sábado, 13 de septiembre de 2025

7

En todas las culturas, existe una atracción especial hacia el 7, hasta el punto de ser el número más escogido en los juegos de azar.

Sin embargo, no existe una razón definitiva, ya sea fisiológica, psicológica, natural, cultural o religiosa, que avale esta preferencia.

Para los teósofos, la respuesta es una civilización desaparecida, cuyo sistema numérico estaba basado en la héptada.

Para Jung, tiene interés sólo por ser la suma del 3 y el 4.

-Martín Pizarro

viernes, 12 de septiembre de 2025

ECHADO FRENTE AL MAR

Lengua proletaria de mi pueblo

la hablo porque sí, porque me gusta,

porque se me antoja, quiero y me da la gana;

porque me sale de dentro, allá del fondo

de una tristeza ácida que me inunda

al ver tantos necios destacados,

pequeños mequetrefes sin raíces

que al poner la corbata ya no saben

afirmarse en el amor de los antepasados,

hablar la lengua madre,

la lengua de los abuelos que están muertos,

y ser, con el rostro erguido,

marineros, labriegos del lenguaje

remo y arado, prosa y reja siempre.

La hablo porque sí, porque me gusta

y quiero estar entre los míos, con mi gente,

cerca de los hombres buenos que sufren largamente

una historia contada en otra lengua.

No hablo para los soberbios,

no hablo para los ruines y poderosos,

no hablo para los vanidosos,

no hablo para los estúpidos,

no hablo para los vacíos,

hablo para los que soportan reciamente

mentiras e injusticias sin cesar;

para los que sudan y lloran

un llanto cotidiano de mariposas,

de fuego y viento sobre los ojos desnudos.

No puedo apartar mis palabras

de todos los que sufren en este mundo.

Y tú vives en el mundo, tierra mía,

cuna de mi estirpe,

Galicia, dulce pena de las Españas,

tendida junto al mar, ese camino…

Celso Emilio Ferreiro

jueves, 11 de septiembre de 2025

DULCE

Sucedió una vez, en un luminoso bosque, que una lágrima cayó en tierra antigua, fluyó por viejas raíces, ascendió por un fuerte tronco, trepó por traviesas ramas y, al final, descansó en la más tierna flor de un almendro.

Allí, transcurrieron días de Sol agradable y la flor, fue mudando a ese azul que contiene el cielo. También pasaron noches de Luna generosa y la flor, se fue guardando como un corazón en cada vez más suave latir. Y así siguió, hasta que, ante la curiosidad de un joven gorrión y las caricias de un viento del Oeste, se abrió.

Su piel era tan blanca que brillaba y agua clara corría por sus venas. Sus cabellos, eran del color de la canela y sus ojos, del verde de la primavera. Se cayó. Pero era tan pequeño, y el musgo estaba tan blando, que no se hizo daño, y sólo se quejó un poco, muy bajito.    

El curioso gorrión revoloteó desde el almendro, se posó a su lado, y le preguntó:

 – ¿Eres una almendra dulce, o una amarga?

 – No estoy seguro. Pero si me lo dices, lo sabré – le respondió. 

 – Me gustarías más si fueras dulce – afirmó el gorrión sin pensárselo mucho.

 – Entonces seré Dulce – decidió llamarse desde ese momento Dulce, y se acercó para darle las gracias por su nombre, pero el pájaro, huyó volando.

 – ¿Por qué te vas? – preguntó Dulce.

 – Porque vienes. Y porque no eres un gorrión – respondió desde tan lejos como se le ocurrió.

 – ¿Cómo sabes que no soy un gorrión? – dijo Dulce, algo enfadado.

 –  Porque no vuelas – se rio el gorrión dando saltitos y cortos vuelos.

 – Sí que vuelo – dijo Dulce y saltó. Pero cayó sobre su trasero. - Pues no puedo. Pero tú tampoco puedes tocarte la nariz con un dedo.

El gorrión, estiró sus plumas hasta que se le vio el plumón, pero no lo consiguió, y, al final, tuvo que reconocer que Dulce tenía razón.

