miércoles, 22 de julio de 2026

EL LADO OSCURO DE LA LUNA

Una de mis celebraciones favoritas para reunir al Coven o hacer magia yo sola es un ritual con “la cara oscura de la Luna”. ¿Por qué? Bueno, porque son diferentes. La energía es más intensa y la magia adquiere un tinte más dramático, personal y poderoso. Obviamente, trabajar o reunirse con el Coven en Luna Llena es una manera secular y clásica de festejar, pero quizás desees incluir un par de celebraciones en el período de la cara oscura de la Luna. Te sorprenderán las diferencias de energía e intensidad de la magia.

Técnicamente, la cara oscura de la Luna es el momento en que ésta no refleja el Sol. Como la luz solar se encuentra completamente detrás de la Luna en este período, ésta nos parece completamente negra desde la Tierra. Esa fase “oscura” dura aproximadamente tres días hasta que el fino hilo de la Luna creciente aparece muy bajo al oeste del cielo justo después del ocaso.

La Luna Nueva astronómica a veces se llama Luna Negra para evitar confusiones. Luna Nueva es cuando el Sol y la Luna están en conjunción, el tiempo a menudo señalado en los calendarios.

No obstante, en magia, la cara oscura de la Luna es un intervalo de tiempo que se delimita de forma menos rígida. Durante esos tres días encantados, tienes la oportunidad de ejercitar tus músculos mágicos y de aprender algo nuevo acerca de ti y de tu arte.

Cuando empecé a estudiar el arte hace muchos años, me dijeron que era mejor evitar hacer magia durante la cara oscura de la Luna. Yo, sin embargo, no tengo esa opinión. Esto sencillamente es ridículo. Disfruto con mi trabajo en cualquiera de las fases lunares, aunque debo admitir que la cara oscura de la Luna es algo más llamativa cuando se trata de llevar a cabo de un ritual, un hechizo o una celebración para despejar el desorden emocional y psíquico, eliminar negatividad y abrir paso a nuevos comienzos.

He advertido que durante la cara oscura de la Luna mis facultades psíquicas tienen un rendimiento pleno. Mi instinto es mejor y puedo dirigir y controlar la energía mágica con la misma soltura que con Luna Llena.

Esto se debe a que, durante la fase oscura de la Luna, todas las energías se caracterizan por estar orientadas hacia el interior (y esto es cierto para todo el mundo), lo que es perfecto para transformar y alejar lo que ya no se necesita: un mal hábito o una persona negativa en tu vida. ¿Algo o alguien te está frenando o deprimiendo? Es hora de eliminar tales obstáculos de tu camino. Anota lo que no necesites y deshazte de ello.

Con la atención psíquica orientada hacia tu persona y tus propias emociones y pensamientos, la fase de la cara oscura de la Luna es una oportunidad ideal para la exploración del alma, la reflexión y la profunda meditación, así como para acceder a nuestro lado oscuro. Todos tenemos un lado más oscuro; por tanto, aprovecha ese momento para conocerlo, ponerte de acuerdo con él y abrazarlo. Esto te ayudará a recuperar la confianza y construir tu fuerza psíquica, mágica y emocional.

Ese tipo de magia tiene un gran poder. Es la fase lunar de la bruja, un momento ideal para conectar con deidades como Morrigan, Lilith, Cerridwen, Neftis o Hécate. Si quieres aprender algo nuevo, aceptar tus propios retos y ampliar un poco más tus propios límites, vale la pena recorrer ese camino. No obstante, necesitarás algunas cosas antes de practicar magia durante la cara oscura de la Luna. Por cierto, estoy segura de que ya las posees.

Esas “cosas” son, de hecho, rasgos personales. Si deseas realizar rituales y magia durante esos momentos, necesitas valor, confianza y autocontrol. ¡Que se abstengan los brujos asustadizos! Vamos a estudiar esas cosas y a revisar los requisitos mágicos.

Valor: Nada de miedo. No hay lugar para el miedo en el arte. Si realizas magia para la transformación personal y permites que el miedo forme parte de ella, debilitas el encantamiento y limitas sus manifestaciones en el mundo físico. Procura ser práctico. Los bruscos altibajos de humor o realizar hechizos mientras estás enfadado o alterado son una gran estupidez. Enraízate, céntrate y estate tranquilo. Es el momento de subirte los pantys de gran bruja (o los calzoncillos de gran brujo) y actuar. Si no puedes estar tranquilo y atento, abstente de realizar magia poderosa, con independencia de la fase lunar.

