Los árboles son mágicos. La mayoría de las religiones del mundo, desde los tiempos antiguos a los modernos, desde Europa hasta América y el Lejano Oriente, tienen algún tipo de árbol sagrado. Suelen estar en el centro del panorama mitológico con sus ramas enlazando diferentes mundos y planos. A veces son abstractos, como en la cábala, con caminos enlazando esferas que representan conceptos abstractos. Otros son descritos en detalle y físicamente como Yggdrasil, el árbol del mundo en el mito nórdico que explica dónde crecen sus raíces, dónde alcanzan sus ramas y qué criaturas viven allí. Comparando religiones, encontramos algunos puntos comunes. Un tronco central uniendo el mundo superior y el inferior con la Tierra y ramas que alcanzan otros niveles. Otro tema recurrente es que alguna forma de maldad corroe sus raíces e intenta minar el árbol. Como reflejo, en el mundo humano, los árboles míticos sirven como lugar de reunión para dispensar justicia.
Los árboles están muy presentes en la historia de Gran Bretaña. Entre otros, está el olmo que se rompió en 1188 y el roble en el que se escondió el rey Carlos II en 1651 y sobre todo son muy abundantes en el folclore y en la sabiduría popular. Todo árbol nativo tiene su propia doctrina, desde los árboles espinos encantados que dan mala suerte si se cortan, hasta los robles regios y los tejos de los jardines parroquiales.
Un aspecto de la doctrina de los árboles que precisa más explicaciones es el del ogham, un alfabeto utilizado en tiempos célticos remotos. Sus letras están realizadas de trazos en cruz o a un lado de una línea central. A menudo se grababan en piedras tumbales (lápidas) o en los ángulos de piedras de lindes para indicar a los transeúntes en qué territorio estaban entrando. Además de formar parte de un alfabeto, cada letra está asociada a un árbol o una planta. La correspondencia entre letras y árboles es un tema de cierta controversia; sin embargo, existe cierto acuerdo en torno a una lista estable.
Las diez primeras letras se escriben a veces de abajo hacia arriba y, en este caso, los trazos aparecen en el lado opuesto. Las letras en latín de cada letra ogham son las primeras de cada nombre: B para Beth, L para Luis, etc. Las únicas excepciones son Ngetal, con sonido NG y Straif de sonido SS o SZ, similar a ese-zeta alemana.
Sean cuales sean tus creencias, es bueno hablar con los árboles en nuestra cultura. Hablándoles o escuchándoles vamos directamente a la fuente de la sabiduría.
En primer lugar, decide con qué tipo de árbol quieres hablar y por qué. Entre todos los que pone a tu disposición el clima local, la elección es tuya. ¿Hay algún tema que deseas explorar? Podrías elegir un árbol basándote en tus creencias o tu religión. Por ejemplo, si sigues un camino egipcio, puedes elegir un cedro que enlaza con la resurrección de Osiris y que podría instruirte acerca de la sabiduría interior y el simbolismo del mito. Puedes elegir un árbol y seguir su evolución a lo largo de las estaciones para sentir los cambios en su energía y en su entorno. Si en tu vida espiritual hay un área con la que deseas trabajar, busca en la lista ogham el árbol con los atributos que puedan ayudarte.
También puedes realizar el proceso inverso. Quizás pases a menudo cerca de un árbol con el que te gustaría hablar. A veces tu subconsciente decidirá que debes hablar con cierto árbol. El paso siguiente es identificar ese árbol. En la lista ogham encontrarás sus atributos mitológicos y lo que te puede enseñar.
Lo bueno es poder acceder al árbol siempre que quieras meditar con él. Lo ideal es un árbol especial en tu jardín donde puedas hablar con él en privado. Si estás trabajando con un árbol en un lugar público, para tu seguridad, te recomiendo ir acompañado. En el parque puedes sentarte cómodamente con la espalda pegada al tronco y cerrar los ojos. Lo más probable es que nadie te moleste intencionadamente, pero tener a alguien contigo que no esté meditando te ayuda a relajarte y a pasar a los otros reinos.
Digamos que has localizado tu árbol, que sabes más o menos lo que simboliza y lo que puedes esperar de él, ¿qué haces luego?
Antes de comenzar a hablar con un árbol, practica con la meditación en casa si es algo nuevo para ti. La meditación es el arte de despejar tu mente de todo pensamiento extraño y de preocupaciones. Es más difícil de lo que parece. Si es algo nuevo para ti, no te establezcas metas demasiado altas. Un buen punto de partida es si consigues permanecer un par de minutos quieto y tranquilo. No te propongas veinte minutos de una vez para no desanimarte.
Hay muchas maneras de meditar y excelentes libros sobre el tema. Una de mis técnicas favoritas es imaginar que cada preocupación o pensamiento es una burbuja que se aleja flotando en el aire. Cada vez que algo aparece en tu mente y te distrae, imagínalo atrapado en una burbuja que se lo lleva lejos de ti. Otra técnica sencilla es contar las respiraciones. No intentes alterar el ritmo de tu espiración y no te pongas un número como meta, sólo cuenta para dar a tu mente algo en lo que ocuparse.
Cuando has conseguido calmar a tu mente, coloca una mano contra el árbol. Recuerda que es un ser vivo, trátalo con respeto. Preséntate, mejor en tu cabeza si estás en un lugar público, y pregúntale si está de acuerdo en instruirte.
Después escucha y observa los pensamientos que te vienen a la mente. Si tienes una meta precisa, deja que esos pensamientos se manifiesten en tu mente. Por ejemplo, si quieres aprender más acerca del ogham, piensa en la letra, repite su nombre y reflexiona sobre su simbolismo. Recuerda que los árboles, por naturaleza, son mucho más lentos que los humanos. Ten en cuenta también la época del año. Puede ser difícil de conectar con un árbol, especialmente un de hoja caduca, en pleno invierno. Sin embargo, en primavera y verano, están más activos y, por tanto, es más fácil hablar con ellos.
Cuando sientas que has aprendido lo que querías del árbol, recuerda darle las gracias y, lo antes posible, toma apuntes en un bloc o en una grabadora. Es importante capturar lo máximo que puedas por el largo alcance de la vida de los árboles. Si trabajas durante meses o años, sólo verás patrones emergiendo de tus notas. También podrás comprobar en los libros los símbolos que recibes en estado meditativo cuando vuelvas a casa y deberías poder comprobar el humor y la sensación del árbol con el cambio de estación.
Cuando acabe cada sesión de trabajo tendrás cosas importantes que hacer. Primero comer y beber algo. Viajar a otros reinos o tan sólo soñar despierto con un árbol puede tener un efecto disociativo. Sobre todo, si estás en un lugar público, tienes que volver al mundo real. Comer y beber es muy físico y te ayudará a enraizarte. Lo segundo es hacer un regalo al árbol. Pienso que los árboles no desean recibir un ramo de flores en papel de celofán, ni cristales, ni monedas, ni cintas de colores. Lo que tiendo a dar a un árbol son cosas como un poco de agua o de vino o un buen puñado de compost. También puedes tomarte el tiempo de mirar alrededor y ver si puedes ayudarle de alguna manera, quizá recoger basura o quitar malas hierbas.
La mejor manera de explorar y saber más es experimentar. Para empezar tu viaje en el mundo de los árboles, lo único que necesitas es una bolsa con una guía para identificar árboles, un tentempié, un bloc de notas y algo para el árbol.
-Graham Miller