lunes, 27 de abril de 2026

EL PERRO Y SU HUESO

Un perro muy hambriento caminaba de aquí para allá buscando algo para comer. Llevaba varias horas deambulando, pero no había tenido éxito y comenzaba a sentirse cansado por el esfuerzo de caminar tanto. Pero entonces, la suerte le sonrió, pues se encontró con una gran carnicería regentada por un generoso carnicero que, al verlo tan famélico, le tiró un hueso sobrante.

Llevando el hueso en el hocico, se fue tranquilo y feliz a cruzar el río para saborearlo mejor. Sin embargo, nada más meterse en el río, vio su reflejo en el agua y creyó, erróneamente, que lo que veía era otro perro con un hueso todavía más grande que el suyo, así que intentó arrebatárselo de un solo mordisco. Pero cuando abrió el hocico, el hueso que llevaba cayó al río y se lo llevó la corriente.

Y así fue como se dio cuenta de que estaba viendo su propio reflejo, y que había perdido el hueso más delicioso del mundo por querer coger algo que no era real y no le pertenecía.

Esta historia nos enseña que debemos ser felices con lo que tenemos y no envidiar lo de los demás.

domingo, 26 de abril de 2026

El pensamiento positivo

1. Mantente fresco cuando otros estén furiosos y pierdan la cabeza. Tienes el control sobre tus emociones, no lo pierdas. No se trata de no demostrar tu molestia, sino de hacerlo mesuradamente, sin después arrepentirte de una acción cometida en un momento de descontrol

2. Recuerda que cada discusión tiene al menos tres puntos de vista: el tuyo, el del otro y los de terceros, los cuales probablemente están más cerca de la objetividad. Siendo más versátil y viendo las cosas desde la perpectiva de los demás enriquecerás tu propio punto de vista.

3. Espera a calmarte antes de hablar. Ten en cuenta que la relación es más importante que la discusión. Dale más relevancia a las personas que a las opinones.

4. Trata a toda persona con la cual tengas contacto como si fuera un pariente rico, de quien esperas ser incluído en su testamento. Nunca te arrepientas de tratar muy bien a la gente. Es el mejor negocio en todos los sentidos.

5. Busca el lado positivo y agradable, aun de las situaciones más complicadas y dolorosas. Es una disciplina que te ayudadará a pasar más fácilmente, los momentos difíciles, y a convertir los problemas en oportunidades.

6. Establece el hábito de hacer preguntas y, sobre todo, de escuchar las respuestas. Pregunta antes de reaccionar. Algunas veces disparamos y después preguntamos. También preguntamos, pero escuchamos para contestar, y no para entender.

7. No hagas o digas nada que pueda herir o hacerle daño a otra persona. Aférrate al proverbio que dice que todo lo que uno haga, se devolverá. La gente no recuerda tanto lo que tú dices o haces, sino la intención con la que lo haces.

8. Sé consciente de la diferencia entre análisis amigable y crítica destructiva. Observa si el propósito de tus palabras es ayudar, desahogarte o hacer daño.

9. Ten presente que si toleras a los demás, ellos también serán pacientes contigo en los aspectos no muy gratos de tu personalidad.

10. El verdadero líder sabe reconocer sus errores y aceptar responsabilidad. No olvides que un conflicto bien manejado fortalece la relación y te ayuda a aprender de las diferencias.


El pensamiento positivo es una disciplina que, ejercitada con constancia, te dará el poder de cambiar tu entorno y, por consiguiente, tu vida.

sábado, 25 de abril de 2026

viernes, 24 de abril de 2026

jueves, 23 de abril de 2026

EL PATO Y LA LUNA

Un pato hambriento nadaba por el río en busca de peces, pero fueron pasando las horas y no había forma de dar con ninguno.

Armado de paciencia, decidió esperar a que oscureciera a ver si mejoraba su suerte y sucedió que, nada más entrar la noche, vio el reflejo de la luna en el agua. En ese momento pensó que, por fin, era un pez y se sumergió con celeridad para capturarlo.

Los patos que estaban a su alrededor vieron lo que éste acababa de hacer y empezaron a reírse y a burlarse de su compañero sin medida, algo por lo que sintió gran vergüenza y tristeza. No entendía por qué, los que había considerado amigos se comportaban con él de ese modo.

Desde entonces, el pato sintió tanto apuro y timidez que, incluso cuando estaba cien por cien seguro de que veía un pez bajo el agua, no hacía nada para capturarlo. De este modo, sin comida que llevarse al pico, acabó muriéndose de hambre.