Confianza: El estudio, el conocimiento y la experiencia edifican la confianza. Siempre sonrío cuando oigo decir a una bruja: “Practico la magia desde hace (tantos) años. Practico hasta que lo hago bien”. El hecho es que nunca dejamos de aprender en las artes mágicas. Es un estudio para toda la vida, o, como he oído decir: “para aprender magia debes estar con las manos en la masa”. ¡Es a la vez excitante y divertido! Sigue esforzándote, estudia y experimenta con tu arte. Comprueba adónde te lleva y descubre cuáles son tus especialidades. Descubrir tus puntos fuertes psíquicos individuales y tus talentos mágicos fomentará tu confianza. Explora tu propio talento y permite que crezcan tus puntos fuertes. Míralo así: hace falta ejercicio, esfuerzo y repetición para fortalecer un músculo. La magia es como cualquier otro músculo. Debes trabajarla para que sea más fuerte. Esto exigirá dedicación y esfuerzo. La confianza se construye con práctica, repetición y persistencia. Si eres constante, tu recompensa será un equilibrio que te hará sentir seguro de tus propias habilidades mágicas en cualquier circunstancia. La confianza es una fuerza hermosa y tranquila.

Autocontrol: Un gran poder entraña una gran responsabilidad. Esto no es sólo una frase de la película Spiderman. También es válida para los brujos. Acarreamos mucha potencia de fuego mágico y psíquico, y, por tanto, debemos ser responsables y tener autocontrol. No hay excusa ni justificación. Las verdaderas brujas han trabajado con ahínco, han estudiado su arte y se han esforzado en sus prácticas espirituales diarias. Conocen sus puntos fuertes y procuran tener control sobre ellas mismas y sus poderes personales en todo momento. Porque en realidad esa autodisciplina permite que la manifestación de cualquier cambio mágico sea progresivo, controlado y hermoso en su fuerza, especialmente durante la fase oscura de la Luna. Como entonces nuestra magia está orientada hacia el interior, sentiremos inmediatamente sus efectos. El autocontrol es algo exquisito y poderoso.


Hechizo para la cara oscura de la Luna

Éste es un encantamiento de cambio que puedes intentar en esta fase.

Equipo: Te sugiero encender velas votivas negras y disponer en tu altar flores frescas de color oscuro. Esparce algunos confetis estrellados en la superficie de trabajo o enciende tu incienso favorito. Lleva ropa de color índigo o negro y prevé para después del encantamiento un momento tranquilo y personal para meditar.

No dudes en personalizarlo a fin de hacerlo tuyo. Añade símbolos de las cosas, percepciones o personas molestas que quieres perder de vista. Por último, te sugiero que hagas el hechizo por la noche, al aire libre y bajo las estrellas. Este hechizo se puede adaptar para el Coven en lugar de hacerlo en solitario. No tienes más que sustituir la palabra “yo” por “nosotros” y “mi” por “nuestro”.


En esta poderosa hora, oh, Luna que se esconde

Trae sanación y nuevos comienzos mientras recito estas rimas.

Oh, Hécate, Lilith y Cerridwen,

Os invoco ahora. ¡Que empiece la magia!

¡Neftis y Morrigan, oíd mi llamada!

Haced que se transformen todas las cosas.

Esta Luna es oscura pero la magia sigue susurrando en el aire,

Invoco al cambio ahora, con confianza, valor y arte.

Las sombras y las estrellas potencian este hechizo,

Como es mi voluntad, que así sea, sin perjuicio para nadie.


Deja que las velas se consuman solas. Durante el resto de la noche, contempla los nuevos comienzos y las oportunidades que te esperan. ¡Feliz cara oscura de la Luna! Bendito seas.

Ellen Dugan

TAL DÍA COMO HOY...

Tal día como hoy, en 1981, nace Clive Standen.

¡HAPPY BIRTHDAY!

Tal día como hoy, en 1978, nace A. J. Cook.

LEO

martes, 21 de julio de 2026

EL HERBOLARIO URBANO

Los biólogos se maravillan de la persistencia de la vida. El impulso de propagarse es tan poderoso que cada año las plantas asoman por las rendijas de las aceras, de los aparcamientos y de los lugares de paso. Las plantas hacen valer su fuerza vital frente al cemento, el acero y los escombros. Para recolectar plantas no necesitas un campo libre, las puedes encontrar en las aceras de las ciudades si miras atentamente.

