sábado, 14 de marzo de 2026

El naturalista que quería ser Disney

La personalidad de Félix Rodríguez de la Fuente sigue siendo controvertida 46 años después de su muerte.

Félix, en 1973, con un delfín en Venezuela.

Recién muerto el dictador Francisco Franco, hace 35 años, unos 18 millones de españoles se sentaban cada viernes a las 21.00 delante del televisor. En la España del "pájaro que vuela a la cazuela", de La escopeta nacional y de las batidas contra las alimañas del bosque, más de medio país se sentaba a escuchar una voz engolada que le hablaba de la mentalidad social del lobo ibérico, de la velocidad del azor y de la belleza del lirón careto.

Aquel hombre de la ceja arqueada que inventó el ecologismo en España era Félix Rodríguez de la Fuente. Hoy, cuando se cumplen 30 años de su muerte, su personalidad sigue provocando discusiones. Como recuerda el biólogo Miguel Delibes de Castro, colaborador del comunicador en la redacción de la enciclopedia Fauna entre 1969 y 1972, Félix no era el mejor naturalista del siglo XX, como decían algunos, ni un segundo San Francisco de Asís, como pensaban otros, y tampoco un simple charlatánlistillo con fortuna, como le pintaban sus críticos. Era, simplemente, "un hombre excepcional, con muchas virtudes y muchos defectos".

El creador de El Hombre y la Tierra utilizaba a Franco para conseguir dinero

En sus documentales, Rodríguez de la Fuente dejaba sin comer a una gineta durante siete días para que luego atacara con saña a una liebre de mayor tamaño. O soltaba a una manada de lobos ante un rebaño de ovejas para filmar la matanza. Todo era artificial o, más bien, era la naturaleza interpretando el papel de naturaleza. "No se le puede acusar de mentir, porque nunca dijo que fueran animales silvestres. Hay que ver los documentales con perspectiva porque, aunque no decía cómo hacía el truco, eran fantásticos", recuerda Delibes de Castro, ex director de la Estación Biológica de Doñana.

El segundo más famoso de España

Aunque sus prácticas de entonces desaten la indignación de algunos ecologistas de ahora, sus resultados dejan pocas dudas. A comienzos de la década de 1980, el 70% de los biólogos admitía haber elegido su carrera por culpa de El Hombre y la Tierra, la serie que lo encumbró definitivamente. Y, gracias a la nueva sensibilidad ambiental creada por sus documentales, España fue el primer país de Europa en aprobar medidas de protección para las aves de presa.

No era un santo ni un charlatán, sino "un hombre excepcional", opina Delibes de Castro

Según recuerda uno de sus compañeros de rodaje, el naturalista Joaquín Araújo, Rodríguez de la Fuente se convirtió en "la segunda persona más popular de España, después de Franco". Su ego se hipertrofió. "He hecho más de doscientas películas de media hora, tengo casi todos los premios nacionales de TVE y he participado en seis premios internacionales, de los que gané cinco. En este momento, mis series las ven alrededor de 700 millones de personas, han sido exportadas a EEUU, Canadá, Japón, Alemania, la URSS, Australia, y pronto las podrán ver 800 millones más, puesto que vamos a ir a la República Popular China", presumía el propio Félix en una entrevista alDiario de Burgos unos días antes de partir a Alaska, donde murió en un accidente de avioneta cuando se preparaba para grabar la carrera de trineos tirados por perros más importante del mundo.

Al mismo nivel que Cousteau

"Sería multimillonario, tendría mi avión y mi yate si el trabajo que realizo en España lo hiciera en EEUU o en Japón. Estaría al mismo nivel que Walt Disney o Cousteau. Además, este último tiene muchos menos teles-pectadores que yo. Si realmente yo hubiera querido hacerme multimillonario, no tenía más que haberme dedicado a lo que profesionalmente soy, un médico odontólogo que acaba la carrera con notas brillantes", explicaba el dentista reconvertido en naturalista.

