Tres cosas difíciles de hacer: enfriar el fuego, secar el agua y complacer al mundo.
Avalon
sábado, 21 de febrero de 2026
viernes, 20 de febrero de 2026
EL LEÓN QUE IBA A LA GUERRA
Cierto día, el león, rey de la selva, decidió comenzar una guerra en las tierras vecinas con el fin de extender su reino. Para poder llevar a cabo su idea, dio orden de reclutar a todos sus súbditos para prepara una gran tropa.
Al reunirlos a todos, les habló de su idea y comenzó a asignar a cada animal, según su naturaleza, un puesto dentro de su ejército. Así, escogió al elefante para llevar las armas en su lomo fuerte y amplio; el oso, por su gran tamaño, fue elegido para ir al frente del pelotón; al zorro le encargó la parte diplomática, y el leopardo, con su gran sigilo, entraría por la retaguardia para sorprenderlos.
Cuando la mayoría de los animales sabía cuál sería su misión, alguien dijo:
-Oh, mi rey. Yo recomendaría que no incluya ni a los burros ni a las liebres. El burro es poco astuto y la liebre es fácil de atemorizar.
El león, buscando con la mirada al que había dicho esas palabras, dijo:
-¡Estás equivocado! Por supuesto que serán parte de mi regimiento. Sin ellos no estaríamos completos. El burro será quien asuste al enemigo con sus rebuznos, y la liebre, por su rapidez, será quien entregue el correo.
Aprendamos de esta fábula que hasta una desventaja se convierte en virtud cuando es bien utilizada.
jueves, 19 de febrero de 2026
EL LEÓN ESTABA ENFERMO
El león estaba enfermo, le dolía la testai;
cuando sanó del mal, y la traía enhiestaii,
todos los animales, un domingo, en la siesta,
se fueron ante él para hacer una fiesta.
Allí estaba el burro, y lo hicieron juglar;
como estaba bien gordo, comenzó a retozar
tocando su tambor, y empezó a rebuznar:
al león y a los otros los quería atronar.
Harto de sus alardes, se puso el león sañudo,
y quiso despedazarlo, pero alcanzarlo no pudo;
tocando su tambor, se fugó de aquel feudo;
se sintió muy ofendido el león del orejudo.
El león dijo luego que lo perdonaría;
mandó que lo llamasen, que la fiesta honraría,
y que cuanto pudiese, todo le otorgaría;
la zorra juglaresca quedó en que lo traería.
Marchó la raposilla a donde el asno andaba
paciendo en un prado, y así lo saludaba:
“Señor”, dijo, “cofrade, vuestro toque alegraba
a todos, y ahora la reunión bostezaba.
Más vale vuestro estrépito y vuestro buen solaz,
vuestro tambor sonante, y el rebuzno tenaz,
que toda nuestra fiesta; no seas suspicaz.
El león allí te quiere, a salvo y en paz.”
Creyó aquellos halagos, y ocurrió lo peor:
a la fiesta volvióse bailando el cantador;
las mañas no sabía el burro del señor:
¡pagará el juglar recio el son de su tambor!
Como el león tenía secuaces preparados,
a don Burro prendieron; estaban avisados.
Al león lo trajeron: lo abrió por los costados.
Todos, de su mentira, quedaron espantados.
Mandó el león al lobo, de uñas tan parejas,
que le guardase al asno mejor que a las ovejas;
cuando el león traspuso una o dos callejas,
comióse el corazón el lobo, y las orejas.
Volvió el león hambriento, a comer preparado;
pidió al lobo el asno que le había confiado;
sin corazón ni orejas, trajólo desfigurado.
El león contra el lobo se puso muy airado.
Dijo el lobo que el asno así había nacido,
pues si corazón y orejas él hubiera tenido,
comprendiera sus mañas y no hubiese obedecido;
pero no los tenía y, así, había venido.
Así, señoras mías, entended el romance:
guardaos de amor loco, no os coja y alcance.
Abrid vuestras orejas; que el corazón se lance
al amor de Dios limpio; loco amor es mal trance.
Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
i Testa: Cabeza
ii Enhiesta: Alzada, esto es, cuando ya levantaba la cabeza
miércoles, 18 de febrero de 2026
PATATAS RELLENAS
Imagen orinentativa.
Come estas patatas para fortalecer tus defensas.
Ingredientes (4 raciones):
2 patatas grandes
8 champiñones blancos
½ cebolla amarilla
2 dientes de ajo
2 puñados de espinacas frescas
1/8 de cucharadita de sal
1/8 de cucharadita de pimienta
½ taza de crema agria
½ taza de queso chédar rallado
Preparación:
Hornea las patatas a 175º C (350ºF) durante 45-60 minutos hasta que estén tiernas.
Corta los champiñones en cuartos, pica la cebolla y machaca el ajo, visualizando cómo el aroma aleja cualquier energía negativa.
Imagínate con fuerza sobrehumana mientras desgarras las espinacas en trozos más pequeños. Sofríe las verduras en 1-2 cucharadas de mantequilla o aceite de oliva a fuego medio hasta que estén tiernas. Piensa en cómo las cualidades protectoras de los vegetales se intensifican mientras se cocinan.
Corta las patatas por la mitad y a lo largo. Extrae unas cucharadas del centro de cada patata y mézclalas con las verduras, la sal, la pimienta y la crema agria. Rellena cada mitad de patata con la mezcla y cubre con queso.
Gratina bajo el grill hasta que el queso se derrita.
Mientras comes, imagina un escudo protector rodeándote.
-Melanie Marquis
martes, 17 de febrero de 2026
EL LADRÓN CULPABLE
Cierta noche, un ladrón trataba de entrar por la ventana de una casa que intentaba robar, cuando cayó al suelo y se fracturó la pierna al romperse el alféizar.
Fue al juzgado para demandar al dueño de la vivienda y éste último dijo: “Demandad al carpintero que colocó la ventana”. El carpintero se excusó diciendo: “El constructor no hizo correctamente el hueco para la ventana”. Cuando compareció el constructor, éste dijo: “Mi falta fue causada por una hermosa mujer que pasaba mientras yo trabajaba en la ventana”. La mujer fue hallada y dijo: “Llevaba puesto un hermoso vestido aquel día. Normalmente nadie me mira. La culpa es del vestido que estaba astutamente teñido con franjas jaspeadas”.
“Ahora tenemos al culpable -zanjó ya cansado el juez-. Llamad al hombre que realizó el teñido y será considerado responsable por el daño sufrido en la pierna del ladrón”. Cuando lo encontraron resultó ser el esposo de la mujer, que era... ¡el mismo ladrón!
Esta historia nos enseña que culpar a los demás y a las circunstancias es una forma fácil de no asumir la propia responsabilidad. Y es que, si no nos hacemos cargo de nuestros errores, las cosas pueden acabar volviéndose en nuestra contra.
lunes, 16 de febrero de 2026
El jardinero
Pero, madre ¿Cómo quieres que esta mañana me dé cuenta de lo que hago cuando el Príncipe está a punto de pasar por delante de mi casa? ¿Qué peinado crees que debo hacerme? ¿Cómo piensas que debo vestirme para semejante ocasión?
Ya sé, madre, lo que vas a decirme; que él ni siquiera va a mirar a mi balcón, que pasará tan rápido como un suspiro, que todo será como una nota que se escapa llorando de una flauta… Pero el Príncipe va a pasar por delante de mi casa, madre, y para ese momento quiero engalanarme lo mejor que pueda.
Ya ha pasado el Príncipe, madre. ¡Cómo lucía la carroza bajo los rayos del sol! Yo aparté el velo que cubría mi rostro y tomé el collar de piedras rojas de mi cuello y lo arrojé a sus pies. Sí, madre. ¿Por qué te quedas mirándome? Ya sé que pasó tan rápido como el viento y que no volvió su cara para mirarme; ya sé que mi collar fue aplastado por las ruedas de la carroza y cuando él pasó no quedaba sino una mancha rojiza sobre el polvo; ya sé que nadie se dio cuenta de mi regalo, ni de a quién iba destinado… Pero ha pasado el Príncipe por delante de mi casa y yo le he dado, a su paso, lo que mejor que tenía.
R. Tagore