martes, 21 de abril de 2026

LA LIBERTAD

"¿Qué es mamá, la libertad?, me preguntaste.

La libertad, Verónica, la tan nombrada, la cantada despacio y a gritos, la de alas desplegadas y el espacio interminable por delante. 

La libertad... 

Y me quedé pensando (...)

La libertad es una cama caliente cuando hace frío.

Y el pan desmigándose sobre el vestido limpio. Es que llueva y nos mojemos si queremos mojarnos, pero si no queremos..., un buen techo, un buen suelo...

Elegir..., pero no solamente en lo abstracto, en lo ideal.

Elegir en la cosa cotidiana, eso pequeño y obvio que no tiene la dimensión mágica de la paloma, la rama de olivo y el laurel.
La libertad del niño que elige entre un zapato y una zapatilla, entre un caramelo y un chocolatín.

La libertad de la mujer que elige entre un hospital que queda cerca y otro que queda lejos... y en los dos hay algodón, y alcohol, y sábanas lavadas, no solamente la buena voluntad del médico, no solamente el humanitarismo de quien juró salvar vidas.

La libertad del hombre para usar las horas que le sobran después del trabajo..., en vez de buscar un nuevo trabajo, una nueva obligación..., porque si no, el salario no alcanza.

Cuando yo era pequeña como tú, la palabra libertad me llegaba envuelta en la bandera, sacudida por altísimas notas de pífanos y redobles sonoros de tambores.

Era, más que una verdad, una estatua.

Entonces..., yo creía más en los mapas que en el mundo: países pintados de celeste, de verde, de amarillo, ríos azules y montañas pardas..., puntitos para separar las provincias y anchas líneas para separar los países...

El mundo era un montón de casilleros, cada cual con sus hombres que no podían mezclarse ni juntarse con los otros.

La libertad era cuidar su propio casillero. 

Pero después conocí el mundo, y no encontré gruesas rayas ni puntos suspensivos trazados en la tierra, señalando los límites.
Pero después conocí hombres de distintos lugares, sabes, Verónica, y no tenían señales que los diferenciaran... y todos querían lo mismo: bienestar para ellos y sus hijos.

Y querían vivir.

Vivir, eso tan simple, eso a lo que tenemos derecho..., y que a tantos se les termina por falta de remedios, o por falta de techo, o por falta de pan.


Por eso mi libertad ha echado sus palomas al viento, y ha puesto los laureles, los mirtos y las ramas de olivo en un sencillo florero de la casa.


Porque si está limitada por un chico que muere injustamente por falta de las cosas esenciales, si está limitada por un chico que vende flores a la noche o lustra zapatos, o extiende su mano pidiendo... mi libertad no sirve para nada. 

Y la cedo a cambio de cualquier rigor que nos obligue a todos a mirar hacia los desposeídos, los desheredados, los dolientes.

La libertad de hacer crujir el pan, y de abrazarte, porque este abrazo entre un hijo y una madre, apretado y caliente, es el verdadero nombre de la libertad que debemos rescatar para el mundo." 

Poldy Bird, El País de la Infancia

jueves, 16 de abril de 2026

TURQUESA

La turquesa  estabiliza la calma y la claridad.

El país Azulimón

Nunca has estado,

nunca lo viste

pero ahí está, eso seguro,

¡Azulimón existe!

 

Un país lejos de todo,

un país cerca de nada

pintado siempre de azul,

de limón y de naranja.

 

Farolas celestes, bombillas de plata,

mascotas rebeldes con nata en las patas,

barquitos merengues siempre en la playa,

ciudades endebles con forma de tarta.

 

Nunca has estado,

nunca lo viste

pero ahí está, eso seguro,

¡Azulimón existe!

Barbijaputa

miércoles, 15 de abril de 2026

EL OJO

Dijo un día el ojo a sus compañeros:

-Veo más allá de esos valles una montaña envuelta en nubes. ¡Que montaña más solemne!

-¿Dónde está esa montaña que tú ves? –Interrogó el oído, después de haber escuchado las palabras del ojo-; yo no oigo su voz.

-En vano pretendo sentirla –adujo la mano-. Allí no hay montaña alguna.

-Nosotros no podemos comprender –objetaron las narices- cómo puede existir esa montaña sin que nosotras aspiremos su perfume. Por tanto, no hay tal cosa.

Miró el ojo hacia el otro lado del cielo, riéndose dentro de sí, mientras los demás sentidos fueron a reunirse en un conciliábulo, deliberando sobre el motivo que indujo al ojo a tamaño desvarío. Después de una minuciosa investigación, llegaron por unanimidad a esta conclusión:

El ojo, sin duda, ha perdido el juicio.”

Khalil Gibran

martes, 14 de abril de 2026

EL NOMBRE DE JEHOVA

El nombre de Jehová está formado por 4 letras hebraicas: Yod-He-Vav-He, y no solamente es el nombre de una divinidad, sino que expresa una ley cósmica que todos debemos respetar si queremos que las cosas nos funcionen.

            El Yod representa las semillas, sin las cuales nada puede crecer y desarrollarse. El He representa la tierra en la que las semillas deben enraizarse. El Vav representa el funcionamiento de lo plantado. Y el segundo He representa el futuro. El nombre nos dice algo que los campesinos entienden perfectamente, que para obtener el fruto es preciso plantar el árbol y esperar a que florezca. Pero este enunciado tan simple no suele ser entendido por el hombre en su comportamiento ordinario y muchos son los que esperan el fruto sin haber plantado aquello que debe darlo, o quieren obtenerlo sin esperar a que el tiempo realice su obra. Los que así proceden actúan como si no supieran pronunciar el nombre de Jehová; se comen las letras al saltarse las etapas. O bien no pronuncian el Yod, es decir, no plantan las semillas; o no pronuncian el He, es decir, abandonan el proyecto después de haberlo plantado y cultivado. No se trata, pues, de poder pronunciar un nombre, que esto está al alcance de todos, sino que en el proceder diario no se respetan las leyes que este nombre encierra. Este nombre debe ser pronunciado, no con la boca, sino con la actitud en la vida ordinaria.