Un pato hambriento nadaba por el río en busca de peces, pero fueron pasando las horas y no había forma de dar con ninguno.
Armado de paciencia, decidió esperar a que oscureciera a ver si mejoraba su suerte y sucedió que, nada más entrar la noche, vio el reflejo de la luna en el agua. En ese momento pensó que, por fin, era un pez y se sumergió con celeridad para capturarlo.
Los patos que estaban a su alrededor vieron lo que éste acababa de hacer y empezaron a reírse y a burlarse de su compañero sin medida, algo por lo que sintió gran vergüenza y tristeza. No entendía por qué, los que había considerado amigos se comportaban con él de ese modo.
Desde entonces, el pato sintió tanto apuro y timidez que, incluso cuando estaba cien por cien seguro de que veía un pez bajo el agua, no hacía nada para capturarlo. De este modo, sin comida que llevarse al pico, acabó muriéndose de hambre.
Este breve cuento del escritor ruso León Tolstoi nos habla de las nefastas consecuencias del acoso, de cómo las opiniones y las acciones de los demás nos pueden llegar a hacer un daño irreparable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario