viernes, 7 de agosto de 2026

A no ser...

Del instagram de @isaacfcorrales

Erzsébet Bathory

Nace el 7 de agosto 1560 en el seno de una de las más ricas familias húngaras. Si bien pertenecía a la más ilustre y distinguida aristocracia, siendo su primo Primer Ministro de Hungría, y su tío Rey de Polonia, también existen antecedentes esotéricos entre los miembros de su familia, como pueden ser un tío adorador de Satán y otros familiares adeptos a la magia negra o la alquimia, entre los que se puede contar a la propia Báthory, ya que desde su infancia había sido influida por las enseñanzas de una nodriza que se dedicaba a las prácticas brujeriles.

Además de una perversión sádica y sexual, la Condesa Elizabeth Báthory sentía especial atracción por la sangre, y no sólo se contentaba con beberla, habitual en los llamados asesinos vampíricos, sino que se bañaba en ella con el fin de impedir que su piel envejeciese al paso de los años.

Con 15 años se casa con un noble, (El Héroe Negro, y se van a vivir en un solitario castillo en los Cárpatos. El conde reclamado en una batalla, deja sola a Elizabeth por un tiempo. Elisabeth aburrida por el continuo aislamiento se fuga para mantener una relación con un joven noble al que las gentes del lugar denominaban "el vampiro" por su extraño aspecto. En breve regresa de nuevo al castillo y empieza a mantener relaciones lésbicas con dos de sus doncellas. Desde ese momento, y para distraerse de las largas ausencias de su marido, comienza a interesarse sobremanera por el esoterismo, rodeándose de una siniestra corte de brujos, hechiceros y alquimistas.

A medida que pasaban los años, la belleza que la caracterizaba se iba degradando, y preocupada por su belleza pide consejo a la vieja nodriza.
Esta, le indica que el poder de la sangre y los sacrificios humanos daban muy buenos resultados, y le aconseja que si se bañaba con sangre de doncella, podría conservar su belleza indefinidamente.

En esa época, la Condesa tuvo su primer hijo, al que siguieron tres más, ocupada por su papel maternal, intentó alejarse de las doncellas, por miedo de cara a la aristocracia, pero en el fondo le atraían las palabras belleza eterna. Pero más tarde cuando su marido fallece no tarda en probar los placeres de la bruja.

Pronto morirá su primera víctima

Una joven sirvienta estaba peinando a la Condesa, cuando accidentalmente le dio un tirón.

Ésta, en un ataque de ira le dio tal bofetada que la sangre de la doncella salpicó su mano. Al mirarse la mano manchada, creyó ver que parecía más suave y blanca que el resto de la piel, mandó que cortasen las venas de la sirvienta y que metiesen su sangre en una bañera para que pudiera bañarse en ella.
A partir de ese momento, los baños de sangre serían su gran obsesión, hasta el punto de recorrer los Cárpatos en carruaje acompañada por sus doncellas en busca de jóvenes hembras.
Una vez en el castillo, las doncellas eran encadenadas y acuchilladas en los fríos sótanos bien por un verdugo, o por la propia Condesa, mientras las se desangraban y llenaban su bañera.
Una vez dentro de la pila, hacía que derramasen la sangre por todo su cuerpo, y al cabo de unos minutos, para que el tacto áspero de las toallas no frenase el poder de rejuvenecimiento de la sangre, ordenaba que un grupo de sirvientas elegidas por ella misma lamiesen su piel.

Durante 11 años, los campesinos aterrados veían el carruaje negro con el emblema de la Condesa Báthory rastrear el pueblo en busca de jóvenes, que desaparecían misteriosamente dentro del castillo.
Los cuerpos sin vida eran sepultados en las inmediaciones del castillo, hasta que finalmente, tan sólo los arrojaban al campo para que las alimañas acabasen con ellos.

Se empezaron a extender rumores por todo el pueblo de que algo raro sucedía en el castillo.
Finalmente encuentran los restos de más de una docena de cuerpos sin vida. Éstos armaron una revuelta insistiendo que el castillo estaba maldito y era residencia de vampiros, quejándose ante el propio soberano.