Delibes de Castro recuerda una anécdota que define la personalidad de Rodríguez de la Fuente. En una ocasión, leyendo un libro alemán, el hoy investigador del CSIC se topó con la frase "he ordeñado muchas vacas, pero el queso que he hecho es mío". Delibes de Castro pensó que la cita entusiasmaría a Félix, porque entonces ya se le criticaba por limitarse a divulgar el trabajo de otros. Y, efectivamente, le encantó. Meses después, Rodríguez de la Fuente, en medio de una conversación banal, le dijo a su pupilo: "Miguelito, desde pequeño mi lema es: he ordeñado muchas vacas, pero el queso que he hecho es mío". La frase ya era suya, desde siempre. "Vivía sus sueños con tanto entusiasmo que los convertía en realidad", rememora Delibes.

El periodista Benigno Varillas presentó ayer la última biografía de este animal de la comunicación,Félix Rodríguez de la Fuente. Su vida, mensaje de futuro. En el volumen, editado por La Esfera de los Libros, se pueden leer facetas poco conocidas del naturalista, como su amistad con el dictador que gobernó España hasta 1975. "Félix utilizó constantemente a Franco y, después, al rey", asegura Varillas. El periodista ha tenido acceso a un par de cartas enviadas por Rodríguez de la Fuente al dictador. En una de ellas, de 1973, se quejaba de que los ingenieros de montes del ICONA querían derribar su centro de cetrería. A las pocas semanas, se empezaron a construir unas nuevas instalaciones, más amplias y mejor dotadas, en la Casa de Campo de Madrid. En 1970, protestó ante el dictador porque le querían echar de la televisión. En seguida llegó su seriePlaneta Azul. "Félix escribía a Franco y, al cabo de un mes, ya tenía vía libre para lo que pidiera", aclara Varillas.

Su biografía dibuja un personaje sin vacaciones, sin aficiones, sin vida social, completamente obsesionado por su única pasión: la naturaleza, su trabajo. La Guerra Civil le pilló con 6 años. Hasta los 9 no entró en una escuela. Creció salvaje, en el entorno de Poza de la Sal, la aldea de Burgos en la que nació en 1928. "En la agreste infancia de la meseta burgalesa, pedía a mis buenas niñeras del páramo que me contaran una historia de lobos y con estas historias me dormía, arrullado por la seguridad de la casa, dulce y confortable", dejó escrito.

En su investigación de las cartas, escritos y programas de radio y televisión, Varillas descubrió "una persona que intentaba evadirse de los procesos de domesticación, como la escuela, la universidad o la mili". "Quería ser un nómada", dice su biógrafo. Rodríguez de la Fuente demostró su capacidad de persuasión en el servicio militar, cuando convenció a los mandos de Valladolid para que recuperaran la cetrería. "Era capaz de convencer a cualquiera, así que se pasó la mili adiestrando halcones", narra Varillas.

La última vez que Félix sedujo a alguien, según el periodista, fue unas semanas antes de partir a Alaska. En aquella ocasión, la víctima fue el rey de España, Juan Carlos de Borbón. El naturalista tenía problemas para financiar su viaje a Norteamérica y el monarca desbloqueó los fondos. "A lo mejor es una leyenda", explica Varillas. Pero, ayudado por el rey o no, su aventura acabó con su avioneta estampada contra el suelo. "Qué lugar tan hermoso para morir", dijo pocos minutos antes de subirse a su mortaja.