Cualquier ciudad tiene su vecindario vegetal. Un paseo por el distrito de almacenes de Minneapolis revela hierbabuena en un aparcamiento con gravilla, manzanilla salpicando el área divisoria entre la calle River Road y la avenida Washington y, más bien provocando la desesperación de los jardineros, cada primavera en el más diminuto cuadrado de césped florecerán los dientes de león. En ciudades más pequeñas de Minnesota, la equinácea y la verbena llenan las áreas divisorias de la autopista. El trébol emerge de los carriles del tren y de los descampados, esperando servir para algo.

Las plantas cumplen un papel esencial en la vida de la ciudad. Primero, alimentan el aire, pues cada planta emite oxigeno que desintoxica la contaminación producida por la calefacción de nuestros hogares y por el tráfico rodado. Aunque las plantas que crecen cerca de las autopistas muy transitadas no son buenas para recoger, siguen reduciendo las toxinas debidas al tráfico. Las plantas que se encuentran al menos a 3 metros de la calle son, en general, suficientemente seguras para ser recolectadas, según la calidad del agua subterránea. Como consumimos habitualmente plantas cultivadas en granjas que lindan con carreteras e incluso con autopistas sobrecargadas, supongo que los mismos principios se aplican a las plantas cultivadas en una ciudad.

Por supuesto es preciso usar el buen juicio y tender a la seguridad, pero si encuentras un matorral en un espacio público que esté a suficiente distancia de la carretera, recógelo. Intenta dejar las raíces para que la planta se renueve, así como suficiente planta entera para que produzca semillas cuando sea el momento. Déjale también un pequeño presente de gratitud. Un poco de tabaco o de compost casero asegurará su futuro crecimiento y la fertilidad del suelo, lo cual significa más plantas y aire fresco para todos.

Las plantas silvestres más comunes que se pueden buscar en las ciudades del Medio Oeste incluyen violetas, que se convierten en mermelada o regalo mágico; el trébol, que trae suerte y dulzura, y el diente de león, que propaga destellos de sol. Esas plantas se pueden ver asomando en las esquinas de los rascacielos o escalando las laderas empinadas de una rampa de acceso a la autopista. Incluso en la ciudad, vale la pena invertir en una pequeña guía de plantas, que resulta especialmente útil si lleva fotografías que muestren las diferentes fases de madurez.


Plantas que cultivas

El cultivo en recipientes es la primera opción del habitante urbano: puedes sembrar tus plantaciones en el exterior aunque no tengas terreno. Los inquilinos de casas o apartamentos pueden negociar con sus propietarios o apuntarse a un huerto comunitario. También es popular plantar en terrenos públicos sin usar, pero hay que estar preparado para ceder y abandonar si el propietario o la administración le asignan otro uso.

Un huerto comunitario es un trozo de terreno dentro de la ciudad que permite a varias personas cultivar plantas. Normalmente el terreno está dividido en pequeñas parcelas, una para cada jardinero, que planta lo que le parece adecuado mientras sus prácticas de abono y de control de parásitos no creen problemas a los demás. Es práctico si deseas cultivas plantas grandes, como hacen los forofos de la calabaza o de la sandía. Los huertos comunitarios han ganado popularidad en la pasada década (1990-2000) y el terreno a menudo está sujeto a impuestos. Debes estar preparado para pagar un abono anual que vaya aumentando a menudo.

El cultivo silvestre, por otro lado, es libre y, aunque no sea ilegal en ciertas comunidades, puede ser multado o tener que pagar un arancel. Para este estilo de jardinería, busca un terreno sin cultivar (cerca de un edificio público vacío, un área cerca del ferrocarril, etc.) y cultiva tus plantas allí. Este proceder ha ganado popularidad en Gran Bretaña, donde los islotes de terreno son escasos, y lo mismo ocurre en EE.UU. No sólo embellece áreas abandonadas, sino que también es una gran fuente de plantas silvestres y atrae a las abejas melificadoras y a otras criaturas beneficiosas.

El beneficio espiritual del cultivo silvestre puede ser de gran alcance en una comunidad si se hace bien, pues da a las personas una prueba visual de que alguien cuida de ellas y del lugar donde viven. Si has leído el libro No place, de Kay Haugaard, verás cómo acciones positivas pueden llevar a grandes mejoras en una comunidad. Mediante el cultivo silvestre no estás solamente sembrando plantas, también estás sembrando un impulso moral en el vecindario.

