Cerrar
podrá mis ojos la postrera
sombra,
que me llevaré el blanco día1;
y
podrá desatar esta alma mía
hora,
a su afán ansioso linsojera2;
mas
no de esotra parte en la ribera
dejará
la memoria en donde ardía3;
nadar
sabe mi llama4
la agua fría,
y
perder el respeto a ley severa5:
Alma
a quien todo un Dios prisión6
ha sido,
venas
que humor7
a tanto fuego han dado,
medulas8
que han gloriosamente ardido9,
su
cuerpo dejarán, no su cuidado10;
serán
ceniza, mas tendrán sentido11.
Polvo
serán12,
mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo
1 La muerte podrá cerrar mis ojos arrebatándome la vida.
2 Y la hora final podrá desatar el alma del cuerpo, mostrándose así lisonjera con mi alma.
3 Pero el alma, al pasar a la otra ribera (del río mitológico Leteo, que las almas atravesaban, y donde se olvidaban de todo), no perderá o dejará su memoria, porque en ella habita el recuerdo de su amor, y es donde toda el alma ardía.
4 Llama: alma.
5 La ley que impide que al alma el retorno después de la muerte; cruzará otra vez el Leteo, en busca de su cuerpo.
6 El dios del Amor la tuvo encarcelada.
7 Humor: sangre.
8 Medulas: no era voz esdrújula.
9 De amor.
10 El alma dejará el cuerpo, no su pasión.
11 Las venas serán ceniza, pero seguirán sintiendo cuando la memoria regrese.
12 Las medulas serán polvo.
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