 – Y si no soy un gorrión, entonces, ¿qué soy? – preguntó Dulce a su nuevo amigo.

 – No sé. Nunca antes te había visto. ¿No te lo contó tu madre?

 – No. No lo recuerdo. ¿Sabes dónde está mi madre?

 – Suelen estar en sitios confortables y calentitos. Y te dan rica comida – dijo el gorrión.

 – De acuerdo. Entonces me voy a buscarla – decidió Dulce y se marchó bastante aliviado, porque comenzaba a notar hambre.

 

Dulce caminó por el bosque con pasos alegres, pensando en encontrar a su madre. Cuando llevaba ya un buen rato, y no parecía que estuviese llegando a ninguna parte, se detuvo a preguntar a una oruga. Era una oruga multicolor, verde hoja, con estrellas azul campanilla y lunas blanco azucena.

 – Hola. Soy Dulce.

 – Es bueno saberlo – dijo la oruga, mientras cortaba, de un pétalo, un trozo con forma de luna.

 – ¿Sabes dónde está mi madre?

 – A ver, acércate para que pueda distinguirte mejor – dijo la oruga, colocándose unas gafas hechas con dos gotas de rocío.   

 – ¿Cómo te llamas? – preguntó Dulce.

 – Hoy he decido llamarme Espira. Hmm. Me parece a mí, que vas a tener que ir a hablar con la hada del río.

 –  ¿Me ayudará?

 – Sin duda. Es un hada. Sigue hacia donde veas más flores y, cuando escuches un murmullo, te diriges hacia él.

 – Muchas gracias, Espira.

Nada. Nada – se despidió Espira y siguió recortando figuras con delicadeza.

 

El río era manso. Canturriaba sílabas lentas e invitadoras, y los peces descansaban en la mullida sombra de los olmos. Dulce introdujo sus pies en la cosquilleante corriente, y, corrió salpicando orilla arriba en busca de la hada.

La encontró en el centro del río, encogida como una cigüeña, envuelta en sus brazos sonrosados, con la punta de uno de sus delicados pies, rozando el agua. Parecía dormida, por lo que Dulce se sentó a esperar en una piedra cercana.

No pasó mucho tiempo, pues apareció una mariposa con unas alas que dejaban estelas de arco iris. La mariposa trazó unas cuantas piruetas pizpiretas a su alrededor, le sonrió, y luego fue hacia la hada aterrizando en sus cabellos turquesa.

Algo debió susurrar, porque ella abrió sus ojos, que eran como cielos despejados, y miró a Dulce.

 – Hola – dijo Dulce tímidamente.

 – Hola – dijo la hada, tan amablemente, que su voz resonó en todas partes.

 – ¿Puedes, ayudarme a encontrar a mi madre? – dijo Dulce a su bondadosa mirada.

 – Sí, pero antes tendrás de superar una prueba.

 – ¿Cuál? – preguntó Dulce.

 – Dime tu nombre.

 – Dulce – dijo muy seguro.

La mariposa dibujo un lazo para él, un pez le miró con gran asombro y, la hada, le dio un beso en la frente.

 – Desanda la senda que has andado y cuando llegues donde empezaste, ten paciencia y encontrarás a tu madre.

Y tal y como le había aconsejado la hada, así lo hizo Dulce, regresando al claro del bosque donde estaba el almendro.

Allí esperó, y esperó, hasta que, cuando casi era de noche, escuchó un apenado llanto. Dulce comprendió que aquella era su madre y fue hacia ella con lágrimas en sus ojos y ambos se abrazaron. Y la tristeza floreció en alegría. Y Dulce volvió con su madre a su hogar donde soñó sueños arropados y despertó en amaneceres melocotón.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

DUDO EN LLAMAR

Dudo en llamar con el nombre bello y serio de tristeza, a este sentimiento desconocido cuya dulzura y cuyo dolor me tienen obsesionada.
Es un sentimiento tan completo y egoísta que me llega a dar vergüenza, mientras que la tristeza me ha parecido siempre honrosa. Conocía el arrepentimiento, el fastidio y hasta el remordimiento. La tristeza, no. 