Este breve cuento del escritor ruso León Tolstoi nos habla de las nefastas consecuencias del acoso, de cómo las opiniones y las acciones de los demás nos pueden llegar a hacer un daño irreparable.

miércoles, 22 de abril de 2026

El palacio flotante

Una radiante mañana el maharajá de Udaipur decidió que estaría muy bien tener un palacio en el cielo. Lo primero que hizo fue convocar a los mejores pilotos de cometas y desafiarles a pescar una nube sobre la que poder sostener su sueño. También llamó a los mejores cocineros del mundo para que lograsen un material tan ligero como su aliento con el que construir el palacio más bello del mundo

Allí acudieron todos. Los cocineros con un dulce ladrillo blanco hecho de aire y fino azúcar y los pilotos, tras investigar las técnicas de los pescadores, con la idea de usar agua como cebo para que si la nube no quedaba engatusada por la danza de sus cometas lo hiciese al probarla. Trajeron agua bendecida por hombres santos, agua de la nieve del Everest, del rocío de Kalimpong y de la lluvia de Gangotri, agua de los más recónditos manantiales y los más exóticos ríos, con ella empapaban sus cometas antes de echarlas a volar.

El maharajá fue inasible por las dificultades. Sus consejeros le dijeron que a su palacio se lo llevaría el viento y a él se le ocurrió ponerle timón, vela y ancla. Le dijeron que él mismo no podría sostenerse sobre la nube y consiguió que le hicieran unos zapatos flotantes. Eran ridículamente grandes, confeccionados con seda de araña y nubes de vapor de tetera y al más mínimo desequilibrio le hacían quedar colgando bocabajo mientras se le caía cuanto llevase encima. Tardó en acostumbrarse pero al final, salvo por algunos problemas de frenado, se deslizaba por los pasillos con gran habilidad.   

Así siguieron sus planes. Los pasteleros moldearon elefantes de mirada sabia y columnas tan profusamente decoradas que cada una parecía un pequeño jardín. Los pilotos de cometas desplegaron un asombroso festival de colores y movimiento por todo el cielo. Al atardecer, cuando aflojaba el calor, los niños de la ciudad se añadían al espectáculo con sus cometas caseras. No sólo lo hacían por la recompensa del maharajá, que hubiese cambiado sus vidas, sino también por la sensación de libertad que tenían en cuanto se tensaban los hilos. Era maravilloso que algo tan sencillo y pequeño pudiese llegar tan lejos. Fue uno de esos niños el que consiguió pescar a la nube. Su padre había construido su cometa de papel y su madre le había puesto una gota de perfume. Él volaba su cometa imitando a los pájaros de humilde nombre e intensa alegría que cuando un viento, que llevaba un rato encaprichado con sus cabellos, decidió llevarse su cometa a lo más alto. Tan alto que al niño se le acabó el hilo y tuvo que pedirle a un amigo. Tan alto que se perdió de vista y pareció que ya no regresaría pero cuando lo hizo trajo consigo una rolliza y hermosa nube. Tendríais que haberle visto volver a su casa con la nube siguiéndole al final de su cometa y una multitud rodeándole. Tendríais que haber visto la cara que puso su madre.

El maharajá nombró al niño piloto de cometas real y antes de que la nube se aburriese y se marchase logró que bajase lo suficiente para tender sobre ella una inmensa y suave sabana de seda. Un centenar de hombres la retuvieron mientras el maestro ingeniero colocaba y pegaba con jarabe de azúcar las piezas del gran puzzle en que los cocineros habían dividido el palacio. Pesaban tan poco que en sólo dos días estuvieron dispuestas y el maharajá pudo ver como desde las ventanas de su habitación bajo la gran cúpula central su reino abarcaba el horizonte.

Construyó una escalera de flores al lado de su lago favorito y allí ancló su palacio flotante. Era tal su belleza que la gente madrugaba para contemplar como se teñía de un delicado naranja con la primera luz del sol y el maharajá salía a saludarles un poco inconscientemente. Al anochecer encendía velas de ceniza y azúcar y el palacio parecía hundirse en el cielo. Los viajeros decían al regresar a su hogar que habían visto una maravilla y los habitantes de Udaipur sentían el orgullo de saberla suya.

Llegó la época del monzón. La nube se mantuvo un rato enroscándose sobre si misma  pero finalmente no pudo aguantarse las ganas y empezó a llover sobre el lago. El maharajá apenas tuvo tiempo de escapar por la escalera y contemplar como el palacio se iba deshaciendo lentamente en las tranquilas aguas del lago. Ninguno de sus consejeros consiguió separarlo de la orilla desde donde lloró amargamente su sueño perdido. Lo logró una familia que se sentó a comer cerca de donde él estaba. Bebieron agua del lago tomándola con deleite y sonrisa. La felicidad que reflejaban sus rostros conmovió al maharajá, que probó el agua y notó su dulzura a pesar de todas sus lágrimas. En aquel momento decidió construir un nuevo palacio sobre el lago, está vez de piedra. Aún hoy se puede ver en Udaipur y, aunque el agua ya no es tan dulce como entonces, hay familias que acuden a comer al lago y cuentan la historia del palacio flotante.

martes, 21 de abril de 2026