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jueves, 19 de febrero de 2026

EL LEÓN ESTABA ENFERMO

 

El león estaba enfermo, le dolía la testai;

cuando sanó del mal, y la traía enhiestaii,

todos los animales, un domingo, en la siesta,

se fueron ante él para hacer una fiesta.

Allí estaba el burro, y lo hicieron juglar;

como estaba bien gordo, comenzó a retozar

tocando su tambor, y empezó a rebuznar:

al león y a los otros los quería atronar.

Harto de sus alardes, se puso el león sañudo,

y quiso despedazarlo, pero alcanzarlo no pudo;

tocando su tambor, se fugó de aquel feudo;

se sintió muy ofendido el león del orejudo.

El león dijo luego que lo perdonaría;

mandó que lo llamasen, que la fiesta honraría,

y que cuanto pudiese, todo le otorgaría;

la zorra juglaresca quedó en que lo traería.

Marchó la raposilla a donde el asno andaba

paciendo en un prado, y así lo saludaba:

“Señor”, dijo, “cofrade, vuestro toque alegraba

a todos, y ahora la reunión bostezaba.

Más vale vuestro estrépito y vuestro buen solaz,

vuestro tambor sonante, y el rebuzno tenaz,

que toda nuestra fiesta; no seas suspicaz.

El león allí te quiere, a salvo y en paz.”

Creyó aquellos halagos, y ocurrió lo peor:

a la fiesta volvióse bailando el cantador;

las mañas no sabía el burro del señor:

¡pagará el juglar recio el son de su tambor!

Como el león tenía secuaces preparados,

a don Burro prendieron; estaban avisados.

Al león lo trajeron: lo abrió por los costados.

Todos, de su mentira, quedaron espantados.

Mandó el león al lobo, de uñas tan parejas,

que le guardase al asno mejor que a las ovejas;

cuando el león traspuso una o dos callejas,

comióse el corazón el lobo, y las orejas.

Volvió el león hambriento, a comer preparado;

pidió al lobo el asno que le había confiado;

sin corazón ni orejas, trajólo desfigurado.

El león contra el lobo se puso muy airado.

Dijo el lobo que el asno así había nacido,

pues si corazón y orejas él hubiera tenido,

comprendiera sus mañas y no hubiese obedecido;

pero no los tenía y, así, había venido.

Así, señoras mías, entended el romance:

guardaos de amor loco, no os coja y alcance.

Abrid vuestras orejas; que el corazón se lance

al amor de Dios limpio; loco amor es mal trance.


Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

i Testa: Cabeza

ii Enhiesta: Alzada, esto es, cuando ya levantaba la cabeza

martes, 28 de octubre de 2025

EL CABALLERO CALVO

Un caballero ya entrado en años se había quedado calvo y, por este motivo, usaba peluquín. Un día decidió organizar una cacería con sus hijos y unos amigos, a la que éstos se apuntaron encantados.

Al llegar el día, parecía que la jornada iba a ir bien. Hacía un día espléndido, estaban cazando buenas presas... Sin embargo, todo cambió en apenas unos minutos. Y es que, de repente, se levantó un viento fuerte que hizo volar su sombrero y también su peluquín, lo que provocó las burlas de los allí presentes.

Desesperado y sin la ayuda de sus hijos y amigos, que no paraban de reírse, salió corriendo detrás de su postizo hasta que consiguió alcanzarlo. Se lo volvió a colocar y, agotado por el esfuerzo pero con una gran sonrisa, se unió al grupo y les dijo con cierto retintín: “Era de esperar. Los peluquines en el viento son como las personas. Te abandonan cuando menos te lo esperas”.

Ésta historia nos enseña que, como el caballero de esta fábula, tenemos que aprender a no frustrarnos con aquello que ha sucedido y que ya no es posible cambiar. Al contrario, si actuamos con serenidad y sensatez y hasta con cierta ironía, afrontaremos cualquier imprevisto.

martes, 19 de noviembre de 2024

EL LEÓN Y LA RANA

Un leòn hambriento paseaba un día por el bosque en busca de alguna rica presa que llevarse a las fauces.

    Una rana que estaba descansando bajo una enorme hoja vio que éste se acercaba. Por eso, para defenderse, inmediatamente se hinchó toda orgullosa y empezó a croar con todas sus fuerzas: "Croaaac, croaaac, croaaac".

    El león, al escuchar aquel ensordecedor ruido, dio un sobresalto reflejando cierto temor en su rostro. "¿Qué animal será capaz de gritar con esta fuerza?", se preguntó a si mismo.

    Entonces, la rana, envalentonada creyendo que el fiero león le tenía miedo, salió de su escondite dando pequeños saltos hacia él. Y, evidentemente, el rey de la selva, al ver que se trataba de un simple batracio, le puso la pata encima y dijo entre risas: "Pero, ¿cómo se te ocurre desafiarme? Tan pequeña y dando esos gritos...". Y diciendo esto, se la comió de un solo bocado.

    Esta fábula de Esopo nos advierte del peligro de la vanidad, ya que puede anular fácilmente nuestro sentido de la prudencia, haciéndonos creer cosas que no somos y hasta meternos en serios problemas que pueden acabar de la peor manera.