La diosa felina Bastet constituye uno de los aspectos más enigmáticos de la gran diosa. No debe sorprender a nadie, puesto que entre los dioses egipcios (todos poseían algún tipo de naturaleza transfigurada) era común utilizar antropomorfismos tribales para unir cualidades animales y naturales al concepto de divinidad. Los recurrentes arquetipos de la vida salvaje (el león feroz, la oveja inocente, etc.) son el fundamento de las emblemáticas mezclas que dotaron a los dioses egipcios de las características más potentes de la fuerza de la vida salvaje. En el espiritualismo egipcio, se veneraba a los animales que cazaban o se domesticaban. Y ninguno era tan adorado como el gato.
Las primeras comunidades de humanos empezaron a domesticar animales cuando crearon centros agrícolas, comerciales y civilizados. La tendencia de los humanos al exceso y al despilfarro siempre ha atraído a los animales hasta nuestros campamentos para buscar comida. Los gatos fueron de los primeros animales domesticados en Egipto, y tuvieron una importante función en la protección y el éxito de la familia.
En el delta del Nilo vivía gran variedad de reptiles, pero la cobra resultó ser especialmente mortal. La necesidad de los reptiles de regular su temperatura corporal siempre los ha llevado a quedarse enroscados en los mismos rincones que a los niños tanto les gusta explorar. En el antiguo Egipto, los niños y los bebés eran particularmente vulnerables, y pocas veces sobrevivían a una mordedura de una cobra del delta. Los felinos, al ser depredadores naturales de las serpientes, fueron de los primeros animales domesticados para defender la casa.
La lealtad y la empatía de los gatos pronto los convirtió en una parte importante del antiguo hogar egipcio. Los antiguos egipcios, que honraban las fuerzas de la vida y la muerte en la naturaleza, vieron en el felino un depredador con causa y un defensor de los inocentes. No tardaron demasiado en identificar simbólicamente al gato con los niños y el nacimiento. La adopción de un gato por parte de una familia solía coincidir con el nacimiento de un niño y daba tanta tranquilidad a las familias del período dinástico (que empezó en el año 2920 a. C.), como el monitor cardíaco hoy en día. Los relajados instintos maternales de las gatas eran un símbolo del equilibrio de la naturaleza, al demostrar la ternura del depredador. Incluso el número de gatos de una camada ilustraba la prosperidad y los poderes creativos de la felina. También adoraban a la gata por su habilidad para producir gran cantidad de leche para alimentar a sus cachorros, lo que inspiró asociaciones de la abundancia y el atractivo sexual de los numerosos pechos caídos. A consecuencia de esto, la imagen y el simbolismo del felino se extendieron hasta incluir suerte y prosperidad, así como protección. Los gatos salvaban la vida de los niños y asustaban a los roedores, con lo que mejoraba la salud y la prosperidad del hogar. Proporcionaban una comunión emotiva y una vía de relajación al acariciarlos, en parte porque poseían unos instintos muy rápidos que hacía que pareciera que siempre caían de pie.
En un momento determinado, durante la primera época del período dinástico (2920-2575 a. C.), se fusionaron estas cualidades de todas las semidiosas tribales animales en la deidad arquetípica conocida como Bast o Bastet. En principio, aparecía representada como una mujer con la cabeza de leona. Bast significa “devoradora”. Una vez que el felino estuvo domesticado, Bastet también evolucionó y adoptó las amables y protectoras cualidades del gato. En el año 1000 a. C., Bastet se quedó con sus características felinas más cultivadas y se convirtió en una deidad popular muy asociada a los placeres, el perfume, las celebraciones, la música, el canto, el baile y la alegría.
Las asociaciones lunares con Bastet son griegas y se sacaron en un intento de relacionarla con Artemisa. No obstante, en principio Bastet estaba relacionada con el Sol y, a menudo, aparece representada con un dibujo de un escarabajo (otro símbolo solar), como señal de su carácter de protectora de Ra y, por extensión del faraón. Era la dama de la llama y la que impartía justicia entre los dioses egipcios. Nodriza y madre adoptiva de Anubis, Bastet también era el ojo de Ra. Se decía que viajaba con él en su bote de un millón de años mientra Ra completaba su viaje nocturno por el inframundo hacia el amanecer. Y fue precisamente durante este viaje nocturno cuando Bastet derrotó a Apep, la gran serpiente del inframundo, y salvó a Ra en un acto de justicia. Los egipcios consideraban que todos los gatos eran hijos de Bastet y, en su adoración naturalista, estos felinos gozaban de un lugar privilegiado en la cultura. A menudo les compraban lujosas y recargadas joyas como señal de gratitud y alabanza por su lealtad y por proteger a la familia.