Atacar a una familia de poder en esa época era algo difícil, pero finalmente envían una tropa de soldados que irrumpen en el castillo.
Al entrar, los soldados encuentran en un cuerpo pálido y desangrado de mujer en el suelo, otro aún con vida pero terriblemente torturada, que había sido pinchada para extraerle la sangre, y otra ya muerta tras ser salvajemente azotada, desangrada y parcialmente quemada.


En los alrededores del castillo, desentierran otros 50 cadáveres.
En los calabozos, se encuentran a gran cantidad de niñas, jóvenes y mujeres con vida a pesar que algunas tenían señales de haber sido sangradas en numerosas ocasiones.

Una vez liberadas, sorprenden a la Condesa y a algunos de sus brujos en medio de uno de estos sangrientos rituales. Son detenidos y conducidos a prisión. Los crímenes sádicos de Báthory habían durado aproximadamente 10 años.

Báthory, aún con el privilegio de pertenecer a la nobleza, fue condenada a una muerta lenta: la emparedaron en el dormitorio de su castillo, dejándole una pequeña ranura por la cual le daban algunos desperdicios como comida y un poco de agua.

Murió a los cuatro años de permanecer en esa tumba, sin intentar comunicarse con nadie ni pronunciar palabra. Fue una especie de suicidio, de repente dejó de tocar la comida y fallece en 1614 con 54 años.

Ivan Gil Bermejo 02 May, 2008

jueves, 6 de agosto de 2026

LIBROS 📚

📸 @danirovira (Instagram)

El puente

Los coches fluyen deprisa, sin empujarse unos a otros, pulidos por una luna en vela que les dota de cierta descuidada juventud. Al final del día su rumor constante recuerda al del mar con esas largas olas que emborrachan y apuran canciones. El semáforo cambia a rojo y todos se detienen detrás de la línea. Van casi vacíos, con el conductor al borde de la radio y las luces sin soltar su volante.

Un hombre vestido de blanco con estrellas negras cruza al otro lado de la calle y después, como si se lo hubiese pensado mejor, se vuelve hacia los coches y los mira con curiosidad. Sonríe desde la punta de sus pies hasta el brillo de sus ojos. Sonríe profundamente, como si su piel fuera más de agua que de barro.

 - ¡Buen día, señor! ¿Un pañuelo, una botella?

Ofrece sus desbordantes manos con suavidad, abriendo su mirada y avivándola con el más leve de los gestos. Lee en un instante un día que casi ha pasado, una vida entre pesada y feliz, una cerveza, un beso al llegar a casa.

A veces acuden a su memoria trajes más floridos, atardeceres anaranjados, los colores planos de un rayado televisor, corros de niños, el chiste del Mr. Biggs y las bananas verdes picantes.

- ¡Hola señor!

Es lunes y casi todas las ventanillas están cerradas a conciencia. Los sábados se pueden hacer hasta amigos, es un buen día para estrechar manos y escuchar historias.

Justo antes de que el semáforo termine su cuenta regresa a su lado. El puente está a resguardo de las sombras de los desproporcionadamente altos edificios. Pasan más coches que personas y estas son algo fantasmales.  No se las ve llevar comida y tampoco mucha carga. Se juntan pero no se tocan. Caminan en línea recta siguiendo unas escrupulosas aceras sin un papel que las de un trocito de vida.  

Una niña con unas gafas enormes mira al hombre como si acabase de descubrir un nuevo mundo. Luego cruza confiando sus pasos a los tirones de su madre mientras él saluda y piensa en que tal le irán las cosas a Alika.

 - ¡Buen día señor! ¿Le interesa agua o unos pañuelos?

Realiza un pequeño malabarismo con cada moneda que le entregan. Deja que recorra su mano, la lanza a dar vueltas en el aire y consigue que caiga en un bolsillo. El juego se ha ido volviendo más complejo y ahora podría bailar durante un buen rato entretejiendo trucos.

-¡Hay unas nubes maravillosas!