Ahora siento algo que me envuelve, como una seda enervante y dulce, y que me separa de los demás.

martes, 9 de septiembre de 2025

DOS TIGRES MUY TERCOS

Cierto día, dos tigres comenzaron a atravesar en direcciones opuestas un puente hecho con cuerdas, en mitad de la selva. El puente era tan estrecho que no podían pasar los dos tigres a la vez. Así, cuando se encontraron justamente en el medio, uno le dijo al otro:

-Hermano, regresa y espera hasta que pase yo.

A lo que el otro respondió:

-No pienso moverme de aquí, yo he llegado primero al puente. Eres tú quien debe dar media vuelta.

Los dos tigres necios se detuvieron, observándose desafiantes uno al otro con la firme idea, cada uno, de no ceder el paso.

Transcurrió el tiempo y, como ninguno de los dos se movía, se enzarzaron en una feroz lucha que acabó con los dos felinos cayendo desde el puente al río, donde fueron devorados por un cocodrilo.

Este cuento popular africano nos sirve para reflexionar sobre nuestras intransigencias y nuestra terquedad y las consecuencias negativas que tienen en nuestra vida.

lunes, 8 de septiembre de 2025

ASTURIAS

Asturias, si yo pudiera,
si yo supiera cantarte...
Asturias verde de montes
y negra de minerales.
Yo soy un hombre del Sur
polvo, sol, fatiga y hambre,
hambre de pan y horizontes...
¡Hambre!
Bajo la piel resecada
ríos sólidos de sangre
y el corazón asfixiado
sin venas para aliviarte.
Los ojos ciegos, los ojos
ciegos de tanto mirarte
sin verte, Asturias del alma,
hija de mi misma madre.

Dos veces, dos, has tenido
ocasión para jugarte
la vida en una partida,
y las dos te la jugaste.
¿Quién derribará ese árbol
de Asturias, ya sin ramaje,
desnudo, seco, clavado
con su raíz entrañable
que corre por toda España
crispándonos de coraje?
Mirad, obreros del mundo
su silueta recortarse
contra este cielo impasible
vertical, inquebrantable,
firme sobre roca firme,
herida viva su carne.

Millones de puños gritan
su cólera por los aires,
millones de corazones
golpean contra sus cárceles.

Prepara tu salto último
lívida muerte cobarde
prepara tu último salto
que Asturias está aguardándote
sola en mitad de la Tierra,
hija de mi misma madre.

Pedro Garfias

domingo, 7 de septiembre de 2025

LUNA DE COSECHA

Los cherokees se refieren a setiembre como Luna Nuez por los numerosos árboles que en esta época dejan caer sus frutos, como las bellotas, las nueces, etc. Son una fuente rica de alimento para los seres humanos y la fauna. Los cazadores vigilan desde un escondrijo cerca de los árboles a la espera de poder apresar al animal que se acerque a comer. Para los choctós, es la Luna de las Moras. Las moreras producen frutos durante casi todo el verano, pero en esta época tienen un último repunte. Los dakota sioux la llaman Luna cuando los becerros crían pelo. En las praderas, el tiempo refresca y los jóvenes búfalos, alces y otros animales nacidos durante ese año se cubren de pelo y engordan de cara al invierno.

Setiembre marca un tiempo en el que animales y seres humanos se concentran en almacenar para la estación fría. La disponibilidad de alimentos frescos empieza a disminuir, los productos maduros se almacenan bien ahora para aguantar mucho tiempo. Algunas crías ya están preparadas para separarse de sus madres. La fauna se concentra cerca de las bayas y los árboles con frutos.

En la magia es un buen momento para los hechizos de abundancia y, en especial, de ahorro de dinero. Los rituales honran a los árboles y a las deidades. También es hora para los hechizos en torno a la potencia y la virilidad. Utiliza los frutos secos de la estación para representar la energía masculina.

Elizabeth Barrette