Muchos adoradores de Bastet honraban a sus mascotas felinas como descendientes directos de la diosa. Se organizaban rituales funerarios para ellos y se les guardaba luto. Sacaban sus cuerpos de casa con gran respeto y los momificaban para garantizar la inmortalidad de su alma. En el delta del Nilo, cerca de la actual Zigazag, está Per-Bast, más conocida por el nombre griego de Bubastis. La ciudad era el núcleo del culto a Bastet y, en el centro, tenía un templo y un oasis dedicado a la diosa. Los gatos paseaban por el templo a sus anchas. Los cimientos estaban rodeados por dos canales que abastecían los extensos desarrollos agrícolas del distrito y servían para que Per-Bast fuera una isla artificial. La ciudad y el templo, reconocidos como dos de los grandes puntos religiosos de toda la historia de Egipto, eran venerados por el esplendor y la belleza de los canales.
Per-Bast era el centro para la momificación y los funerales de gatos. Las excavaciones de 1886 revelaron unos 300.000 gatos momificados, algunos de ellos incluso enterrados con lujosas ofrendas de piedras preciosas, joyas y delicados perfumes. Durante la XXII dinastía, Per-Bast se convirtió en la capital de Egipto y Bastet pasó a ser una deidad nacional y la defensora oficial de Egipto. Con el tiempo, aparecieron varias formas de Bastet. Sus asociaciones con el perfume surgieron a raíz de la práctica de la momificación, y el templo de Per-Bast se hizo famoso por sus laboratorios de perfumes y sus jardines de flores cultivadas. El perfume era una de las mejores exportaciones y con mayor demanda de Egipto y su uso en la momificación y el entierro era crucial para disimular el hedor de los cadáveres. En algunas de las tumbas que se han excavado, se ha descubierto hasta un metro de tierra impregnada con perfume.
Otros aspectos de Bastet la representan con sus cachorros. Las mujeres del antiguo Egipto utilizaban hechizos de Bastet para invocar la fertilidad y el embarazo. Uno de estos hechizos consistía en llevar un amuleto de la diosa y sus cachorros, tantos como hijos quisiera tener la mujer. A menudo, Bastet aparecía representada con una cesta de Nebit, símbolo del útero de la diosa. Se solía decir que la cesta tejida de Bastet contenía todas las cosas y era venerada como el útero del que todos procedemos. La diosa felina egipcia también aparecía representada jugando o sosteniendo el antiguo instrumento musical de metal conocido como sistro. El nombre de este instrumento significa “ejercer poder”, y se utilizaba para agitar el aire con vibraciones y despertar energías. Muchas culturas de la antigüedad veneraban el sonido como un elemento purificador. Se creía que las vibraciones del sistro atravesaban las energías estancadas y provocaban el movimiento. Esto facilitaba la separación de la energía negativa densa o acumulada y el aumento de las energías alegres y positivas.
Las ofrendas a Bastet eran infinitas, pero solían incluir vino, oro, joyas, música de sistro, perfume, cestas de Nebit tejidas y familiares momificados. Como diosa del hogar y la casa, era muy adorada, y muchos devotos peregrinaban hasta Per-Bast para presentarle ofrendas y conseguir que sus espíritus renacieran. A partir del año 500 a. C., el culto egipcio fusionó a Bastet con otras protectoras, entre ellas Mut (la madre), Uadyet (diosa protectora del Bajo Egipto, igual que Nejbet y Sejmet, las leonas protectoras del Alto y Bajo Egipto).
En la actualidad, Bastet es venerada por los paganos modernos y, para muchos, supone un vínculo con el misterio y la magia del antiguo Egipto.
En cierto modo, es la protagonista absoluta de un cómic de Marvel dedicado a ella y suele aparecer en la cultura popular y en las películas. Imágenes de la mujer gata forman ya parte de la psique global y sigue inspirándonos e intrigándonos. Esto se debe, en gran medida, a los aspectos enigmáticos de la gran diosa que representa Bastet.
El gato negro es un símbolo en muchas culturas y casi siempre está relacionado con el poder y la suerte, tanto la buena como la mala. Bastet es un ejemplo emblemático del poder femenino y la fertilidad. Como uno de los primeros animales domesticados, el gato apareció como una representación simbólica de la protección, la fertilidad, la riqueza y la magia. Imbuida de ferocidad e intuición, Bastet es la fuerza de la naturaleza más completa, un depredador con causa, pero se la venera como la madre de la abundancia, la música, el baile y la celebración y ejerce la función de protectora de las mujeres y los hijos. Bastet es la madre arquetípica que obtiene recursos de la abundancia de la tierra para manifestar las alegrías de la vida y el hecho de hacernos renacer con el tiempo.
Estha McNevin