A veces llueve, pero con suavidad, sin que el cielo llegue a caerse y las gotas son más semillas que frutas maduras. El viento resbala sobre su gorro, regalo de un marinero. Cuando hace frío se encoje y estira y baila sobre un sólo pie para espantarlo. Cuando hace calor canta esa música que se funde con el cuerpo y te lleva sin hilos.

- ¡Buen día, señor! ¿Le interesa agua o unos pañuelos?

Los compra en la tienda de un amigo, un poco serio pero con un bigote gracioso. Le gustaría trabajar como dependiente, sabe que es un poco alto pero lo compensa con simpatía.

- ¡Hola!  ¿Un pañuelo?

- Dame uno que no me vendría mal llorar.

- ¿Le ha pasado algo?

- ¡Qué no me ha pasado! El cabrón de mi jefe ha decidido ponerse quisquilloso con  la normativa.

- Los lunes no son un buen día.

- Sí, pero cuando se dé cuenta de lo que está montando no creas tú que tratará de arreglarlo. No. Se sentará en su despacho a jugar solitarios en el ordenador. Aquí tienes amigo.

- Muchas gracias. Mañana será distinto. Tendremos Sol.

- Esperemos.

La noche se extiende pero ya hace rato que la ciudad se ha encendido y las estrellas se colaron por su agujereado paraguas. El hombre reza en agradecimiento por el día pasado. El viento sopla pero no cambiará el curso del río y así no hay mosquitos. Al fin y al cabo la vida es fácil, es el único camino.

miércoles, 5 de agosto de 2026

Paka'a

Comienza el mes arbóreo celta del avellano

Los celtas utilizaban la madera de avellano para hacer varitas adivinatorias, para proteger se de las tormentas y como emblema de autoridad para los sacerdotes druidas. El árbol es femenino por naturaleza y, con la Luna del Avellano cayendo a finales de otoño, llegó a representar la creciente sabiduría de la Diosa que se convierte de Madre a Anciana Sabia.

Cuando la Luna del Avellano empieza a decrecer, ve al campo, a algún lugar donde puedas ver el menguante de la Anciana brillando en el cielo. Lleva contigo algo de romero diluido en aceite o agua de romero. El romero está relacionado con el conocimiento y la protección.

Ponte cara a la luna menguante y pídele a la Diosa Anciana que te bendiga con su sabiduría mientras te consagras a ti mismo con el romero.


Bruja de la noche, bendíceme con la visión de la sabiduría (unge tu frente)

Anciana de la luna, otórgame tu instinto (unge tu estómago)

Diosa de la noche, ayúdame a pensar de forma clara y acertada (unge tu cabeza)

Madre de todos, responde a mis plegarias (unge tu corazón).


Edain McCoy

martes, 4 de agosto de 2026

EL PRISIONERO Y EL ESCARABAJO

Un hombre acabó encarcelado de por vida en lo alto de una torre debido a una serie de delitos cometidos. Como su mujer no aceptaba esta dolorosa separación de su marido, tomó la firme decisión de ayudarlo a escapar.

De este modo, atrapó un escarabajo y, tras haber atado con delicadeza un hilo de seda extremadamente delgado al insecto, untó sus antenas con una gota de miel. Luego lo depositó al pie de la torre, con las antenas dirigidas hacia lo alto.

El insecto, en su afán de alcanzar la miel, trepó tanto que llegó a la ventana del prisionero, y una vez allí, el hombre preso lo cogió, le retiró el hilo de seda y lo dejó libre. A continuación tiró del hilo, en cuyo extremo su mujer había atado otro hilo más grueso. Seguía a éste un hilo bramante, al bramante una cuerda y, finalmente, a la cuerda una sólida soga que el hombre fijó en el interior de la celda para descender de la torre y huir con su adorada esposa.

Esta historia nos enseña que, muchas veces, lo que la vida nos propone (alguna acción, un trabajo o un reto) requiere paciencia. De este modo, nos hará bien ir paso a paso, para así conseguir los resultados esperados.