Es algo formidable que vio la vieja raza;
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón1
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón.
Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod2 que todo caza,
desjarretar3 un toro o estrangular un león4.
Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.
“¡El Toqui5, el Toqui!”, clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo “Basta”.
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.
Rubén Darío
1 Campeón: en el sentido guerrero.
2 Nemrod: legendario rey de Babilonia; la biblia lo llama “poderoso cazador ante Dios”.
3 Desjarretar: cortar las patas o derribar.
4 Todo el verso es una nueva alusión a Hércules: dos de sus “doce trabajos” fueron domar al toro de Creta y estrangular al león de Nemea.
5 Toqui: caudillo.
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