lunes, 9 de marzo de 2026

El mensajero

Buah mamá, mira que lejos se puede ver.

 – Sí, las vistas hermosas son el más bello tesoro del viajero.

 – ¿Yo soy un viajero, mamá?

 – Claro que sí. Pero si sigues corriendo a mi alrededor te cansarás y tendré que volver a cargarte a la espalda.

 – ¡Así será más divertido!

 – Ahora te ríes pero cuando llegue la hora de repartir la comida me parece que mi parte será la más divertida.

 – Siempre lo es, porque eres mayor.

 – Ah, pero soy mayor porque soy la que más trabajo.

 – Entonces llévame una mijilla...

 – Vamos. Sube antes de que se me cansen los brazos.

 – ¡Yupi!

 – Eso...

 – Mamá, mamá. Viene un mensajero.

 – ¿Cómo lo sabes?

 – Allí, mamá. Allí se ven sus plumas blancas.

 – Pues vamos a dejarle paso...

 

 – ¡Nos ha sonreído!

 – Vaya. Era un buen mozo. Tomaremos un aperitivo en su puesto.

 – ¡Sí! Pero... No tendremos que darle mucho, ¿no?

 – No seas egoísta. Además seguro que su familia le ha preparado comida y tiene agua más fresca que nosotros y si no es así pues le habremos ayudado. Vamos, bájate.

 – Va muy deprisa.

 – Y volverá muy deprisa. Es su profesión.

 – Yo de mayor quiero ser mensajero.

 – Tienen que elegirte para eso. ¿Y porqué querrías serlo?

 – Para poder llevarte a ti cuando seas pequeña.

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