La mayoría de jardineros urbanos optan por cultivar en recipientes. Siembra en una maceta y cultiva en el interior, salvo que dispongas de un balcón o un patio. Si puedes conseguir una jardinera de ventana, hazlo. Tanto dentro como fuera de casa las plantas mejoran la calidad del aire. El cuidado de las plantas es bastante sencillo; realiza agujeros de drenaje en tus contenedores, utiliza una tierra de calidad y crea tu propio compost o recurre a un abono ecológico para que tus plantas sigan creciendo. Si tienes plantas dentro de casa, introdúcelas en grandes envases de plástico o en boles de cerámica para evitar que se desborden en la alfombra.


Las plantas que consumes

Ya utilizas condimentos cada día. Cuando cocinas puedes espolvorear romero para sazonar el pollo, o añadir pimienta a tus patatas horneadas. Estos ingredientes enriquecen tu dieta y añaden también vitaminas y minerales a tus alimentos para que sean más sabrosos y nutritivos.

La manera más sencilla de utilizar las plantas consiste en consumirlas. Las añades a tu comida para ingerir sus propiedades. Puedes hacer tés a base de plantas comestibles para beneficiarte directamente y con pocas calorías de sus propiedades mágicas o puedes quemarlas directamente para respirar sus propiedades. Todo esto se debe hacer con precaución y con la ayuda de una guía de plantas tal como The Herb Book, de John Lust.

Si eres cocinera, ya debes tener muchas plantas a mano para aderezar tus platos. Puedes despertar sus propiedades mágicas con una sencilla oración mientras añades las plantas a la comida que preparas, al remover o espolvorear. En busca de la prosperidad, por ejemplo, si añades un toque de canela al chocolate caliente (asociado a la riqueza y la prosperidad), obtendrás una taza de lujo. Si deseas resolver rápidamente un problema doméstico, potencia con jengibre un aliño casero para la ensalada. Si tienes que negociar un asunto de trabajo, llévate una lata de ginger ale, que puedes tomar a sorbos durante la reunión.

Los tés, especialmente las infusiones de hierbas medicinales destacan como bebidas de salud. Ciertamente lo pueden ser y hay que consultar a los profesionales de la medicina y a los herboristas competentes. Las infusiones tan como las conocemos, a menudo exigen reunir ingredientes que no siempre están listos y esperando en nuestra estantería de las especias. Mientras la planta no sea tóxica puede entrar en la composición de una infusión. Algunas hierbas populares son las ortigas, para la sensación de equilibrio; la manzanilla, porque su dulzura da sensación de calma; el jazmín por su fragancia excepcional y la hierba de san Juan, porque realza la visión interior. Quizá desees cultivar tus propias plantas para infusión, una planta a la vez, o conseguirlas de un buen herborista o una casa de tés. Combina las plantas según las propiedades deseadas y colócalas en una bolsita para té o colador y vierte agua para que hierva unos siete minutos. Retira la bolsita y habla directamente con el té, explicando qué quieres que te transmita. Luego, en un lugar tranquilo y meditativo, toma el té mientras sientes tanto como sea posible, cómo se convierte en parte de tu cuerpo.

Las plantas para quemar deben tratarse con igual precaución que las comestibles. Evita quemar plantas conocidas por ser picantes, como la pimienta y el chile. Evita también las que tienen reputación de alucinógenas. Casi todas las hierbas que utilices para hacer infusiones se pueden quemar para realzar la magia de tu hogar o de tu círculo; espolvorea sólo un pellizco encima de un carbón incandescente, que puedes conseguir fácilmente. Hazlo con la ventana abierta y mucha ventilación; quizá tú adores el incienso, pero tus invitados no.

Las plantas siguientes son excelentes como incienso y tienen efectos específicos.

Canela: Aporta prosperidad y, si te gusta, su olor es fabuloso.

Pieles de ajo: Puedes reutilizar la piel de los ajos cuando los pelas para sazonar un plato. Quema las pieles para añadir energía protectora/exorcismo a tu entorno.

Romero: Perfecto para limpieza y protección y proporciona una sensación de frescor.

Hierba de gato: Añade relajación al hogar. Quizás no sea una buena idea si tienes gatos y bonitos muebles.

