El monje Panshan había viajado por numerosas ciudades observando la vida y había estudiado en numerosos templos. Comprendía las enseñanzas de sus maestros y siempre estaba dispuesto a escuchar. Sin embargo, no había alcanzado aún el satori, la iluminación.
Cuentan que un día, Panshan paseaba por el mercado buscando algunas cosas para el templo cuando pasó cerca de un puesto de carne en el que se exponía un gran jabalí asado. Varias personas esperaban su turno para comprar un poco de la sabrosa carne. Panshan se acercó y escuchó que uno de los clientes decía:
-Quisiera medio kilo de carne especial.
El carnicero tomó el cuchillo y, señalando con él hacia el animal, sonrió y dijo:
-En este jabalí, ¿qué corte no es especial?
Los clientes rieron, pero Panshan permaneció atónito, como golpeado por un rayo. En el camino haca el templo, cada árbol, cada flor, cada hombre y cada mujer brillaban con un hermoso resplandor. Al escuchar las palabras del carnicero, Panshan había alcanzado la iluminación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario