sábado, 8 de agosto de 2026

EL QUE CURABA JOROBAS

Había una vez un médico que se vanagloriaba de ser capaz de mejorar a los jorobados.

-Si un hombre es curvo como un arco, como una tenaza o como un aro, basta con que se dirija a mí para que yo, en un solo día, lo enderece -decía orgulloso a todos los pacientes que le visitaban en su consulta.

Cierto jorobado fue lo suficientemente ingenuo para creer en esas seductoras palabras y se dirigió a él para que lo desembarazara de su pesada joroba.

El charlatán, entonces, cogió dos tablones, colocó uno en el suelo, hizo acostarse encima al jorobado, colocó el segundo tablón encima y, subiéndose sobre este último tablón, pisoteó con todas sus fuerzas a su paciente. El jorobado, ciertamente, quedó derecho, pero murió debido a la fuerza ejercida por el médico sobre su frágil cuerpo.

Como el hijo del muerto quiso llevarlo a la justicia, el charlatán exclamó:

-Mi oficio es el de curar a los jorobados de sus jorobas, yo los enderezo. Que mueran o no ¡eso a mí no me concierne!

Esta historia nos enseña a tener cuidado con dejarte seducir por las falsas promesas porque, al final, puede que pagues un precio muy alto por ello.

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