MANUEL ANSEDE

ENERGÍA EN ESPIRAL

Para energía en espiral, prueba a hilar lana o algodón, a mano, con un huso de gota.

viernes, 13 de marzo de 2026

EL MISTERIO DE LA CASA WINCHESTER


William Wirt Winchester (1837 -1881) fue el heredero de la Winchester Repeating Arms Company, la empresa creadora de los famosos rifles homónimos. Se casó con la bella Sarah Lockwood Pardee (1839-1922), que será la protagonista de nuestra historia, así como la extrañísima casa que se construyó, un proyecto sin fin que le llevó más de 38 años y que solo acabó con su muerte. Actualmente se ha convertido en una especie de parque temático del misterio, la Winchester Mystery House. Vamos a ver de qué trata esta movida…

Sarah nació en Connecticut en 1839 y en 1862 se casó William Wirt Winchester, el único hijo de Oliver Winchester, el propietario de la compañía Winchester Repeating Arms Company, a su vez heredero del fundador, Samuel Winchester. Pues bien, la pareja tuvo una vida realmente jodida, como demuestra el hecho de que su primera hija, Annie, nacida el 12 de julio de 1866, murió a las pocas semanas de nacer, haciendo entrar a su madre en una profunda depresión. Además no tuvieron más hijos.
 

En 1880 palmó Oliver Winchester y al año siguiente su hijo, Oliver, dejando a Sarah viuda, con 44 años, triste y hundida, pero con el 50% de la compañía, y con unos ingresos de unos 1.000 pavos diarios (de la época).
 

Estas desgracias no hicieron más que acentuar un desequilibrio mental que con los años se haría evidente.
 

Además, se empeño en buscar en lo sobrenatural la explicación para sus desdichas. Sentía que su familia estaba maldita y buscó consejo entre los espiritistas y médiums. Fue precisamente una de Boston la que dijo la cruda “realidad”: estaba maldita por culpa de los Winchesters, culpables de miles de muertes a causa de sus rifles durante la conquista del Oeste y la Guerra de Secesión. Así que decidió mudarse al oeste y hacer todo lo necesario para calmar a los espíritus malignos, construyendo una casa en la que vivirían ella y ellos, y que, según la médium, no podría dejar de construir nunca, pues moriría.

Si la casa nunca se terminaba, ningún fantasma podría instalarse en ella.

Así, en 1884, Sarah se mudó al oeste hacia California y compró una granja de ocho habitaciones con un terreno de 161 hectáreas (0,65 km2) en lo que hoy es San José, California.
 

Y comenzó la enfermiza construcción de la casa, dilapidando su herencia de 20 millones de pavos en un trabajo continuo de 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año durante los próximos 38 años, hasta que murió, supervisando personalmente todas las reformas… Sarah murió en 1922. La casa había llegado a tener entre 500 y 600 habitaciones, 160 cuartos, con 2000 puertas, 10.000 ventanas, 47 chimeneas, 47 escaleras, 13 baños y 6 cocinas… una locura.

En 1906 el terremoto de San Francisco la dejó atrapada varias horas en su habitación y destruyó parte de la casa. Misteriosamente decidió no reconstruirla, dejándola sin reparar. Pensaba que los espíritus estaban mosqueados porque había pasado demasiado tiempo trabajando en los cuartos delanteros… así que reanudó la construcción con nuevas habitaciones y estructuras.

Debido a la falta de un plan maestro y a la construcción constante, la casa se fue haciendo cada vez más grande y compleja, hasta el punto de que muchos de los operarios que trabajaban necesitaban un mapa para andar por la casa. Pero Sarah se conocía cada rincón de la casa, incluidos los objetos que había en cada habitación.

La cosa se ponía aun mas chunga por determinadas rarezas en la construcción: puertas que al abrirse dan a una pared, escaleras que no conducen a ninguna parte, escaleras en forma de Y, escaleras con numerosos escalones, pero de pocos centímetros de altura cada uno, una chimenea que se alza cuatro pisos, ventanas que dan a habitaciones o a paredes…

También tenía una notable obsesión con el número 13: hay 13 baños (al decimotercero se llega subiendo 13 escalones, y cuenta con 13 ventanas), todas las rejillas de desagüe tienen 13 agujeros, muchas ventanas están compuestas por 13 paneles, el pavimento de la entrada está dividido en 13 sectores, y en el dormitorio de Sarah hay un armario con 13 ganchos donde se colgaban 13 vestidos. Los que usaba durante sus sesiones de espiritismo. La lista de otros 13 es larga: 13 cúpulas de cristal, escaleras de 13 escalones, 13 partes en el testamento de la dueña de la casa, que fue firmado 13 veces.

