelo del amor que aguarda
Tal vez, inquieto y con mortal recelo,
La forma bella que cruzó, gallarda
alla en la noche entre el medroso velo;
La ansiada cita que en llegar se tarda
Al impaciente y amoroso anhelo,
La mujer y la voz de su dulzura,
Que inspira al alma celestial ternura;

A un tiempo mismo en rápida tormenta,
Mi alma alborotada de continuo,
Cual las olas que azota con violenta
Cólera impetuoso torbellino;
Soñaba el héroe ya, la plebe atenta
En mi voz escuchaba su destino,
Ya al caballero, al trovador soñaba
Y de gloria y de amores suspiraba.

Hay una voz secreta, un dulce canto,
Que el alma sólo recogida entiende,
Un sentimiento misterioso y santo
Que del barro al espíritu desprende;
Agreste, vago y solitario encanto
Que en inefable amor el alma enciende,
Volando tras la imagen peregrina
El corazón de su ilusión divina.

Yo, desterrado en extranjera playa,
Con los ojos extáticos seguía
La nave audaz que argentada raya
Volaba al puerto de la patria mía;
Yo cuando en Occidente el sol desmaya,
Solo y perdido en la arboleda umbría,
Oír pensaba el armonioso acento
De una mujer, al suspirar del viento.

¡Una mujer! En el templado rayo
De la mágica luna se colora,
Del sol poniente al lánguido desmayo,
Lejos entre las nubes se evapora;
Sobre las cumbres que florece mayo,
Brilla fugaz al despuntar la aurora,
Cruza tal vez por entre el bosque umbío,
Juega en las aguas del sereno río.

¡Una mujer! Deslízase en el cielo
Allá en la noche desprendida estrella,
Si aroma el aire recogió en el suelo,
Es el aroma que le presta ella.
Blanca es la nube que en callado vuelo
Cruza la esfera que su planta huella,
Y en la tarde la mar olas le ofrece
De plata y de zafir donde se mece.

Mujer que amor en su ilusión figura,
Mujer que nada dice a los sentidos,
Ensueño de suavísima ternura,
Eco que regaló nuestros oídos:
De amor la llama generosa y pura,
Los goces dulces del placer cumplidos
Que engalana la rica fantasía,
Goces que avaro el corazón ansía.

¡Ay!, aquella mujer, tan sólo aquélla
Tanto delirio a realizar alcanza,
Y esa mujer tan cándida y tan bella
Es mentida ilusión de la esperanza:
Es el alma que vívida destella
Su luz al mundo cuando en él se lanza,
Y el mundo con su magia y galanura,
Es espejo no más de su hermosura.

Es el amor que al mismo amor adora,
El que creó las sílfides y ondinas,
La sacra ninfa que bordando mora
Debajo de las aguas cristalinas:
Es el amor que recordando llora
Las arboledas del Edén divinas,
Amor de allí arrancado, allí nacido,
Que busca en vano aquí su bien perdido.

¡Oh, llama santa! ¡Celestial anhelo!
¡Sentimiento purísimo! ¡Memoria
Acaso triste de un perdido cielo,
Quizá esperanza de futura gloria!
¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo!
Oh, mujer, que en imagen ilusoria
Tan pura, tan feliz, tan placentera,
Brindó el amor a mi liusión primera!

¡Oh, Teresa! ¡Oh, dolor! Lágrimas mías,
¡Ah!, ¿Donde estáis que no corréis a mares?
¿Por qué, por qué como en mejores días
No consoláis vosotras mis pesares?
¡Oh!, Los que no sabéis las agonías
De un corazón que penas a millares,
¡Ay!, desgarraron, y que ya no llora,
¡Piedad tened de mi tormento ahora!

¡Oh, dichosos mil veces, sí, dichosos
Los que podéis llorar! Y, ¡ay!, sin ventura
De mí, que, entre suspiros angustiosos,
¡Ahogar me siento en infernal tortura!
Retuécese entre nudos dolorosos
Mi corazón gimiendo de amargura...
También tu corazón hecho pavesa,
¡Ah!, llegó a no llorar, ¡pobre Teresa!

¿Quién pensara jamás, Teresa mía,
Que fuera eterno manantial de llanto
Tanto inocente amor, tanta alegría,
Tantas delicias y delirio tanto?
¿Quién pensara jamás llegase un día
en que, perdido el celestial encanto
Y caída la venda de los ojos,
Cuanto diera placer causara enojos?

Aún parece, Teresa, que te veo
Aérea cual dorada mariposa,
En sueño delicioso del deseo,
Sobre tallo gentil temprana rosa,
Del amor venturoso devaneo,
Angélica, purísima y dichosa,
Y oigo tu voz dulcísima, y respiro
Tu aliento perfumado en tu suspiro.