Mejorana: Otra planta ideal para desterrar y añadir un aire de protección al quemarse.

Las hierbas son muy flexibles en sus aplicaciones mágicas. Lo que tienes aquí son ideas para empezar, conceptos básicos con los que trabajar en relación con el cultivo, así como con encontrar y utilizar plantas. Con ayuda de una buena guía de plantas de campo para comprobar las contraindicaciones, podrás realizar maravillas con las plantas y convertir tu hogar en un entorno realmente mágico.

Diana Rajchel

Tal día como hoy...

© David García Forés
Tal día como hoy, en 1951, nacía Robin Williams.

lunes, 20 de julio de 2026

El cuerpo como espacio sagrado

 

Los seres humanos somos criaturas olvidadizas: nos olvidamos de nuestras conexiones con lo divino y con los demás; olvidamos que la propia Tierra es un ser sagrado y que somos parte de él. Ante todo, nos olvidamos de nuestra santidad y de la santidad de toda vida, y así, nos olvidamos de tratarnos de acuerdo con ello.

Los ritos y las prácticas de la wicca son una manera de recordarnos eso. A través de sus instrumentos, su liturgia y su atmósfera, nos alejamos del árido materialismo del mundo moderno y reforzamos nuestra conexión con el espíritu. Nos colocamos en el centro del círculo, coronados por el humo del incienso y el amor de la divinidad y recordamos.

Una de las primeras cosas que aprendemos, o reaprendemos, es la noción de “espacio sagrado”. En la wicca hablamos del espacio sagrado en dos sentidos: nos referimos a la santidad de todo el espacio, de todo el mundo natural; y del espacio que consagramos a nuestros rituales y celebraciones. El primer sentido resulta difícil de comprender, por lo que creamos el segundo para demostrar que los dos son uno sólo. Existe, sin embargo, un tercer aspecto que la mayoría de nosotros tiende a pasar por alto, un tercer tipo de espacio sagrado: el nuestro propio.

En la cultura moderna no se nos enseña a considerar nuestro cuerpo como sagrado. Lo vemos como un proyecto en marcha, un enemigo, un obstáculo entre nosotros y nuestros deseos. Ya nadie es lo suficientemente delgado, bello o joven. Una industria multimillonaria alimenta la degradación del cuerpo en una mercancía que puede moldearse y modificarse como un puñado de barro. Nos inundan con imágenes del sueño imposible: la perfección física, algo improbable para casi todos, si exceptuamos un porcentaje minúsculo. Vivimos en la época de la mujer que parece un palo y del hombre con el cuerpo moldeado en el gimnasio.

El comercio tiene parte de culpa por esa actitud, pero su origen es más profundo, pues deriva de la forma en que percibimos el mundo. En las principales tradiciones religiosas a menudo se describe a Dios como un alfarero y al mundo como su vasija; Él le da forma, la hace girar, pero ésta es, en esencia, algo separado del Él. Históricamente, las religiones nos han dicho que nuestro cuerpo, al igual que sus necesidades engorrosas y terrenales, son algo que debemos trascender si hemos de alcanzar a Dios y, al mismo tiempo, nuestra cultura convierte la “perfección” de nuestro cuerpo en una obsesión. La mayoría de las personas están divididas en dos: el alma y el cuerpo. Y una y otro se miran con añoranza, desde la gran línea divisoria trazada por la represión y la privación.

Entonces surge una religión como la wicca, que pone patas arriba ese triste estado de cosas. La Diosa y el Dios son el universo, y existen tanto en su interior como más allá de él, y se manifiestan en cada partícula subatómica que gira alrededor de otra en el gran baile de la vida. El alfarero y la vasija son una sola cosa, por lo que debemos tratar la vasija con reverencia, no con desprecio. Desde esa perspectiva, ya no podemos disculpar la comercialización de lo que, para nosotros, es divino. El mundo físico es sagrado y bello. Eso incluye cada piedra, árbol, grillo, mono aullador, hoja de hierba, y hasta la última persona que lea estas palabras. Eso te incluye a ti.

El cuerpo es el don más precioso del Señor y la Señora. Sin él, no podríamos experimentar la vida; estaríamos privados de la gloria de la puesta del Sol, del sabor de la lluvia y del retumbar del trueno lejano. Casi todo lo que aprendemos, desde el nacimiento hasta la muerte, nos llega a través de los sentidos, y no de algún plano astral. Estamos hechos para alcanzar lo divino, no a pesar de lo físico, sino a través de lo físico. Nuestro cuerpo es un altar, un templo en sí mismo y de sí mismo, la combinación de los cuatro elementos infundidos con el espíritu.

