La
personalidad de Félix Rodríguez de la Fuente sigue siendo
controvertida 46 años después de su muerte.
Félix,
en 1973, con un delfín en Venezuela.
Recién
muerto el dictador Francisco Franco, hace 35 años, unos 18 millones
de españoles se sentaban cada viernes a las 21.00 delante del
televisor. En la España del "pájaro que vuela a la cazuela",
de La
escopeta nacional y
de las batidas contra las alimañas del bosque, más de medio país
se sentaba a escuchar una voz engolada que le hablaba de la
mentalidad social del lobo ibérico, de la velocidad del azor y de la
belleza del lirón careto.
Aquel
hombre de la ceja arqueada que inventó el ecologismo en España era
Félix Rodríguez de la Fuente. Hoy, cuando se cumplen 30 años de su
muerte, su personalidad sigue provocando discusiones. Como recuerda
el biólogo Miguel Delibes de Castro, colaborador del comunicador en
la redacción de la enciclopedia Fauna entre
1969 y 1972, Félix no era el mejor naturalista del siglo XX, como
decían algunos, ni un segundo San Francisco de Asís, como pensaban
otros, y tampoco un simple charlatánlistillo con
fortuna, como le pintaban sus críticos. Era, simplemente, "un
hombre excepcional, con muchas virtudes y muchos defectos".
El
creador de El Hombre y la Tierra utilizaba a Franco para conseguir
dinero
En
sus documentales, Rodríguez de la Fuente dejaba sin comer a una
gineta durante siete días para que luego atacara con saña a una
liebre de mayor tamaño. O soltaba a una manada de lobos ante un
rebaño de ovejas para filmar la matanza. Todo era artificial o, más
bien, era la naturaleza interpretando el papel de naturaleza. "No
se le puede acusar de mentir, porque nunca dijo que fueran animales
silvestres. Hay que ver los documentales con perspectiva porque,
aunque no decía cómo hacía el truco, eran fantásticos",
recuerda Delibes de Castro, ex director de la Estación Biológica de
Doñana.
El
segundo más famoso de España
Aunque
sus prácticas de entonces desaten la indignación de algunos
ecologistas de ahora, sus resultados dejan pocas dudas. A comienzos
de la década de 1980, el 70% de los biólogos admitía haber elegido
su carrera por culpa de El
Hombre y la Tierra,
la serie que lo encumbró definitivamente. Y, gracias a la nueva
sensibilidad ambiental creada por sus documentales, España fue el
primer país de Europa en aprobar medidas de protección para las
aves de presa.
No
era un santo ni un charlatán, sino "un hombre excepcional",
opina Delibes de Castro
Según
recuerda uno de sus compañeros de rodaje, el naturalista Joaquín
Araújo, Rodríguez de la Fuente se convirtió en "la segunda
persona más popular de España, después de Franco". Su ego se
hipertrofió. "He hecho más de doscientas películas de media
hora, tengo casi todos los premios nacionales de TVE y he participado
en seis premios internacionales, de los que gané cinco. En este
momento, mis series las ven alrededor de 700 millones de personas,
han sido exportadas a EEUU, Canadá, Japón, Alemania, la URSS,
Australia, y pronto las podrán ver 800 millones más, puesto que
vamos a ir a la República Popular China", presumía el propio
Félix en una entrevista alDiario
de Burgos unos
días antes de partir a Alaska, donde murió en un accidente de
avioneta cuando se preparaba para grabar la carrera de trineos
tirados por perros más importante del mundo.
Al
mismo nivel que Cousteau
"Sería
multimillonario, tendría mi avión y mi yate si el trabajo que
realizo en España lo hiciera en EEUU o en Japón. Estaría al mismo
nivel que Walt Disney o Cousteau. Además, este último tiene muchos
menos teles-pectadores que yo. Si realmente yo hubiera querido
hacerme multimillonario, no tenía más que haberme dedicado a lo que
profesionalmente soy, un médico odontólogo que acaba la carrera con
notas brillantes", explicaba el dentista reconvertido en
naturalista.
Delibes
de Castro recuerda una anécdota que define la personalidad de
Rodríguez de la Fuente. En una ocasión, leyendo un libro alemán,
el hoy investigador del CSIC se topó con la frase "he ordeñado
muchas vacas, pero el queso que he hecho es mío". Delibes de
Castro pensó que la cita entusiasmaría a Félix, porque entonces ya
se le criticaba por limitarse a divulgar el trabajo de otros. Y,
efectivamente, le encantó. Meses después, Rodríguez de la Fuente,
en medio de una conversación banal, le dijo a su pupilo: "Miguelito,
desde pequeño mi lema es: he ordeñado muchas vacas, pero el queso
que he hecho es mío". La frase ya era suya, desde siempre.
"Vivía sus sueños con tanto entusiasmo que los convertía en
realidad", rememora Delibes.
El
periodista Benigno Varillas presentó ayer la última biografía de
este animal de la comunicación,Félix
Rodríguez de la Fuente. Su vida, mensaje de futuro.
En el volumen, editado por La Esfera de los Libros, se pueden leer
facetas poco conocidas del naturalista, como su amistad con el
dictador que gobernó España hasta 1975. "Félix utilizó
constantemente a Franco y, después, al rey", asegura Varillas.
El periodista ha tenido acceso a un par de cartas enviadas por
Rodríguez de la Fuente al dictador. En una de ellas, de 1973, se
quejaba de que los ingenieros de montes del ICONA querían derribar
su centro de cetrería. A las pocas semanas, se empezaron a construir
unas nuevas instalaciones, más amplias y mejor dotadas, en la Casa
de Campo de Madrid. En 1970, protestó ante el dictador porque le
querían echar de la televisión. En seguida llegó su seriePlaneta
Azul.
"Félix escribía a Franco y, al cabo de un mes, ya tenía vía
libre para lo que pidiera", aclara Varillas.
Su
biografía dibuja un personaje sin vacaciones, sin aficiones, sin
vida social, completamente obsesionado por su única pasión: la
naturaleza, su trabajo. La Guerra Civil le pilló con 6 años. Hasta
los 9 no entró en una escuela. Creció salvaje, en el entorno de
Poza de la Sal, la aldea de Burgos en la que nació en 1928. "En
la agreste infancia de la meseta burgalesa, pedía a mis buenas
niñeras del páramo que me contaran una historia de lobos y con
estas historias me dormía, arrullado por la seguridad de la casa,
dulce y confortable", dejó escrito.
En
su investigación de las cartas, escritos y programas de radio y
televisión, Varillas descubrió "una persona que intentaba
evadirse de los procesos de domesticación, como la escuela, la
universidad o la mili". "Quería ser un nómada", dice
su biógrafo. Rodríguez de la Fuente demostró su capacidad de
persuasión en el servicio militar, cuando convenció a los mandos de
Valladolid para que recuperaran la cetrería. "Era capaz de
convencer a cualquiera, así que se pasó la mili adiestrando
halcones", narra Varillas.
La
última vez que Félix sedujo a alguien, según el periodista, fue
unas semanas antes de partir a Alaska. En aquella ocasión,
la víctima fue
el rey de España, Juan Carlos de Borbón. El naturalista tenía
problemas para financiar su viaje a Norteamérica y el monarca
desbloqueó los fondos. "A lo mejor es una leyenda",
explica Varillas. Pero, ayudado por el rey o no, su aventura acabó
con su avioneta estampada contra el suelo. "Qué lugar tan
hermoso para morir", dijo pocos minutos antes de subirse a su
mortaja.
MANUEL
ANSEDE