Curiosamente, en una casa tan enorme, solo había dos espejos…

Pero las rarezas de esta señora no se quedan aquí: en la década de 1920 se pilló una casa flotante en la bahía de San Francisco, que llegó a ser conocida como el "Arca de Sarah", ya que la mantuvo supuestamente como un seguro por el miedo que tenia a una gran inundación, como la bíblica experimentada por Noé y su familia. Aunque la verdad es que en la época era común que los ricos se pillasen estas casicas flotantes. Fue destruida por un incendio en 1929.

La construcción se detuvo en la Casa Winchester cuando, el 5 de septiembre de 1922, Sarah falleció mientras dormía a la edad de 83 años.
 

Fue enterrada junto a su marido y su hijo difunto en el Cementerio Evergreen, New Haven, Connecticut.
 

Las pertenencias pasaron a su sobrina Frances Marriot, que se quedó parte y subastó casi todo, incluida la casa, que posteriormente se convirtió en una atracción para el público, ya desde 1923, cinco meses después de la muerte de Sara.
 

Desde entonces han surgido leyendas sobre fenómenos paranormales en la mansión. Hay quien afirma incluso que el espíritu de Sarah ronda por allí. También hay quien dice que la mujer era capaz de pasar a través de las paredes, pero esto tiene su origen en que había varios escondites secretos para controlar el trabajo del personal sin ser vista…

Mas info y fuentes por aquí:
 http://en.wikipedia.org/wiki/Sarah_Winchester, aquí:http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=823462, aquí: http://www.tudiscovery.com/guia_paranormal/lugares_embrujados/winchester/index.shtml, aquí: http://tiotaum.blog.com.es/2007/04/09/title~2059374/, aquí: http://en.wikipedia.org/wiki/Winchester_Mystery_House, aquí:http://www.winchestermysteryhouse.com/

Perpetrado por Oskarele

miércoles, 11 de marzo de 2026

COLECCIONA...

Colecciona platos estacionales para el altar, con flores primaverales, soles de verano, hojas otoñales y árboles invernales perennes.

lunes, 9 de marzo de 2026

El mensajero

Buah mamá, mira que lejos se puede ver.

 – Sí, las vistas hermosas son el más bello tesoro del viajero.

 – ¿Yo soy un viajero, mamá?

 – Claro que sí. Pero si sigues corriendo a mi alrededor te cansarás y tendré que volver a cargarte a la espalda.

 – ¡Así será más divertido!

 – Ahora te ríes pero cuando llegue la hora de repartir la comida me parece que mi parte será la más divertida.

 – Siempre lo es, porque eres mayor.

 – Ah, pero soy mayor porque soy la que más trabajo.

 – Entonces llévame una mijilla...

 – Vamos. Sube antes de que se me cansen los brazos.

 – ¡Yupi!

 – Eso...

 – Mamá, mamá. Viene un mensajero.

 – ¿Cómo lo sabes?

 – Allí, mamá. Allí se ven sus plumas blancas.

 – Pues vamos a dejarle paso...

 

 – ¡Nos ha sonreído!

 – Vaya. Era un buen mozo. Tomaremos un aperitivo en su puesto.

 – ¡Sí! Pero... No tendremos que darle mucho, ¿no?

 – No seas egoísta. Además seguro que su familia le ha preparado comida y tiene agua más fresca que nosotros y si no es así pues le habremos ayudado. Vamos, bájate.

 – Va muy deprisa.

 – Y volverá muy deprisa. Es su profesión.

 – Yo de mayor quiero ser mensajero.

 – Tienen que elegirte para eso. ¿Y porqué querrías serlo?

 – Para poder llevarte a ti cuando seas pequeña.