Y aún miro aquellos ojos que robaron
A los cielos su azul, y las rosadas
Tintas sobre la nieve, que envidiaron
Las de mayo serenas alboradas;
Y aquellas horas dulces que pasaron
Tan breves, ¡ay!, como después lloradas,
Horas de confianza y de delicias,
De abandono, y de amor, y de caricias.

Que así las horas rápidas pasaban,
Y pasaba a la par nuestra ventura;
Y nunca nuestras ansias las contaban,
Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura
Las horas ¡ay! huyendo nos miraban,
Llanto tal vez vertiendo de ternura,
Que nuestro amor y juventud veían
Y temblaban las horas que vendrían.


Y llegaron en fin.. ¡Oh! ¿Quién, impío,
¡Ay!, agostó la flor de tu pureza?
Tú fuiste un tiempo un cristalino río,
Manantial de purísima limpieza;
Después torrente de color sombrío,
Rompiendo entre peñascos y maleza,
Y estanque, en fin, de aguas corrompidas,
Entre fétido fango detenidas.

¿Cómo caíste despeñado al suelo,
Astro de la mañana luminoso?
Ángel de luz, ¿quién te arrojó del cielo
A este valle de lágrimas odioso?
Aún cercaba tu frente el blanco velo
Del serafín, y entre ondas fulguroso,
Rayos al mundo tu esplendor vertía
Y otro cielo el amor te prometía.

Mas, ¡ay!, que es la mujer ángel caído
O mujer nada más y lodo inmundo,
Hermoso ser para llorar nacido,
O vivir como autómata en el mundo;
Sí, que el demonio en el Edén perdido
Abrasara con fuego del profundo
 
La primera mujer, y, ¡ay!, aquel fuego
La herencia ha sido de sus hijos luego.

Brota en el cielo del amor la fuente
Que a fecundar el universo mana,
Y en la tierra su límpida corriente
Sus márgenes con flores engalana:
Mas, ¡ay!, huid: el corazón ardiente
Que el agua clara por beber se afana,
Lágrimas verterá de duelo eterno,
Que su raudal lo envenenó el infierno.

Huid, si no queréis que llegue un día
En que, enredado en retorcidos lazos
El corazón, con bárbara porfía
Luchéis por arrancároslo a pedazos;
En que al cielo, en histérica agonía,
Frenéticos alcéis entrambos brazos,
Para en vuestra impotencia maldecirle,
Y escupiros, tal vez, al escupirle.

Los años, ¡ay!, de la ilusión pasaron;
Las dulces esperanzas que trajeron,
Con sus blancos ensueños se llevaron,
Y el porvenir de oscuridad vistieron;
Las rosas del amor se marchitaron,
Las flores en abrojos convirtieron,
Y de afán tanto y tan soñada gloria
Sólo quedó una tumba, una memoria.

¡Pobre Teresa! Al recordarte siento
Un pesar tan intenso... Embarga impío
Mi quebrantada voz mi sentimiento,
Y suspira tu nombre el labio mío;
Para allí su carrera el pensammiento,
Hiela mi corazón punzante frío,
Ante mis ojos la funesta losa,
Donde, vil polvo, tu beldad reposa.

Y tú, feliz, que hallastes en la muerte
Sombra a que descansar en tu camino,
Cuando llegabas mísera a perderte
Y era llorar tu único destino;
Cuando en tu frente la implacable suerte
Grababa de los réprobos el sino...
¡Feliz!, la muerte te arrancó del suelo,
Y otra vez ángel te volviste al cielo.

Roída de recuerdos de amargura,
Arido el corazón sin ilusiones,
La delicada flor de tu hermosura
Ajaron del dolor los aquilones;
Sola y envilecida, y sin ventura,
Tu corazón secaron las pasiones;
Tus hijos, ¡ay!, de ti se avergonzaran,
Y hasta el nombre de madre te negaran.

Tus ojos escaldados por el llanto
Tu rostro cadavérico y hundido,
Unico desahogo en tu quebranto,
El histérico, ¡ay!, de tu gemido:
¿Quién, quién pudiera en infortunio tanto
envolver tu desdicha en el olvido,
Disipar tu dolor y recogerte
En su seno de paz? ¡Sólo la muerte!

¡Y tan joven, y ya tan desgraciada!
Espirítu indomable, alma violenta,
En ti, mezquina sociedad lanzada
A romper tus barreras turbulenta;
Nave contra las rocas quebrantada,
Allá vaga, a merced de la tormenta,
En las olas tal vez náufraga tabla,
Que sólo ya de sus grandezas habla.

Un recuerdo de amor que nunca muere
Y está en mi corazón; un lastimero
Tierno quejido que en el alma hiere,
Eco suave de su amor primero:
¡Ay! De tu luz, en tanto yo viviere,
Quedará un rayo en mí, blanco lucero,
Que iluminaste con tu luz querida
La dorada mañana de mi vida.

Que yo como una flor que en la mañana
Abre su cáliz al naciente día,
¡Ay!, al amor abrí tu alma temprana,
Y exalté tu inocente fantasía.
Yo, inocente también, ¡oh, cuán ufana
Al porvenir mi mente sonreía,
Y en alas de mi amor con cuánto anhelo
Pensé contigo remontarme al cielo!

Y alegre, audaz, ansioso, enamorado,
En tus brazos, en lánguido abandono,
De glorias y deleites rodeado,
Levantar para ti soñé yo un trono:
Y allí, tú venturosa y yo a tu lado,
Vencer del mundo el implacable encono,
Y en un tiempo sin horas y medida
Ver como un sueño resbalar la vida.

¡Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos
Aridos ni una lágrima brotaban;
Cuando ya su color tus labios rojos
En cárdenos matices cambïaban;
Cuando, de tu dolor tristes despojos,
La vida y su ilusión te abandonaban
Y consumía lenta calentura
Tu corazón al par de tu amargura;

Si en tu penosa y última agonía
Volviste a lo pasado el pensamiento;
Si comparaste a tu existencia un día
Tu triste soledad y tu aislamiento;
Si arrojó a tu dolor tu fantasía
Tus hijos, ¡ay!, en tu postrer momento,
A otra mujer tal vez acariciando,
Madre tal vez a otra mujer llamando.

Si el cuadro de tus breves glorias viste
Pasar como fantástica quimera,
Y si la voz de tu conciencia oíste
Dentro de ti gritándote severa;
Sí, en fin, entonces tú llorar quisiste
Y no brotó una lágrima siquiera
Tu seco corazón, y a Dios llamaste,
Y no te escuchó Dios, y blasfemaste;

¡Oh, cruel! ¡Muy cruel! ¡Matirio horrendo!
¡Espantosa expiación de tu pecado!
¡Sobre un lecho de espinas maldiciendo,
Morir el corazón desesperado!
Tus mismas manos de dolor mordiendo,
Presente a tu conciencia lo pasado,
Buscando en vano con los ojos fijos
Y extendiendo tus brazos a tus hijos.

¡Oh, cruel! ¡Muy cruel!... ¡Ah!, yo, entrentanto,
Dentro del pecho mi dolor oculto,
Enjugo de mis párpados el llanto
Y doy al mundo el exigido culto;
Yo escondo con vergüenza mi quebranto,
Mi propia pena con mi risa insulto,
Y me divierto en arrancar del pecho
Mi mismo corazón pedazos hecho.

Gocemos, sí; la cristalina esfera
Gira bañada en luz: ¡bella es la vida!
¿Quién a parar alcanza la carrera
Del mundo hermoso que al placer convida?
Brilla radiante el sol, la primavera
Los campos pinta en la estación florida:
Truéquese en risa mi dolor profundo...
Que haya un cadáver mas, ¡qué importa al mundo!

José de Espronceda

martes, 3 de junio de 2025

CUADRO

 

El mantel             jirón del cielo

es mi estandarte

y el licor del poniente

da su reflejo al arte.


Yo prefiero el mar cerrado

y al sol le pongo sordina

Mi poesía y las manzanas

hacen la atmósfera más fina


En medio la guitarra                 Amémosla


Ella recoge el aire circundante

Es el desnudo nuevo

venus del siglo o madona sin infante


Bajo sus cuerdas los ríos pasan

y los pájaros beben el agua sin mancharla


Después de ver el cuadro

la luna es más precisa

y la vida más bella


El espejo doméstico ensaya una sonrisa

y en un transporte de pasión

canta el agua enjaulada en la botella


Gerardo Diego

domingo, 1 de junio de 2025

CRISTALES

I

¡Afán triste de niño, aquel

afán de poseerlo

todo, de recrearme en todo, inmensamente,

gozando, en falso, mundos que creía de otros!

— ...|Y qué desidia mía,

sin el mundo de otros! —


II

Poco a poco, mi vida

fue adueñándose

del mundo que creía de los otros.

Las estampas aquellas de los libros,

fueron mar, tierra, cielo,

navegado, pisada, penetrado

por mí. El domingo lento —¡calle sola!—

del nostáljico pueblo, fue domingo

universal y alegre.


I I I

Hoy, alma, ¿qué no es mío?, ¿qué no es tuyo?

¿Qué verjas no se abren, qué muros no se rinden,

qué bocas no se llenan de palabras,

para ti?

¿Y estás triste,

y necesitas persuadirte de este

dominio tuyo, retornando

a aquellos días, ¡ay!,

en que sólo tenías

la ventana, el afán loco y el libro?

Juan Ramón Jiménez

sábado, 17 de mayo de 2025

ÁBREME EL COFRE SAGRADO...

 

Ábreme el cofre sagrado de tu silencio,

comparte conmigo desde lo que eres,

desde lo que vives,

desde lo que lloras y desde donde te alegras.

Sin palabras, sencillamente.