- Oiga no
puede estar aquí a estas horas.
-
Ciertamente tenía pensado pasar aquí la noche. La piedra parece
acogedora ante el restallar del aire de afuera.
- Lo siento
pero tendrá que abandonar el castillo, el horario para turistas ha
terminado.
- Ah, pero
yo no soy un turista, soy un castellano y como tal reclamo mi derecho
a hospedarme en este pequeño rincón que por lo que me he fijado
esta en desuso.
- Señor
este castillo es propiedad histórica del estado. Debe abandonarlo en
este instante o me veré obligado a expulsarle, por la fuerza
si es necesario.
- Le
conmino a que no se me acerque con tan aviesas intenciones. Soy una
persona respetuosa hasta donde me alcance lo que merezco y aunque no
dudo de la expropiación de su gobierno, usted tampoco debería
hacerlo de que la voluntad de aquellos cuyos espíritus deben estar
observándonos es ofrecerme cobijo en esta su morada.
- Señor…
- Bien, si
así lo desea, corramos…
…
- ¡Agh!
De… deténgase.
- Cómo…
desee. Pero será a una distancia prudencial.
- Voy
armado.
- Si bien
su arma es de naturaleza cruel, incluso sacrílega en este bastión
de la cristiandad dadas sus terribles consecuencias para la vida, la
mía es justicia con una orla de razón. Mi permanencia entre estos
muros durante los helores de la noche supondrá para el universo que
me levantaré con el alba, la feliz subsistencia de uno de sus
queridos miembros.
- Mire,
señor, no me importa tanta palabrería. Lo único es que si se queda
aquí pueden despedirme.
- Así que
por fin avanzamos hacía el verdadero motivo, el simple y llano
dinero. ¿Puede usted comprar con el las vistas del cielo en el
purpúreo esplendor que ofrece este ventanal?
- No. Pero puedo
comprar la comida que alimentará mañana a mis hijos.
- Ah, llegamos un
poquito más profundo. El bien futuro a cambio del mal presente, lo
que nos ha traído hasta aquí. El sacrificio, la senda que
divide bien y mal. Bien si somos nosotros los sacrificados, mal
cuando lo son los demás. Parece una moral tan sencilla si
estuviéramos solos en el mundo.
- Mire, si
lo que quiere es dormir le puedo dejar unas mantas. Mire, tengo una
idea, le abriré mi coche y podrá hacerlo en su interior. ¿Le
parece?
- Pero
entonces usted se estaría sacrificando por mí, lo que implicaría
un acto malvado por mi parte.
- ¡¿Estás
loco?!¡Te estoy ofreciendo mi coche!
- La cosa
es sencilla. Supongamos que usted no me hubiese encontrado. Yo habría
pasado una noche tranquila y el equilibrio no se hubiese desplazado.
- Pero eso
no es así, le he encontrado y eso ya no puede cambiarse.
- No me ha
capturado y soy muy bueno jugando al escondite.
- ¡Dios
santo! ¡Tenía que pasar en mi turno! Da igual. Tengo que presentar
un informe.
- Ah, las
decisiones. Siempre las decisiones. Si lo piensas tu decisión es
pensar. ¿Prefieres no pensar?, ¿desprenderte de las
convenciones sociales?, ¿de la conciencia moral?, ¿hacer lo que
está escrito en tu naturaleza? Hagas lo que hagas te cambiará.
¿Será malo?, ¿será bueno?, ¿quién es juez?, ¿quién es
jurado?, ¿te importa la respuesta?
Una de las pocas
certezas es que serás tú quien decida y unidas a ella las que
quieras. ¿Has comprendido?
- Mira, yo
sólo sé que no puedes quedarte en el castillo.
- Y yo sé
que para saber es necesario escuchar. Adiós y que pase buena noche.
- No corra…