"Aceptar tu cuerpo no significa que no quieras adelgazar."
"No intento perder peso porque odio mi cuerpo, lo hago porque sé que será bueno para mi salud."
"Aceptar tu cuerpo no significa que no quieras adelgazar."
"No intento perder peso porque odio mi cuerpo, lo hago porque sé que será bueno para mi salud."
CIERRA LOS OJOS POR UN MOMENTO… así… y escucha el ruido del lejano viento… concéntrate… ¿lo oyes? Es como aquél rumor que nunca llegó a puerto…
¡No! ¡No los abras! Sólo escucha… bien… sshhhh… en silencio… ¿lo reconoces?
¿Sientes en la piel cómo la humedad envuelve de misterio cada árbol y cada rama?
Ven, dame la mano, caminemos un poco más entre la niebla…
Ahora huele el aire… profundamente… ¿te gusta? A mí me llena.
Huele a tiempos pasados y al humo de cada hogar. Y al dolor que infringen los dioses caídos, pero sobre todo, fíjate, huele a filos de espadas en alto… ¿no ves que huele a muertes mil veces vividas?... ¿lo notas? Respira, respira hondo… ummmm… sí, tienes razón, también huele a vida… porque huele a hiedra mezclada con su eterna piedra.
¿Tienes los ojos cerrados? No mires pero, ¿estás oyendo lo que yo oigo?
Viene de esa zona boscosa que tenemos enfrente.
Si me obligaran, juraría que son caballos al galope. Aunque bien podrían ser cuarenta damiselas rezando por sus amores… caballeros del pasado, caballeros ausentes.
Sube el escalón y siéntate con cuidado, no vayas a resbalar.
Cuando te lo diga, sal de la oscuridad… ¡ya!
¿Qué ves? ¿Qué sientes? ¿Qué oyes? Dime algo, amiga…
Me alegro que te guste. De nada, mujer. Gracias a ti.
Cuando creas que ando perdida, aquí me encontrarás. En el centro mismo de cualquier hoja, o de cualquier sitio. Donde los tiempos se confunden y los recodos de todos los caminos hablan el mismo idioma…
Aquí, en Roncesvalles. Lugar donde la magia dicta los destinos.
Queralt
Los vientos de setiembre alientan los cambios positivos y el volver a empezar; con frecuencia, este mes parece un nuevo comienzo, más incluso que el Año Nuevo. Cuando mi gato se llevó mi reloj, decidí sacarle partido a la sensación de cambio y verificar si podía aprender a sintonizar los ritmos de mi cuerpo con los del día, y vivir de forma más precisa. Al relajarme, descubrir los ritmos naturales del día y escuchar a mi reloj interno, mejoré mi calidad de vida.
Los primeros días sin reloj son parecidos a los primeros sin cigarrillos. El corazón se acelera; la tensión y la irritabilidad son la regla; los relojes de las tiendas y de los restaurantes te llaman la atención, y te conviertes en un contorsionista que intenta ver la hora en el reloj de los demás. ¿Qué hora es? Pensaba saberlo, y… en efecto, por lo general acertaba.
Aquí van algunas sugerencias:
Por la mañana, antes de levantarte, tómate unos minutos para respirar y encontrar tu centro. Deja que tus sentidos se expandan y te devuelvan los olores, los sonidos y la sensación del día. Dite: “Hoy va a ser un buen día”. Verifica mentalmente tu lista de cosas a hacer. Imagina qué hora es, date la vuelta y mira el reloj. Tras unos días, verás que sabes la hora con una diferencia de dos o tres minutos. Aún uso el despertador si necesito levantarme a una hora desacostumbrada para ir al aeropuerto, pero he verificado que, pensando antes de acostarme a qué hora quiero levantarme, me despierto un par de minutos antes de que suene.
Transforma tu rutina de las mañanas en un ritual. Haz las mismas actividades cada día en el mismo orden (cepillarte los dientes, las devociones matinales, hacer yoga, ducharte, vestirte, desayunar, leer el periódico, pasar un tiempo con la familia, etc.) y tu cuerpo desarrollará el ritmo de esas tareas. Eso dará más significado al inicio del día y armonizará tu vida espiritual con la mundana.
El clima, y la consciencia que tenemos de él, cambia en setiembre. El aire parece que huele y sabe distinto. Fíjate en esas modificaciones estacionales y en las pautas climáticas. No necesitas enterarte de qué tiempo hace por las noticias. Mira por la ventana, saca la mano, huele el aire, percibe si te duelen antiguas lesiones que anuncian cambios de tiempo, siente qué traerá el nuevo día. Cuanto más lo hagas, más exacta te volverás. Cuando los demás corren a tu alrededor sin paraguas, podrás ofrecerles cobijo, no porque leíste en alguna parte que iba a llover sino porque tu cuerpo te informó acertadamente qué podías esperar del tiempo.
Hay más horas de luz en verano que en invierno, y puedes despertarte más temprano con el cambio de luz del verano. ¡Disfrútalo! La mañana son unas horas bonitas, y podrás hacer más cosas. Si eres una persona más noctámbula que diurna, no te encierres tras las persianas bajadas. Deja que los cambios de luz y la energía natural te ayuden a establecer tu reloj interno. Todos tenemos un reloj interior: sólo debemos volver a aprender a usarlo.
Procura no oír música con los auriculares cuando viajes. Es una buena manera de apartarse de los ruidos y de las cosas indeseadas, pero al hacerlo te pierdes el significado de tu medio ambiente. En vez de aislarte del mundo, conéctate con él. Muchos de los que se quejan de soledad y aislamiento son personas que nunca se quitan los auriculares para escuchar el canto de un pájaro, o al músico de la calle.
Apréndete cuánto tiempo te lleva llegar a tus destinos diarios, y descomponlo en intervalos regulares. Tu cuerpo aprenderá cuándo ha de ponerse en movimiento hacia algo, y tendrá destellos de reconocimiento cuando alcances los mojones concretos del camino en sus momentos específicos. Eso proporciona mucha más seguridad que los números arbitrarios de la cara de un reloj.
Para las brujas, la conexión, la interacción y el flujo de energía forman parte de nuestro camino. Nuestros corazones laten con el ritmo definitivo y nos conectan con todos los demás ritmos. Somos capaces de aprender esos ritmos, y el presente giro de la rueda del año es un momento perfecto para empezar.
Cerridwen Iris Shea
Prueba estas hamburguesas para atraer el coraje.
Puedes comerlas solas o en pan de hamburguesa, con los condimentos y acompañamientos que prefieras, como lechuga, tomate, cebolla y mostaza.
Ingredientes:
2 tazas de frijoles negros enlatados o cocidos
2 cucharaditas de orégano
2 cucharaditas de pimentón
½ cucharadita de pimienta negra
½ cucharadita de sal
1 taza de arroz integral cocido
1 taza de avena
Preparación:
Escurre los frijoles negros y colócalos en un tazón.
Mezcla las especias, luego agrega el arroz y la avena. Machaca todo con un mortero o con el fondo de un vaso resistente. Mientras lo haces, imagina enfrentando con valentía cualquier desafío que se presente.
Deja reposar la mezcla unos minutos, luego calienta 1-2 cucharadas de aceite de oliva en una sartén a fuego medio-alto.
Toma ½ taza de la mezcla por cada hamburguesa, forma una bola y aplánala hasta que tenga un grosor de 1,30cm.
Fríelas en el aceite aproximadamente 1minuto por cada lado hasta que estén doradas y crujientes.
Se obtienen 4 hamburguesas.
-Melanie Marquis