miércoles, 2 de abril de 2025

CORRE, AMIGO CORRE

 - Oiga no puede estar aquí a estas horas.

 - Ciertamente tenía pensado pasar aquí la noche. La piedra parece acogedora ante el restallar del aire de afuera.

 - Lo siento pero tendrá que abandonar el castillo, el horario para turistas ha terminado.

 - Ah, pero yo no soy un turista, soy un castellano y como tal reclamo mi derecho a hospedarme en este pequeño rincón que por lo que me he fijado esta en desuso.

 - Señor este castillo es propiedad histórica del estado. Debe abandonarlo en este instante o me veré obligado a expulsarle,  por la fuerza si es necesario.

 - Le conmino a que no se me acerque con tan aviesas intenciones. Soy una persona respetuosa hasta donde me alcance lo que merezco y aunque no dudo de la expropiación de su gobierno, usted tampoco debería hacerlo de que la voluntad de aquellos cuyos espíritus deben estar observándonos es ofrecerme cobijo en esta su morada.

 - Señor…

 - Bien, si así lo desea, corramos…

 - ¡Agh! De… deténgase.

 - Cómo… desee. Pero será a una distancia prudencial.

 - Voy armado.

 - Si bien su arma es de naturaleza cruel, incluso sacrílega en este bastión de la cristiandad dadas sus terribles consecuencias para la vida, la mía es justicia con una orla de razón. Mi permanencia entre estos muros durante los helores de la noche supondrá para el universo que me levantaré con el alba, la feliz subsistencia de uno de sus queridos miembros.

 - Mire, señor, no me importa tanta palabrería. Lo único es que si se queda aquí pueden despedirme.

 - Así que por fin avanzamos hacía el verdadero motivo, el simple y llano dinero. ¿Puede usted comprar con el las vistas del cielo en el purpúreo esplendor que ofrece este ventanal? 

- No. Pero puedo comprar la comida que alimentará mañana a mis hijos.

- Ah, llegamos un poquito más profundo. El bien futuro a cambio del mal presente, lo que nos ha traído hasta  aquí. El sacrificio, la senda que divide bien y mal. Bien si somos nosotros los sacrificados, mal cuando lo son los demás. Parece una moral tan sencilla si estuviéramos solos en el mundo.

 - Mire, si lo que quiere es dormir le puedo dejar unas mantas. Mire, tengo una idea, le abriré mi coche y podrá hacerlo en su interior. ¿Le parece?

 - Pero entonces usted se estaría sacrificando por mí, lo que implicaría un acto malvado por mi parte.

 - ¡¿Estás loco?!¡Te estoy ofreciendo mi coche!

 - La cosa es sencilla. Supongamos que usted no me hubiese encontrado. Yo habría pasado una noche tranquila y el equilibrio no se hubiese desplazado.

 - Pero eso no es así, le he encontrado y eso ya no puede cambiarse.

 - No me ha capturado y soy muy bueno jugando al escondite.

 - ¡Dios santo! ¡Tenía que pasar en mi turno! Da igual. Tengo que presentar un informe.

 - Ah, las decisiones. Siempre las decisiones. Si lo piensas tu decisión es pensar. ¿Prefieres no pensar?,  ¿desprenderte de las convenciones sociales?, ¿de la conciencia moral?, ¿hacer lo que está escrito en tu naturaleza? Hagas lo que hagas te cambiará. ¿Será malo?, ¿será bueno?, ¿quién es juez?, ¿quién es jurado?, ¿te importa la respuesta?

Una de las pocas certezas es que serás tú quien decida y unidas a ella las que quieras. ¿Has comprendido?

 - Mira, yo sólo sé que no puedes quedarte en el castillo.

 - Y yo sé que para saber es necesario escuchar. Adiós y que pase buena noche.

 - No corra…    

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