Por supuesto, una cosa es decir que nuestros cuerpos son sagrados y otra muy distinta actuar en consecuencia. La mayoría de nosotros tratamos a nuestro cuerpo más como si fuera un parque de diversiones que un bosque sagrado; lo llenamos de comida basura y de sustancias químicas, circulamos con él sin proporcionarle suficiente descanso ni combustible, y lo empujamos a adoptar todo tipo de comportamientos de riesgo. ¿Cómo has cuidado de tu cuerpo últimamente? ¿Alimentas su llama sagrada, o haces de la noche día?

El cuerpo es un milagro viviente, millones de células en un concierto perfecto, cada una con su propia función, realizando un ballet con incontables operaciones por segundo. Tu cuerpo está impregnado por la esencia de la divinidad. La forma como lo tratas y lo alimentas es un reflejo de tu actitud hacia la naturaleza y hacia tus dioses.

Teniendo esto en mente, es parte de nuestro trabajo espiritual como seguidores de la wicca hacer las paces con ese animalito en que vivimos mientras dure nuestro paseo por la Tierra. Seguir un breve rito puede ayudarte a reivindicar la santidad de la piel en la que estás. Realízalo una vez, o llévalo a cabo siempre que lo necesites, y vuelve a conectarte a cada respiración con el espacio sagrado en que habitas.


Una afirmación de santidad

Lo único que necesitas para efectuar este rito es un frasco de aceite, de la fragancia que prefieras. La idea consiste en consagrarte a ti mismo como si fueras tu altar, así que, para empezar, báñate en agua caliente y con sales. Mientras lavas cada parte de tu cuerpo, imagínate que todos los sentimientos y las creencias negativas que has tenido con respecto a ella se disuelven en el agua. Fíjate sucesivamente en tu piel, tus músculos y huesos, y experimenta por un momento lo que siente tu cuerpo cuando lo maltratas y cuando lo tratas con reverencia. Medita brevemente acerca del trabajo que cada parte ha hecho por ti en esta vida. ¿Cuán lejos te han llevado tus pies? ¿Cuántos seres queridos se han recostado en tu hombro? ¿Cuántas canciones han pasado por tus labios?

Cuando hayas terminado, sécate y ponte delante de un espejo, preferentemente de cuerpo entero. Mira tu reflejo y recita:


Señora de la Luna, Señor de la Danza,

Que esculpiste la carne que uso en esta vida,

Dado que mis manos son tus manos

Y mi corazón, tu corazón,

Trae tu amor a este templo.

Atestigua esta bendición de mi cuerpo,

Préstame el valor de aceptarme tal como soy,

Y que tu presencia aquí pueda recordarme

Que yo soy tú,

Y que mi amor hacia ti es hacia mí y hacia todo lo que vive.

Bendito sea.


Una vez más, fíjate en las partes de tu cuerpo y úntalas con el aceite. Pronuncia en voz alta una afirmación de la santidad de cada parte del cuerpo, como por ejemplo: “Benditos son mis pies”. Puedes incluso extender la declaración para incluir atributos más específicos: “Benditos son mis pies, que caminan por el sendero de la verdad y la belleza”.

Hecho esto, tienes otras opciones. Puede que te sientas inspirado para bailar, ahondando aún más en la consciencia de tu cuerpo; es posible que te apetezca meditar, que la energía de la tierra suba hacia ti, o compartir la libación contigo y con los dioses. Haz lo que te sientas inclinado a hacer antes de agradecer al Señor y la Señora por su atención y terminar el rito. Lo importante es que, en los días siguientes, te vuelvas consciente de tu cuerpo en cuanto instrumento de curación y de cambios positivos en el mundo. El Dios y la Diosa se manifiestan a través de nosotros, y por lo tanto nuestro cuerpo es sagrado; recuérdalo cuando te encuentres con revistas repletas de supermodelos y de anuncios de píldoras para adelgazar. Recuérdalo cuando lleves la cabeza erguida, en lugar de dejar caer los hombros. Recuérdalo cuando te mires al espejo y verás la divinidad mirándote a ti.

Dianne Sylvan